Ninguno puede ver…

I am one big walking chemical reaction a buzzing hive of cell synapsis and nacent self perception. Incubus, Neither of us can see. A cinco días de realizarse las elecciones ...

I am one big walking chemical reaction

                a buzzing hive of cell

                synapsis and nacent self perception.

                Incubus, Neither of us can see.

A cinco días de realizarse las elecciones generales en las que Theresa May se juega su permanencia como primera ministra, y a cuatro del concierto de ayer en Manchester a beneficio de las víctimas del atentado que hizo colofón a la presentación de Ariana Grande en esa ciudad, un nuevo atentado terrorista asustó al centro de Londres. El sábado en la noche, una vez más sobre el puente, en uno de cuyos extremos se encuentra la Abadía de Westminster, un fanático arrojó el vehículo que conducía sobre los transeúntes. Otros dos pelafustanes, tal vez tres, entraron a un bar a acuchillar gente, indiscriminadamente. El saldo era, hasta ayer a nuestro mediodía, seis personas y tres terroristas muertos.

El saldo es mucho más serio. Las elecciones de jueves suceden a un año del referéndum que podría rescindir el resultado del Brexit que dio inicio a la desintegración probable de la Europa unificada. En todo caso, el atentado avivará las tendencias radicales de la ultraderecha británica; aquella que se opone radicalmente a todo tipo de inmigración a la isla y sus posesiones. La que es partidaria de la xenofobia y prefiere a que se quede el infinito sin estrellas a aceptar a los que tenemos la piel canela.

Los autores del atentado terrorista del sábado, se sabrá inexorablemente, serán de origen pakistaní, afgano, sirio o libio. Da lo mismo, habrán venido —ellos o sus ancestros— de las tierras peligrosas de Oriente Medio, de las tierras del Islam. Aunque tengan pasaporte del imperio británico serán siempre el enemigo a vencer, segregar, expulsar y prohibir su futuro acceso. A final del día, los atentados de Manchester, París, Bruselas, Estocolmo, o el de ayer en Londres, solamente sirven a las causas antiinmigrantes, a los conservadores de la extrema derecha, ya se encuentren en Gran Bretaña, Francia, Bélgica o Suecia. Independientemente del candidato por el que voten los ingleses el jueves, a la luz de los atentados recientes, van a votar en contra de lo extraño, en pro del aislamiento, a favor de una versión británica del America first.

La presencia de Donald Trump en el poder tiene efectos trasnacionales. No debemos cerrar los ojos ante esa realidad.

PILÓN.- Uno de los pocos resultados positivos que la emergencia de candidatos independientes ha traído a este país acaba de darse en el estado de Jalisco. Ahí, un joven de nombre Pedro Kumamoto consiguió meterse al Congreso de Jalisco como diputado local independiente. Él es el autor y promotor principal de la iniciativa Sin voto no hay dinero. Es una idea de lo más sencilla del mundo y que va en contra de la imbécil y convenenciera ley electoral que impera en nuestro país. El Estado mexicano entrega a los partidos políticos dinero para su existencia y demagogia, una parte del dinero que los mexicanos pagamos de impuestos. Esa repartición la hace el INE, de acuerdo al padrón electoral, independientemente de la popularidad o arraigo de cada partido. Lo que Kumamoto propone es que el estipendio dependa del número de votos obtenido por el partido a beneficiar. Así de simple. Tan simple que los integrantes del Honorable Congreso de la Unión no lo entienden. O no lo quieren entender.

Los que tuvieron que entender fueron los diputados del Congreso local de Jalisco. Con el apoyo de los partidos grandes, la iniciativa fue aprobada para Jalisco. Sólo un puñado de diputados del Verde y del PRD votaron en contra.

¿Qué tendrá el Congreso de Jalisco que el resto de Congresos —incluyendo al federal— no tiene?

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