Crecer sin dinero fácil
Después de ocho años de una crisis financiera que se esperaba fuera temporal, no sólo persiste la debilidad económica, sino que su fin no parece estar cerca. Esta situación es preocupante para todos, tanto en Europa como en otras regiones, advierte Paul Krugman, Premio ...
Después de ocho años de una crisis financiera que se esperaba fuera temporal, no sólo persiste la debilidad económica, sino que su fin no parece estar cerca. Esta situación es preocupante para todos, tanto en Europa como en otras regiones, advierte Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, profesor del MIT, quien pasa un año sabático en España. La zona euro, es decir, el grupo de 19 países que han adoptado al euro como moneda común, registró un crecimiento razonable en el primer trimestre. De hecho, su crecimiento fue mejor que el de Estados Unidos. Por fin, la economía de Europa alcanzó una talla un poco mayor que la que tenía antes de la crisis financiera, y el desempleo bajó de una cifra superior a 12 por ciento en 2013, a un poco más de diez por ciento.
Comenta Krugman que “en Estados Unidos nos quejamos de la lenta recuperación de nuestra economía, pero ésta ya se encuentra diez por ciento por encima del nivel que tenía antes de la crisis, y la tasa de desempleo se ubica de nuevo por debajo del cinco por ciento”. Pero no parece que el problema crónico de Europa pueda resolverse pronto. Basta ver el comportamiento de los mercados financieros. Cuando las tasas de interés a largo plazo sobre activos seguros son muy bajas, es porque los inversionistas no consideran que vaya a darse una recuperación sólida en el corto plazo. Pues bien, los bonos alemanes a cinco años en la actualidad ofrecen un rendimiento de menos del 0.3 por ciento; de hecho, los rendimientos son negativos para un plazo de hasta ocho años.
Algunos críticos del dinero fácil calificaron las tasas bajas de “artificiales”, porque las economías no deberían tener necesidad de mantener tasas tan bajas, y comparan las tasas de interés bajas con las inyecciones de insulina que deben recibir los diabéticos. Esas inyecciones no forman parte de un estilo de vida normal e incluso pueden tener efectos secundarios negativos, pero son necesarias para controlar los
síntomas de una enfermedad crónica.
En el caso de Europa, la enfermedad crónica es una debilidad persistente en el gasto, lo cual hace que la economía del continente tenga una tendencia deflacionaria constante, aunque, como en este momento, goce de algunos meses relativamente buenos. La insulina del dinero barato ayuda a combatir esa debilidad, pero no la cura.
Frente a estas circunstancias externas adversas, México debe preservar una economía estable, en condiciones de retomar el alto crecimiento lo más pronto posible. Eso significa conducir la política económica nacional con la responsabilidad necesaria para preservar la estabilidad macroeconómica y sentar las bases para el crecimiento. Alcanzar y sostener el alto crecimiento exige compromisos de inversión productiva por parte de los empresarios nacionales y extranjeros, líderes en los sectores más dinámicos. Pero éstos no comprometerán sus recursos a menos que encuentren creíble y confiable el compromiso de las más altas autoridades del país con una meta de alto crecimiento como objetivo central de todas las políticas públicas, a la cual se subordinan los demás objetivos y proyectos, y con cuyo logro el Presidente de la República y su gabinete comprometan su prestigio personal y el del gobierno. Así lo han hecho ya en diversos foros el gobernador del Banco de México, doctor Agustín Carstens y el secretario de Hacienda y Crédito Público, doctor Luis Videgaray Caso. México tiene condiciones para crecer. Es hora de detonar la estrategia de alto crecimiento sostenido e incluyente.
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