La vacuna electoral
El objetivo de esta vacuna electoral no fue dañar a García Harfuch, sino blindarlo.
Anticiparse a la infección y aplicar la vacuna preventiva ha demostrado ser la mejor medicina en el hogar y en la política.
El tema de Ayotzinapa ha vuelto a ser tendencia esta semana, al cumplirse nueve años de la desaparición de los 43 normalistas de Iguala. Y no precisamente para buscar la verdad y la justicia que las familias aún reclaman. Más bien ha sido utilizada como cortina de humo para vacunar electoralmente a uno de los aspirantes a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Resulta que, casualmente, justo después de que el exsecretario de Seguridad Pública de la CDMX, Omar García Harfuch, manifestara sus aspiraciones para ser el candidato de Morena al gobierno capitalino en 2024, desde el interior del partido empezaron a señalarlo como uno de los arquitectos de la llamada “verdad histórica” sobre Ayotzinapa, que se fabricó en el sexenio de Peña Nieto.
Información filtrada desde el mismo gobierno lo ubicaba en las reuniones donde supuestamente se cocinó la mentira oficial sobre la desaparición de los muchachos de Ayotzinapa a manos del crimen organizado. Y aunque reconoce que estuvo en las reuniones de seguimiento, descarta que haya sido parte de la integración de la mentira que se nos entregó sobre lo ocurrido.
Pero luego, en un abrir y cerrar de ojos, García Harfuch fue exonerado de cualquier responsabilidad por el propio presidente López Obrador, quien afirmó que no hay elementos para involucrarlo en ese engendro. Y de inmediato también fue absuelto por el tribunal interno de Morena.
Así, en menos de una semana, sembraron la acusación y luego la desactivaron, aplicando la misma fórmula que en su momento usó Peña Nieto para vacunarse sobre el escándalo de su hijo fuera del matrimonio. Primero ventilan el tema, luego lo asumen públicamente, y después nadie puede reprochárselo porque “ya estaba resuelto”.
El objetivo de esta vacuna electoral no fue dañar a García Harfuch, sino blindarlo ante cualquier señalamiento sobre Ayotzinapa en el futuro. Si alguien lo saca en la campaña, dirán que ya se aclaró y no hay más que hablar.
Con perversidad y dolo, desde el gobierno de Morena aprovecharon la coyuntura del aniversario de Ayotzinapa para montar esta obra de anticipación y control de daños, siguiendo el viejo manual priista. No les importó revictimizar a los padres de los normalistas con tal de cumplir su objetivo electoral.
Más que fuego amigo, fuimos testigos de una parodia política montada para darle la bendición papal anticipada y desactivar el tema, de cara a su candidatura que, sin lugar a duda, será la carta de Morena en la CDMX.
El hecho tuvo un efecto distractor que, lamentablemente, opacó los reclamos de las familias que hoy se sienten traicionadas por un Presidente que les prometió verdad y justicia y, en su lugar, usó con fines políticos y electorales la tragedia.
No se trató de la responsabilidad del Ejército en la desaparición, sino de la novela electoral de Omar García. Andrés Manuel López Obrador blindó al aspirante y no rindió las cuentas que ofreció.
