La impagable deuda social de Rubén Rocha

¿Sabe usted cuánto cuesta en términos de dignidad institucional permitir que el ejercicio del poder se ejerza con la sombra constante del crimen organizado? En México, la respuesta parece no importar cuando la prioridad de algunos políticos es proteger su pellejo y el mapa electoral por encima de la ética y la justicia. 

El regreso de Rocha Moya al Palacio de Gobierno de Sinaloa (el viernes), y luego la segunda solicitud de licencia (ayer) ocurren sin que se haya aclarado un solo punto de las imputaciones hechas por Estados Unidos, sin respuesta a las agencias internacionales, con una carpeta abierta en la fiscalía mexicana y, lo más grave, con un desprecio total hacia las familias de las víctimas de desaparición y homicidio en el estado.

A Rocha Moya se le atribuye la responsabilidad política de haber encabezado un proceso electoral viciado por la injerencia de grupos criminales, así como una omisión sistemática frente a la ola de secuestros y desapariciones que aqueja a la entidad. El caso de Sinaloa y su gobernador, Rubén Rocha Moya, dejó de ser un asunto local para convertirse en el ejemplo más evidente de la protección política en el país, de la impunidad y del cinismo. Por eso hay que recordar los hechos.

Aquel proceso electoral de 2021 registró el secuestro de operadores políticos, el robo y manipulación de urnas y la coacción abierta en diversos municipios, para alterar el resultado en las urnas. La jornada electoral en Sinaloa incluyó el despliegue de grupos armados y amenazas directas a candidatos para obligarlos a declinar.

“El crimen organizado operó abiertamente para intimidar a nuestros cuadros. Hubo candidatos a alcaldías y diputaciones a quienes les dijeron directamente que se bajaban o pagaban con su vida y la de sus familias. No fueron renuncias voluntarias, fueron renuncias a punta de pistola”, denunció la diputada local priista Paola Gárate Valenzuela.

“Nuestros candidatos en municipios serranos y en la zona sur sufrieron ‘levantones’ exprés. Los retenían por horas, les quitaban los celulares y los amenazaban para que no hicieran campaña ni promovieran el voto. Fue una contienda con la pistola en la mesa”, secundó Roxana Rubio Valdez, dipitada local del PAN.

“Tú no puedes ganar una campaña contra alguien que tiene una metralleta cruzada al brazo”, declaró Mario Zamora Gastélum, quien fue el candidato opositor en esa contienda. 

La noche de la elección Zamora, tras reconocer el triunfo de Rocha, suplicó “Les pido, ya lograron su objetivo, ya se quedaron con la gubernatura. Suelten a las mujeres y a los hombres que no estaban más que compartiendo un proyecto. Merecen llegar sanos y salvos a su casa”.

El punto de quiebre sobre la viabilidad del gobierno estatal ocurrió tras el presunto secuestro de Ismael El Mayo Zambada y el homicidio del exrector Héctor Melesio Cuén Ojeda. Los señalamientos sobre la presunta complicidad de altos funcionarios estatales con la delincuencia armada escalaron a nivel internacional al grado de que Estados Unidos lo investiga y le quitó la visa.

Ante la opacidad local, las acusaciones y el rechazo social, la presión política interna y la exigencia de la sociedad volvieron insostenible  la permanencia de Rocha Moya en el cargo de gobernador, motivando su segunda solicitud de licencia. 

Hoy la ciudadanía sinaloense se encuentra atrapada en una profunda crisis política y de seguridad, agudizada por una pugna entre facciones de los cárteles de la droga y salpicada por graves acusaciones del Departamento de Justicia de EU en contra de la administración de Rocha.

¿Cómo se mira a los ojos a una madre que busca a su hijo en una fosa clandestina mientras Rocha Moya juega con su fuero? ¿Permitirán que Rocha siga avergonzando la memoria de las víctimas y abandonando a Sinaloa a su propia suerte?

Si el gobierno federal, los gobernadores de Morena y su propio partido se apuraron para desmarcarse, ¿quién le da fuerza o protección para tomar decisiones que desafían la justicia? ¿Qué intereses o a quién protege? La respuesta la conoceremos por las agencias estadunidenses.

DM

Esta escribidora (como dijera el periodista Gerardo Galarza) hará una pausa para preparar el regreso a clases de los hijos. Nos leemos pronto.