America the beautiful

De manera particular, hoy es día en que la gente mayor trata de recordar al detalle qué estaba haciendo el 22 de noviembre de 1963, como sucede con las fechas que marcan nuestra vida con sacudidas memorables. Hoy se cumplen 50 años del asesinato del primer gran producto ...

De manera particular, hoy es día en que la gente mayor trata de recordar al detalle qué estaba haciendo el 22 de noviembre de 1963, como sucede con las fechas que marcan nuestra vida con sacudidas memorables. Hoy se cumplen 50 años del asesinato del primer gran producto de la mercadotecnia política, el presidente de los Estados Unidos de América John F. Kennedy. Triunfador histórico del debate televisado de candidatos sobre el Nixon con-la-barba-de-las-cinco-de-la-tarde, católico en un país mayoritariamente protestante, predestinado al poder por una dinastía política, carismático con esposa carismática, construyó, al frente de inteligentes expertos en comunicación, una imagen heroica que vino a ser coronada trágicamente con los disparos de Dallas.

Vengo de ver hace unos días, tardíamente, la cinta escrita y dirigida por Carlos Bolado, Colosio, el asesinato. El paralelismo es inevitable; dentro de un par de meses se cumplen 20 años de la muerte de Luis Donaldo Colosio, candidato a la Presidencia de México, en un atentado igualmente artero, de un balazo a la cabeza. Legítimos o fabricados, Kennedy y Colosio encarnaron las esperanzas renovadoras de sus respectivos pueblos, circunstancialmente al borde de la frustración. “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país”, decía el bostoniano la mañana de su toma de posesión en 1961. Dos semanas antes de ser asesinado en Lomas Taurinas, Tijuana, el sonorense decía en el Monumento a la Revolución: “Yo veo un México con hambre y sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla”.

Más allá de lo anecdótico, el paralelismo transita por los caminos del terror. Cincuenta y 20 años después, respectivamente, no sabemos quién efectivamente disparó las balas asesinas. Peor aún, 20 y 50 años después no sabemos quién dio o quiénes dieron la orden de matar a Colosio y a Kennedy. Lo que es más importante, no tenemos idea del móvil de ambos crímenes: qué intereses, fuerzas o personajes se sintieron amenazados o directamente afectados por los actos o las intenciones de los dos asesinados.

En ambos casos, las sospechas se quedan apenas en la orilla de la imaginaria, el folclor urbano y el estereotipo. Pero en ambos casos, muchos personajes relacionados con los atentados fueron desapareciendo sin explicación dada o procurada. Sucesión de enigmas. Desde Lee Harvey Oswald, el presunto tirador asesinado a quemarropa por un oscuro sujeto de apellido Ruby, que muere misteriosamente en la cárcel, se inicia una cadena que combina investigaciones voluminosas, testimonios interminables, hipótesis insostenibles y muertos sin sepultura. Una cadena que termina precisamente en que, de tanto saber, no sabemos nada. Paralelamente, los personajes relacionados con la muerte de Colosio, notoriamente José Francisco Ruiz Massieu, cuñado presidencial de Carlos Salinas de Gortari, son eliminados uno a uno por la vía del plomo. Mario Ruiz Massieu, hermano de esta víctima notable es designado a cargo de la investigación del atentado: poco después se suicida en el exilio de New Jersey.

America the beautiful. Tierra de sueños y esperanzas. Dominio que traduce la política como territorio de asesinatos impunes, conspiraciones, secretos, corruptelas, complots, misterios y mentiras. Cincuenta años después, 20 años después, nada ha cambiado.

Pilón.- Le pregunté un día al presidente López Portillo por qué no se modificaba el absurdo artículo 82 de la Constitución que impedía que un hijo de padres naturalizados mexicanos fuera Presidente de México. Porque tendría dedicatoria, me dijo, refiriéndose desde luego al profesor Carlos Hank González. Si se modifican ahora los estatutos del PRD para permitir la reelección de su dirigente, tendrá la dedicatoria a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Y, ¿si se le hiciera su sueño, modificarían también la Constitución para eventualmente reelegirlo Presidente?

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