Las cartas de Eufemia
Tan desvalido e indefenso vieron al todavía gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero, que los titiriteros del sur le echaron un salvavidas. La lapidación e incendio de las oficinas del gobierno estatal en Chilpancingo no pueden ser defendidos ni siquiera por el más ...
Tan desvalido e indefenso vieron al todavía gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero, que los titiriteros del sur le echaron un salvavidas. La lapidación e incendio de las oficinas del gobierno estatal en Chilpancingo no pueden ser defendidos ni siquiera por el más radicalizado ciudadano harto de los fenómenos de desgobierno, corrupción y desfachatez que ya tocan a su fin, de una manera u otra. Con el vandalismo y la violencia, los agresores del lunes por la noche se pusieron, toda proporción guardada, a la altura de los policías municipales de Iguala o los asustadizos policías antisecuestro, que cuando escuchan “un ruido similar a una detonación” echan mano a su pistola como queriendo pelear y disparan a lo loco. Con tan mala puntería que le dan a un ciudadano alemán cuyos padres se morían de ganas de venir a Acapulco para las vacaciones de diciembre.
El gobierno de México, enfrentado como está a una crisis tras otra, ha demostrado que el año que apuntaba a ser el de su consagración como gran figura en la plaza de toros de la vida, ha devenido el año en que demuestra ser un simple espontáneo que se lanza al ruedo sin más armas que su valor.
A cada situación caótica, la administración de Peña Nieto adopta la postura reactiva. A Los Cabos se los llevó el chamuco con el huracán Odile. Una semana después, reconociendo los centenares de torres de alta tensión derribadas, los muy cínicos de Turismo y la CFE decían que ya se había restablecido el suministro de electricidad en todo el estado de Baja California. Claro, menos en Los Cabos.
Si los politécnicos sitian Gobernación, sal y diles que sí a todo, luego vemos cómo lo arregla Chuayffet. Si los soldados, obedeciendo como siempre órdenes de su superior inmediato, matan a quien los mataría, mete al bote a una media docena de sardos, que en la justicia militar podemos arreglarlo. ¿Una balacera contra estudiantes rijosos, con seis muertos y 43 desaparecidos? El juego de la papa caliente es el mejor. Con un “alcalde con licencia” que a la vez es un “prófugo” en contra del que no hay una sola orden de aprehensión formal, y para el que el fuero constitucional se invalida —según quien lo diga— porque vale solamente en el estado de Guerrero o vale solamente para delitos menores, la confusión abona para los ineptos.
El gobernador, reactivo como todos, afirma, valiente, que si su renuncia resuelve el problema de los chavos desaparecidos, él renuncia. Menos de un día después afirma que se queda, con el espaldarazo del partido que llevó al poder al alcalde de Iguala y al mismo suplente de Figueroa cuando el asunto ya olvidado de Aguas Blancas.
En el caso de Iguala se habla de cuerpos encontrados en fosas clandestinas. Nadie se entera de que se trata de unos pedazos de carne humana chamuscada y muchos huesos calcinados de los que los sabios peritos argentinos, que ni idea tienen a qué los mandaron traer, podrán difícilmente establecer identidades. Para ello deberían ser gobernadores de Guerrero, porque don Ángel Heladio, con una desfachatez tan impresentable como su compinche José Luis Abarca Velázquez, gatillo fácil y próspero joyero con dinero en efectivo, ya dictaminó que algunos de los cuerpos encontrados en las fosas no son de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa, como si ello modificara la culpabilidad o los delitos. Declaración que tiene que enmendar el procurador general de la República.
En algún lado se le llama el teléfono descompuesto; en otro, el teléfono inglés. En todo caso, es una manifestación de la dislexia progresiva que sufren nuestras autoridades. La incapacidad de establecer un nexo entre lo que se piensa y lo que se dice. Las cartas a Eufemia, pues, que nunca llegan a su cabal destino y acaban por romper los desamores.
Por lo pronto, y si los titiriteros del sur siguen empeñados en su tarea, el gobernador Aguirre está a salvo. Las salvajadas le alejarán de la luz de la culpa. ¿Por cuánto tiempo más estaremos a salvo nosotros?
