Camino a la reconstrucción
La ruta para que los recursos lleguen a las comunidades que más lo requieren pasa por un entuerto burocrático, en el que la vileza pierde toda sutilidad para mostrar el lado más soez
Los sismos de septiembre dejaron a su paso heridas físicas y sicológicas que, con esmero y valentía, los mexicanos comenzamos a sanar, pero para lo cual se requiere tiempo y recursos.
Desgraciadamente, la ruta para que los recursos lleguen a las comunidades que más lo requieren, pasa por un entuerto burocrático, en el que la vileza pierde toda sutilidad para mostrar el lado más soez de quienes sólo buscan el beneficio político antes de entregar los recursos que, además, pertenecen a los ciudadanos.
La Ciudad de México, por su densidad poblacional, geografía y arquitectura, fue una de las entidades más dañadas por el sismo del 19-S (sin menoscabo de las afectaciones del resto de los estados), y en la que la urgencia de los apoyos fue dramática, los ciudadanos volcados a las calles que nos dieron lecciones de solidaridad, y fue también escenario de las promesas vacías de respaldo y de recursos que no llegarían.
Pese a ello, todos pudimos ver cómo la aprobación del presupuesto para 2018 en la Cámara de Diputados fue encadenada y condicionada por el PRI, dando un trato injusto y más con fines electorales, teniendo como consecuencia que el dinero prometido no se destinara a la reconstrucción.
El partido en el gobierno federal castiga a la ciudad y sus habitantes porque éstos no comulgan con su doctrina. Pese a este poco margen de maniobra, el gobierno de la ciudad busca salir avante etiquetando de sus propios recursos 447 millones de pesos para destinarlos a la reconstrucción, dentro del Proyecto de Presupuesto 2018 que envió a la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México.
Siguiendo el flujo de aprobación del paquete presupuestal, el balón está ahora en la cancha de los diputados locales, en la que desearía ver la creatividad de los legisladores en juego para buscar más recursos y que ellos mismos asignen más fondos a la reconstrucción.
Sin embargo, la esperanza no me dura mucho si tomamos en consideración los lamentables y patéticos shows que se han montado recientemente, con un partido de izquierda opositor incapaz de entablar debates y consensos, pues sólo sabe imponerse a gritos y mordidas, tal como su dirigente.
Éstos son los momentos en donde la pericia legislativa, el cabildeo profesional y la negociación política deberían entrar en juego para el beneficio de los ciudadanos.
La administración capitalina ya dio el primer paso: designó recursos propios para los trabajos de reconstrucción, ahora no debe caer en los chantajes de quienes, vorazmente, piden más y más recursos sin responsabilidad de por medio en la antesala de un anticipadísimo proceso electoral.
Por ello es que resulta imperativo sacar el proceso de reconstrucción de la agenda electoral.
La vida y tranquilidad de los ciudadanos no es moneda de cambio de votos.
Ciertamente se requieren recursos, por lo que los legisladores deberán enfrentar el reto e idear la forma de asignar más, pero cuidando de no romper el equilibrio de las finanzas capitalinas y no caer en la tentación de la torpeza de tapar un hoyo abriendo otro.
