Foros digitales y discursos de odio

Las redes sociales permiten la conexión entre personas con intereses comunes; pero pueden convertirse en entornos cerrados donde se cultivan ideologías extremas, a través de los foros en Facebook, X, TikTok, Discord, Reddit, por ejemplo. En estos espacios, los usuarios ...

Las redes sociales permiten la conexión entre personas con intereses comunes; pero pueden convertirse en entornos cerrados donde se cultivan ideologías extremas, a través de los foros en Facebook, X, TikTok, Discord, Reddit, por ejemplo. En estos espacios, los usuarios interactúan únicamente con quienes comparten sus creencias —enlazados por el algoritmo—, aislándose de visiones alternativas y reforzando su resentimiento. Lo preocupante es que estas comunidades no sólo validan discursos de odio, sino que también comparten métodos para ejercer violencia, identificar víctimas y acceder a recursos peligrosos, y esto lo ha alertado Carlos Contreras Ibáñez, doctor e investigador en Psicología Social de la Unidad Iztapalapa de la UAM.

Lex Ashton —el joven que asesinó a un chico de 16 años en el CCH Sur y que el viernes fue trasladado al Reclusorio Oriente de la CDMX— publicó en Facebook que nunca había recibido amor de una mujer, despreciaba el privilegio de los chads y de las foids que nunca lo voltearon a ver. Ese discurso replica con exactitud los códigos incel. La palabra proviene del inglés involuntary celibate (abreviatura de “involuntariamente célibe”). Se refiere a hombres —en su mayoría jóvenes— que se consideran incapaces de mantener relaciones sexuales o afectivas a pesar de desearlas. Este grupo tiene sus propios foros digitales, en los que la narrativa es profundamente misógina y violenta hacia los chicos y chicas que ellos consideran guapos y populares. Además, tienden a responsabilizar a las mujeres por su situación y son vistas como objetos de consumo, trofeos que sólo se entregan a hombres exitosos, atractivos o socialmente privilegiados.

En estos foros hablan de los chads (hombres atractivos y exitosos), de las stacys (mujeres deseadas), de las foids (forma despectiva de nombrar a las mujeres) y de los brocels (término que utilizan entre los propios incels para referir camaradería). Este lenguaje digital reduce la vida a un sistema de privilegios biológicos y atiza el resentimiento, la frustración, misoginia y, en algunos casos, violencia. El abogado de Lex Ashton responsabilizó a las redes y a estos foros de influir en la conducta delictiva de su cliente. ¿En serio, la visión es tan reducida para no ver el trasfondo social y familiar? No lo creo. Es una argucia legal para zafar al victimario. Irving Arellano Regino, abogado penalista de la revista Abogacía, explica el caso con tres teorías y desde de la óptica de la criminología:

· Teoría de la tensión social. Cuando las metas culturalmente aceptadas (éxito, pareja, reconocimiento) son inalcanzables, los jóvenes pueden optar por vías desviadas.

· Teoría de la asociación diferencial. La conducta criminal se aprende en interacción con otros (en este caso, foros en línea).

· Polarización grupal. Lleva a posiciones cada vez más extremas y en las redes sociales se atiza.

Internet nos permite acceder a cualquier tipo de información e ideología de cualquier parte del mundo; hay referentes, creadores de contenido y hasta influencers sin fronteras. ¿Y por qué los adolescentes y jóvenes acceden con tanta facilidad a estos contenidos? Porque buscan modelos a seguir y explicaciones rápidas o simples a problemas complejos en un lenguaje que les es afín. Y en un entorno de incertidumbre emocional, aislamiento social y presión por el éxito, los discursos incel o polarizantes pueden parecer una salida fácil para canalizar frustraciones; sin embargo, su impacto es otro.

Este caso revela la responsabilidad de muchos y que la prevención está en manos de todos. A los legisladores les toca reconocer y tipificar adecuadamente estas manifestaciones de violencia misógina y extremismo digital, no sólo como delitos comunes, sino también como fenómenos con un trasfondo ideológico. Las autoridades de gobierno tienen la obligación de detectar focos de riesgo, intervenir en comunidades digitales, implementar educación socioemocional y programas de salud mental accesibles; además de ofrecer atención psicológica temprana.

Las universidades y escuelas necesitan abrir espacios de diálogo y prevención en los salones de clase, fomentar actividades deportivas, talleres culturales y debates abiertos. Las familias tienen la obligación de contar con espacios reales de convivencia, de diálogo y supervisión de los integrantes del hogar. Les toca cuidar.

Las plataformas digitales no pueden seguir ignorando comunidades donde el odio se reproduce y normaliza. ¿Qué estamos dejando de hacer para que un joven encuentre en un foro de digital la explicación o respuesta a una inquietud, dolor o frustración y no en su familia, escuela o comunidad?

Algunos foros digitales están incubando violencias que ya cruzaron la pantalla y tocan la vida real.

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