Amarga Navidad

Los chinos le heredaron al mundo la pólvora, y con ella al avance en el arte de matar que se llama guerra. No hay de que apenarse; Alfred Bernhard Nobel dio fundamento al comité para el premio que lleva su nombre, con dinero habido del uso de la dinamita y otros 350 inventos.

No deja de sorprenderme que en cuanto alguien se atreve a emitir una opinión favorable a las corridas de toros en nuestro país, surja una cascada de opiniones —no muy numerosa, pero sí muy intensa— condenando una práctica “tan salvaje”. Pobre animalito, sometido a una tortura cruel en un ámbito que le es ajeno y que irremediablemente —dicen— termina con su muerte.

Me vino a la mente a propósito de la tragedia de Tultepec, en donde el mercado de pirotecnia “más seguro de América Latina” quedó destruído, una vez más, en una serie de explosiones provocadas por quién sabe quién, en complicidad con nadie lo sabrá. Y eso no tiene nada que ver, desde luego, con la fiesta brava; tiene mucho que ver con la corrupción, el incumplimiento de las leyes, la irresponsabilidad y la pobreza.

Desde luego que hemos escuchado en todos los medios las repetidas aseveraciones de que caiga quien caiga se ejercerá todo el rigor de la ley en contra de los pecadores de pensamiento, palabra, obra u omisión, que resultarán eventualmente responsables de la muerte de una cuarentena de seres humanos —un par de ellos muy menores de edad— y más de cien heridos que llevarán en la piel el testimonio de esta enorme estupidez.

Los chinos le heredaron al mundo la pólvora, y con ella al avance en el arte de matar que se llama guerra. No hay de que apenarse; Alfred Bernhard Nobel dio fundamento al comité para el premio que lleva su nombre, con dinero habido del uso de la dinamita y otros 350 inventos, como un cañón de largo alcance, que tampoco son instrumentos de la caridad humana. Los chinos expandieron otras costumbres suyas, como la piñata que, incluyendo el nombre, a los mexicanos llegó de Italia. Junto con ese juego llegaron los pirotécnicos.

Muy pronto, en febrero, los chinos van a celebrar el año nuevo y su principal fiesta será hacer tronar cohetes en las calles de toda la China.

Por alguna extraña razón, Tultepec en el Estado de México se convirtió en la sede de los coheteros mexicanos. Por consiguiente, en sede de un potencial y explosivo peligro que en cualquier momento podría ocasionar tragedias como la de anteayer.

No hay condena ni reclamo de suspender los cohetes y los juegos pirotécnicos. Simplemente matan seres humanos y no a un humilde toro desarmado.

Obviamente, pretender anular la tradición cohetera de nuestro país para sus celebraciones sería imbécil. Obviamente, habría que regular la producción y venta de esos artefactos peligrosos. El gobernador Eruviel dijo ayer que consideraban reubicar el mercado de Tultepec con sus cohetes a otra parte. Nada de un rediseño y revisión de las medidas de seguridad una vez que encuentren al chivo expiatorio de las explosiones de Tultepec.

Hay que salvar el trabajo de 30 mil personas que viven de esta industria desde hace dos siglos, dicen ahora; de la fiesta de toros depende un número mayor de personas que los puros quieren echar a la calle.

De cualquier modo, vamos a tener una amarga Navidad. En los toros y en otras partes.

PILÓN.- La manifestación regiomontana en protesta por las rajaderas de Ejecutivo y congresos estatales en Nuevo León en torno a la tenencia de vehículos automotores y el incremento al impuesto predial, marca el profundo deterioro de la imagen de El Bronco Jaime Rodríguez y las comparsas que compró en el Congreso local.

Vale una reflexión, sin embargo, en medio de temperaturas bajas, más de dos mil regiomontanos hicieron el viaje largo al aeropuerto Mariano Escobedo para despedir al equipo de los Tigres que viajaba para esta noche vencer al América en la capital del país. En la protesta contra los impuestos que suben solamente contaron a unos ochocientos manifestantes, cuando el recinto del Congreso y el palacio de gobierno están en el centro, en mera Macroplaza. Debe ser un indicador de la conciencia ciudadana y del fervor deportivo de mis paisanos. Será.

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