En tus zapatos
Si elige el sur usted está viendo en estos momentos a la Guardia Nacional corretear a los migrantes que vienen de Honduras o Guatemala. Someten a las mujeres y a los menores. Los detienen

Fabiola Guarneros Saavedra
Mensaje directo
Hoy le voy a pedir que cierre los ojos e imagine las siguientes situaciones.
Tiene un hijo cuya enfermedad —cardiaca, respiratoria, diabetes, cáncer, hipertensión, padecimiento mental— requiere de la atención urgente en el hospital público más cercano a su comunidad. Saca su póliza del Seguro Popular y se dirige al sanatorio con la emergencia en hombros.
Después de esperar horas, reciben a su familiar, lo atienden, “lo estabilizan”, lo dan de alta, pero le informan que su póliza ya no está vigente, que el Seguro Popular ya no existe y que tendrá que pagar la consulta, los gastos de hospitalización y los medicamentos. De los 88 pesos que le cobraban ahora serán entre 500 y 600 pesos por la cama, por día.
Le explican en Trabajo Social que entraron en vigor las nuevas tarifas y el Insabi sustituirá al Seguro Popular. Mientras le informan eso, usted escucha que a una madre no le entregan el cuerpo de su fallecido recién nacido, porque no ha pagado…
Ahora imagine que su hijo o hija tiene cáncer y desde diciembre ha protestado por la falta de medicamentos para el tratamiento. Usted es derechohabiente del IMSS o ISSSTE, pero eso no importa, la crisis de los fármacos está en todo el sector salud. Ya no le están dando las quimioterapias y decide protestar junto con otros padres; va a Palacio Nacional y no lo reciben, cierra Periférico y tampoco, bloquea el acceso al Aeropuerto Internacional y, de pilón, lo acusan de trabajar para los conservadores o adversarios políticos, pero logra tener los medicamentos por un solo día…
En este nuevo escenario, usted es padre o madre de un estudiante de secundaria, bachillerato o de licenciatura, quizá de una maestría o doctorado. Y por las noticias se entera de diversos hechos trágicos, como la muerte en diciembre de una alumna en el ITAM, de las denuncias de acoso sexual e inseguridad en planteles educativos (que llevan a paros, protestas violentas y cierres de prepas de la UNAM), del caso de un menor que dispara en su escuela y se suicida…
Esos hechos son las expresiones del entorno de violencia y abandono de nuestra infancia y adolescencia. Hay omisión del Estado y la sociedad. ¿Dónde están la familia, la comunidad escolar, los vecinos, las autoridades?
Su mente se distrae porque le preocupa la inseguridad que vivimos. Ya no es sólo percepción, sino realidad. Entonces, le pido que vuelva a cerrar los ojos e imagine que viaja a Michoacán y en la carretera rumbo a Chilapa tiene que parar. Por el parabrisas ve los rifles que le apuntan; no puede creer lo que ve: niños de entre 6 y 12 años armados. Lo que usted no sabía es que ellos se armaron para proteger a sus madres, hermanas y a su comunidad de un grupo criminal que los dejó huérfanos.
Decide marchar por la paz y la justicia, unirse a las voces de aquellas familias víctimas de la inseguridad que han perdido a un ser querido en un ataque directo, en un fuego cruzado, por una bala perdida; que han desaparecido, que fueron violadas, que tuvieron que huir de sus lugares de origen porque grupos criminales entraron y quemaron sus viviendas o se llevaron a familias enteras, como en Guerrero o Chihuahua. Marcha porque está harto de la extorsión o el robo…
Ahora piense que vive en la frontera, en el estado que le guste del sur o del norte del país. Si elige el sur usted está viendo en estos momentos a la Guardia Nacional corretear a los migrantes que vienen de Honduras o Guatemala.Someten a las mujeres y a los menores. Los detienen.
Si escogió una ciudad fronteriza en el norte, ahora sabe que los albergues están saturados, que hay crisis humanitaria, que los migrantes deambulan por toda la ciudad buscando obtener ingresos para subsistir mientras Estados Unidos les responde su petición de asilo. En las noticias escucha que el presidente Donald Trump dice que México ya está pagando el muro y que agradece la contención de migrantes…
Agotan estos pensamientos. Tome un respiro, piense en otra cosa, en lo que sucede en otra parte del mundo. ¿Qué viene a su mente? ¿La alerta mundial del coronavirus y las historias de los mexicanos en China?, ¿los memes ingeniosos sobre el tema? Recuerdo uno: “Si la estrategia contra el crimen fue fuchi, guácala, ¿la del coronavirus será sana, sana, colita de rana?”.
Si de plano se quiere distraer y olvidarse de esos escenarios imaginarios, puede pensar en el número del cachito de Lotería que comprará para la rifa del avión presidencial. ¿Ya visualizó el número? Mucha suerte, ojalá se lo saque…
Volvamos a la realidad. Sólo quiero decirle que todo eso que imaginó sucedió; con esos hechos inició y cerró enero, y seguramente seguirán registrando situaciones similares en este febrero, porque enderezar el rumbo del país es un compromiso de todos: gobernantes, servidores públicos, legisladores, militares, marinos, policías, jueces, magistrados, ministros, organizaciones de la sociedad civil, familias, maestros, comunidad.
Por eso hicimos este ejercicio, para ponernos en los zapatos de todos. De nada sirve negar los hechos, hay que buscar la solución, ¿no lo cree?