El reto de José Antonio Meade en la SHCP
La tarea más importante que aún resta cumplir al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto es la de preservar una economía estable y en condiciones de retomar el crecimiento sostenido e incluyente lo más pronto posible. Esto significa seguir conduciendo la política ...
La tarea más importante que aún resta cumplir al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto es la de preservar una economía estable y en condiciones de retomar el crecimiento sostenido e incluyente lo más pronto posible. Esto significa seguir conduciendo la política económica nacional, en todas sus vertientes, con la responsabilidad y la eficacia necesarias para preservar la estabilidad macroeconómica y sentar las bases para recobrar el crecimiento. Tal como lo vino haciendo, con discreta eficacia de Luis Videgaray Caso. No debe haber sido fácil para Peña Nieto dejarlo ir. Menos aún en medio de los riesgos que resultan de condiciones externas de desaceleración global y turbulencia financiera severa, con un procesos electorales locales recientes, que han tensado las relaciones entre las fuerzas políticas de cuyo acuerdo parlamentario, en lo tributario y lo presupuestal, depende la credibilidad de una política económica responsable y sostenible.
Para cumplir esta gran tarea, el actual gobierno necesitaba, prioritaria y urgentemente, a un secretario de Hacienda y Crédito Público capaz de resistir las presiones que cíclicamente acaban por disparar el gasto público y capaz de hacer mancuerna con el ancla de estabilidad y credibilidad para los mercados financieros globales que, desde el autónomo Banco de México, encarna Agustín Carstens.
Por fortuna, desde ayer tenemos a un secretario de Hacienda y Crédito Público capaz de realizar con éxito esa trascendental tarea: el doctor José Antonio Meade Kuribreña. El secretario Meade es el hombre a la medida del reto. Su formación académica es impecable: su licenciatura del ITAM y su doctorado en Yale, sumados a cerca de 21 años de experiencia en el sector financiero público, avalan su competencia técnica al mejor nivel. Pero el hecho de ser también licenciado en derecho por la UNAM, le dota de una comprensión de lo que son el Estado y la ley, de la que lamentablemente han adolecido algunos tecnócratas. Además, ha ocupado posiciones regulatorias y de supervisión que le dotan de una comprensión íntima y práctica de las fortalezas y debilidades del sistema financiero nacional.
Pero, por si fuera poco, José Antonio Meade tiene una fina sensibilidad social, adquirida al haber dirigido las dos instituciones clave para el financiamiento del sector rural y haberse desempeñado hasta ayer como un eficaz y sensible secretario de Desarrollo Social. Todo un reto para su sucesor Luis Miranda Nava.
Aunque quizá, aun con tan extraordinaria mezcla de cualidades, la virtud más relevante de José Antonio Meade sea una que le ha acompañado siempre, al menos puedo afirmar que desde muy joven, pues tengo el privilegio de conocerlo desde entonces. Me refiero a la naturaleza afable, serena y paciente de su temperamento. Cualidades ideales para quien deberá conducir con éxito negociaciones de una inmensa complejidad y resistir presiones formidables. Su serenidad refleja fortaleza e inspira confianza. Y eso es lo que México necesita, hoy, más que nunca, para remontar la crisis y recobrar la prosperidad. El presidente Peña Nieto es muy afortunado al haber encontrado dentro de su equipo al reemplazo ideal para Videgaray. Con admiración y afecto le deseo y auguro al dr. Meade Kuribreña un desempeño brillante al frente de la SHCP. La oficina de Limantour, Eduardo Suárez,
Pedro Aspe, Francisco Gil y Luis Videgaray está en buenas manos.
Twitter: @alzati_phd
