Y la máquina seguía...

Los camiones seguirán circulando sobrecargados y sin que Kansas City Southern o el Grupo México se hagan cargo de proteger los cruces con medidas precautorias...

La tragedia del sábado pasado volvió a poner sobre la mesa del interés nacional las deficiencias y peligros de la manera de operar del transporte público federal en nuestro país, agregado a la irresponsabilidad con la que trabajan los ferrocarriles nacionales de México, entregados a empresas privadas por Ernesto Zedillo.

La historia es breve, conocida y frecuente. Al atardecer, un autobús de la línea llamada Frontera salió de Nuevo Laredo, Tamaulipas, a Nueva Rosita, Coahuila. El camino tiene que cruzar el cono superior del rombo que forma el estado de Nuevo León. A la mitad del recorrido, a la altura del ejido de Camarones, en el municipio de Anáhuac, y en un crucero abierto, el conductor del autobús trató de ganarle la carrera al tren carguero, sin éxito. La máquina embistió al camión en el mero centro y al menos 20 personas murieron, de ellas dos menores de edad.

El autobús, naturalmente, llevaba exceso de pasaje. En un camión que suele llevar un máximo de 28 personas, el total de muertos y heridos excede los cuarenta. Éso no es lo peor: el cruce de la carretera a Monclova con la ferrovía, como la totalidad de los cruces de carretera con rieles fuera de las áreas urbanas en México, no tiene más advertencia de su peligrosidad que la tradicional pieza de museo original: una cruz de hierro vaciado pintada de blanco con la leyenda en letras negras, “cuidado con el tren”.

No hay, en ninguno de estos cruceros, luces de advertencia, sirenas o chicharras que adviertan de la cercanía de los convoyes, que en esta zona transportan generalmente minerales de hierro, chatarra, lingotes o productos laminados: un tren de peso considerable y predecible inercia.

Desde luego que el operador del camión lleva la principal responsabilidad en este caso, al no advertir del peligro de adelantar su cruce al del tren. Pero en el mundo civilizado estos cruces rurales tienen barreras que suben y bajan cuando el tren se acerca, advertencias sonoras y lumínicas. En Camarones no había. No hay.

Se repite el mecanismo que en automático se aplica a las tragedias colectivas. Buscar en el operador del transporte al culpable del accidente. En los accidentes de aviación, la primera opción es la imprudencia, torpeza o momentánea falla de los pilotos. Error humano. En el caso del autobús de Transportes Frontera el culpable único es el chofer, quien me informan fue detenido al día siguiente del percance, de cuyo sitio huyó. De la misma manera la responsabilidad de la tragedia del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa se carga todavía y exclusivamente al operador de la pipa cuya fuga en una válvula propició la explosión espantosa.

Poco se habla en México cuando ocurren los accidentes de los autobuses de pasajeros de los extenuantes horarios que tienen que cumplir los choferes, de su necesidad —u obligación— de doblar turnos o tener que elevar su velocidad de desplazamiento para respetar los horarios. De la misma manera que en el caso del transporte de gas LP en la capital de la República se evita sospechosamente dar a conocer las condiciones de operación de pipas y cilindros portátiles de gas, que son potenciales bombas ambulantes, que las autoridades federales y locales no pueden o no quieren revisar con la periodicidad a la que el riesgo que su funcionamiento obliga. No se hable ya de las bombas potenciales de los tanques estacionarios de gas que nunca son objeto de revisión alguna ni motivo de un reglamento de mantenimiento y seguridad por parte de nosotros, sus usuarios.

Muertos los muertos del norte de México, sepultados los mártires de Cuajimalpa, el ruido se aplacará rápidamente. Los camiones seguirán circulando sobrecargados, sobreexplotados, con choferes agotados —y con frecuencia consumiendo estimulantes para vencer el sueño— y sin que Kansas City Southern o el Grupo México, que opera Ferromex, se hagan cargo de proteger los cruces con las medidas precautorias que para ellos deben ser una obligación nunca cumplida.

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