¿Corrupción o crecimiento?
De 340 mil kilómetros que constituyen la red carretera, sólo el 30% está pavimentado y el 1.2% es de cuatro carriles.
México no puede seguir tolerando las tradicionales corruptelas en la asignación de los proyectos de infraestructura por parte de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). Menos si se espera que el sector privado participe en su financiamiento. Pero sin estas inversiones la economía seguirá sin crecer. Y el descontento seguirá en ascenso. La quema de una Bandera Nacional en Iguala enciende ya todas las alarmas. ¿Corrupción o crecimiento? Ése es el gran dilema para el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Un informe de la Secretaría de Economía sobre la inversión extranjera directa en México, dice que de las 405 empresas entrevistadas el 50% reconoció que la falta de infraestructura es uno de los factores que en mayor medida afectan la competitividad mexicana. Asimismo, los costos de transporte de carga son más altos en México que en muchos de los países competidores. Por otra parte, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) afirmó en su libro Análisis de la competitividad de México: evaluación y oportunidades de mejora que los altos costos del transporte carretero, ferroviario y marítimo, la baja calidad de la infraestructura y un marco jurídico-regulatorio inadecuado han impedido aprovechar plenamente las ventajas competitivas del país.
De los más de 340 mil kilómetros que constituyen la red carretera, sólo el 30% está pavimentado y el 1.2% es de cuatro carriles. Además, los principales ejes troncales requieren modernizarse y la inversión en los años recientes se ha destinado principalmente al mantenimiento de la red actual. La Subsecretaría de Infraestructura de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) reveló respecto al estado físico de la red federal de carreteras libres de peaje que apenas calificaba al 72% de estas vialidades como buena y aceptable, lo cual implica que la cuarta parte de este tipo de tramos carreteros es todavía deficiente.
Por su parte, la Subsecretaría de Industria y Comercio de la Secretaría de Economía (SE) ha reconocido que una de las mayores deficiencias de México es todavía la infraestructura, ya que se necesita mejorar los sistemas portuario, carretero y ferroviario. Sin embargo, se requiere de una gran cantidad de recursos.
La tendencia actual de los gobiernos es lograr mayor participación del sector privado en el desarrollo y la administración de proyectos de infraestructura. Esta propensión ayuda a mantener un gasto público eficiente y los impuestos más bajos. La meta para 2030 es que México se ubique entre el 20% de los países mejor evaluados de acuerdo con el índice de competitividad de la infraestructura que elabora el Foro Económico Mundial, y aspira a convertirse en uno de los líderes de América Latina por la cobertura y la calidad de su infraestructura.
El Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018 es un plan ambicioso para dotar a México de carreteras, puertos, aeropuertos y sistemas de transportes más modernos y más eficientes. Este plan considera las obras más importantes que requiere el país para entrar de lleno a la modernidad en infraestructura de comunicaciones y transportes, de salud y de desarrollo tecnológico. En este programa se delinea el rumbo del país en los próximos años y dará impulso a las asociaciones público-privadas para hacer realidad las obras de gran calado que México necesita.
¿Por qué si los gobiernos en México destinan tantos recursos a la infraestructura tenemos tantas deficiencias en ese rubro? Una explicación que se ha dado estriba en el hecho de que los proyectos de infraestructura son improvisados por motivos políticos, sin una adecuada gerencia que planee, organice, controle y coordine todas las fases de los mismos para evitar retrasos y sobrecostos. La gran duda es si con lo dañado que ha quedado su prestigio público Gerardo Ruiz Esparza sigue siendo capaz de superar y revertir las deficiencias que están deteniendo el despegue de México.
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