La nueva pobreza

A Ulises Schmill, gran cabeza y corazón.

Ocho gráficas. Conclusión: “Al hoyo”, lanzó un amigo economista. 

“Se ha aumentado el gasto corriente, principalmente gracias a la ‘segunda nómina’ de apoyos en efectivo a 29.4 millones de personas. Tan sólo en el primer año de CSP, se añadieron 3 millones de beneficiarios nuevos. Los subsidios y apoyos pasaron de representar 0.5% de PIB en 2018 a 3% del PIB”.

“Apoyos y subsidios a Pemex, al menos 400 mmdp anuales (1% del PIB anual) sin… mayor producción o eficiencia”. El autor, doctor en economía por el MIT, regresó a Boston a presentar sus láminas. Sin ánimo incendiario, pero sí realista, dejó que los números hablaran por sí mismos. Título: Comentarios sobre la evolución de la economía mexicana. La pudo haber nombrado Al borde del precipicio. No es su estilo. Los temas que trata están basados en información oficial y han sido ventilados desde hace tiempo en muchos foros. No hay sorpresa. Pero la soberbia gubernamental es tal, que pareciera que no leen ni las ocho columnas. Sólo se escuchan a sí mismos y piensan que el sketch de la “mañanera” basta para mantener a México en el engaño.

Los apoyos en efectivo a decenas de millones y subsidios con muchos ceros a Pemex y CFE tienen un costo: la caída en la inversión física federal que “se contrajo 28% de 2024 a 2025, su mayor caída en tres décadas… inversión pública que representa 2% del PIB mientras en otros países de la OCDE (es) de 3.5 a 4%”. En paralelo: “El gasto en educación, salud y seguridad se ha estancado en términos reales, con recortes efectivos para financiar los programas sociales, pensiones y a Pemex”. Ésas son las verdaderas prioridades. ¿Primero los pobres?

Pedro continúa su análisis con serenidad: “Los déficits persistentes (programas sociales e inversiones sin retorno como Dos Bocas y el Tren Maya) han elevado la deuda pública a 58.9% del PIB. Para 2026 se proyecta rebasar 60%, primera vez hace 50 años”. Leyó usted bien. Aderezo: “Las calificadoras han retirado el grado de inversión a economías emergentes al cruzar 60%: Brasil (2015)/ Colombia (2021)/ Sudáfrica /(2020). Esto incrementa tasas de interés, presiona el tipo de cambio y desacelera el crecimiento económico”. De pronóstico, S&P, Moody’s y Fitch lo han advertido hasta el cansancio.

“Las políticas actuales –continúa Aspe– tienen como consecuencia un estancamiento del PIB y del PIB per cápita. Tenemos un PIB per cápita más bajo que hace siete años una vez ajustado por inflación y sigue por debajo del nivel de 2018 (193 mil 997 pesos). Crecemos a menos de la mitad del ritmo que teníamos pre 2019 (2.6 vs. 0.9). El último dato nos ubica en alrededor del 1%”. Pedro Aspe se pregunta: “¿Por qué no crecemos? Tasa de inversión significativamente baja: acumulando 16 meses consecutivos de caídas respecto al año anterior” y agrega: “Inversión Privada: negativa prácticamente desde el 2019 (exceptuando recuperación poscovid-19)”. Pero, ¿y las fotos con decenas de empresarios comprometiéndose a invertir? ¿Y el Plan México? Manipulación y complicidad.

Conclusiones: “La inversión extranjera y nacional detenidas por incertidumbre… La extranjera: a la espera del T-MEC y Nuevo Poder Judicial…”. La nacional: “Prefiriendo invertir en el extranjero”. Ésa es nuestra realidad. Además, la productividad “no sólo baja, sino (es) negativa… sólo cuatro de 15 años positivos”. Los programas sociales y el salario mínimo han fomentado la informalidad (25% del PIB ya es informal vs. 22.8% en 2018)…”.

Descalificarán a Aspe por ese oscuro pasado “neoliberal”. Es parte de la negación de todo: cifras, horrores en Guerrero, Michoacán, Morelos, Sinaloa, la mitad del territorio. Mejor atender a Bono, a Shakira y BTS e inventar traidores a la patria, sin al menos leer la Constitución.

Pobreza ha habido siempre. Pero ahora nos estamos empobreciendo por terquedad. Lo llaman ideología, nada científico. Es predecible y evitable.

Eso sí es nuevo. Suicida.