Ochi Chiornie, Ochi Zhgushnie

El presidente ruso no ha aparecido en público por más de una semana, desatendiendo la firma de un acuerdo con el gobierno de Osetia del Sur...

Si alguien ha visto recientemente al zar de todas las Rusias Vladimir Putin han sido los televidentes aficionados a la serie norteamericana House of Cards, en la interpretación caricaturesca que de él hace el actor Lars Mikkelsen en la recién lanzada tercer temporada de la exitosa serie del fenómeno Netflix. El auténtico presidente ruso, sin embargo, no ha aparecido en público por más de una semana, desatendiendo la firma de un acuerdo con el gobierno de Osetia del Sur y otros asuntos, como el importante mitin anual de la Federalnaya Sluzhba Bezopasnosti —Servicio Federal de Seguridad— el nuevo nombre de la KGB, de cuyas filas de mando Putin proviene.

Las causas pueden ser diversas, desde las intestinas luchas por el poder en el Kremlin hasta una simple gripe de las que en las semanas recientes nos han afectado a tantos por todo el mundo: en la Rusia postsoviética siguen siendo tan herméticos como antes en cuanto a las condiciones reales de salud de sus mandatarios. Una práctica por cierto fielmente seguida en México, en donde nunca sabemos de la condición física de los presidentes, de la migraña de López Mateos a la tiroides del actual, pasando por los tranquilizantes de Vicente Fox o la supuesta dipsomanía de Calderón.

Lo cierto es que Vladimir Putin no ha sido visto, aunque sí sentido, aunque tenga pendientes de gran magnitud, interna y externa. En las afueras, el Estado Islámico de Siria e Irán, el califato terrorista de los extremistas musulmanes, sigue haciendo estragos a pesar de los esfuerzos bélicos de Barack Obama, a quien sólo le falta llamar al American Sniper en su apoyo para que sus oponentes republicanos terminen de poner piedritas en el camino a la presidencia de la señora Hillary Clinton.

En lo interior, los ucranianos tercos, tan ucranianos como Evgueni Pavlovich Grebinka, el autor de la más conocida de las canciones rusas, “Ochi Chiornie”, no ceden en la guerra del este de su país, ante la no menos terca determinación de Putin de reanexar los importantes territorio y soberanía de Ucrania al imperio ruso. Dije importante; importantísimos. En Ucrania se origina y por Ucrania pasa el vital gas que alimenta la industria y la vida de parte fundamental de Europa Occidental, notoriamente Alemania.

A pesar de ese importante papel, a Ucrania se la está llevando el tren. Si nosotros nos dolemos con el dólar rasguñando los 16 pesos por pieza en las casas de cambio mexicanas, la moneda de Ucrania se ha devaluado 80% en menos de un año, y el Fondo Monetario Internacional ha obtenido reformas —¿le suena, le suena?— para intentar sacar del hoyo a la economía, comprometida entre otras cosas por la deuda con Rusia precisamente por el gas.

Una importante cinta de la cinematografía soviética hizo una alegoría de los cambios políticos y sociales de la URSS con el deshielo que anuncia la llegada de la primavera. Ahora nos encontramos en esa temporada, a pesar de las vaciladas que el sobrecalentamiento global está haciendo con los procesos tradicionales de nuestro clima. No parece que estemos ante un deshielo en la política rusa.

Pilón.-  Pobres australianos. ¿Quién es el perverso que convenció a la maestra Tanya Müller García, secretaria del Medio Ambiente del Distrito Federal, que los eucaliptos, como los que alegremente permite talar en las riberas del pavimentado río Mixcoac, son por naturaleza portadores de plagas? Si así fuese, los mal llamados osos, los koala, ya se habrían extinguido, puesto que se alimentan exclusivamente de las hojas de ese árbol aborigen de Australia. Por cierto, de rápido crecimiento, y madera preciosa para la fabricación de papel... periódico. En fin, puede que un proyecto millonario y necesario como el túnel de Mixcoac e Insurgentes merezca una mentirijilla así.

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