Videgaray y el nuevo milagro mexicano
El PRI, a pesar de sus tendencias autoritarias, ha sido, a la vez, paradójicamente, el tenaz constructor de una democracia moderna que ya ha logrado serlo en plenitud. Como profesor asistente del extinto Samuel P. Huntington en el curso Democracia Moderna, del core ...
El PRI, a pesar de sus tendencias autoritarias, ha sido, a la vez, paradójicamente, el tenaz constructor de una democracia moderna que ya ha logrado serlo en plenitud. Como profesor asistente del extinto Samuel P. Huntington en el curso Democracia Moderna, del core curriculum de Harvard College, discutí incansablemente sobre sus razones para negarse a calificar a México como una democracia. Al final, su único argumento para negarnos esa calidad era siempre “la alternancia”, que no se cumple sino hasta, al menos, la segunda vez en que el partido en el poder lo entrega pacífica y ordenadamente a una oposición triunfadora en elecciones legales y legítimas. Ese ciclo se cumplió cabalmente el primero de diciembre de 2012. Ahora la tarea central para los próximos lustros es restablecer la paz social duradera y el prestigio internacional de México, indispensables, ambos, para atraer las inversiones que permitan recobrar la vía del crecimiento económico y el bienestar social.
Ese reto, en apariencia formidable, tiene tres llaves maestras: la primera, que ya se cumplió en buena medida, es la construcción de los acuerdos políticos para restaurar la paz, lograr la gobernabilidad y destrabar la agenda legislativa. La segunda es el diseño y aplicación de una política macroeconómica capaz de lograr el máximo crecimiento en medio de la ominosa crisis global que se avizora en el horizonte de los próximos años. Esta llave está en las discretas, pero eficaces, manos del secretario de Hacienda y Crédito Público, doctor Luis Videgaray Caso. La tercera es poner en marcha, desde ahora, el gran diseño de política industrial que nos permita atraer grandes inversiones de contenido innovador y conectarnos, sin demora, con los sectores y las regiones que emergerán como líderes de la siguiente etapa de crecimiento global. Por desgracia, el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal, no parece saber cómo hacerlo. Sólo sirve a la oligarquía regiomontana que, tras la muerte inoportuna de Lorenzo Zambrano, parece haber perdido la brújula global.
Es cierto que no hay soluciones mágicas a los problemas de México, salvo una que casi lo sería: un alto crecimiento económico que en pocas décadas elimine la subocupación. Pero para alcanzar estos objetivos es necesario rediseñar los sistemas públicos y privados de pensiones, seguridad social, prevención y atención sanitaria, para que integren un sistema nacional de atención universal integral, sin elevar la carga tributaria sobre las actividades de alta productividad y su contribución al crecimiento. Nadie mejor dotado que Luis Videgaray Caso para lograrlo.
A este esfuerzo deberá sumarse un conjunto de políticas encaminadas a expandir aceleradamente la oferta de servicios educativos, elevando su calidad y su relevancia productiva, ésa es la tarea de Aurelio Nuño Mayer, quien debe echar mano de las cada vez más numerosas opciones de tecnología educativa y de interacción a distancia, a fin de multiplicar el impacto del recurso más escaso y valioso en esta esfera: los docentes bien calificados y con dotes pedagógicos superiores.
Un político de gran visión y resultados aporta el liderazgo necesario para que todos entreguemos lo mejor de nosotros. Enrique Peña Nieto es hoy el mejor calificado para resolver las crisis que tiene estancado a México. Y tiene en Videgaray a su más leal y eficaz colaborador. Ésta es la garantía de que, en muy pocos años, estaremos en medio de un nuevo milagro mexicano.
Twitter: @alzati_phd
