El desmarque
Ocho días tardó el gobierno de México para actuar en congruencia con la hospitalidad que ha caracterizado y ha valido el reconocimiento mundial de un pueblo. Ocho días pasaron para dar a conocer un plan gubernamental que permitirá al que migra y pasa por nuestro ...
Ocho días tardó el gobierno de México para actuar en congruencia con la hospitalidad que ha caracterizado y ha valido el reconocimiento mundial de un pueblo. Ocho días pasaron para dar a conocer un plan gubernamental que permitirá al que migra y pasa por nuestro territorio tener una estancia digna, humana, cálida y respetuosa de los derechos humanos.
Ocho días fueron necesarios para tomar distancia de la forma de pensar, hacer política y gobernar de Donald Trump.
El mensaje del presidente Enrique Peña Nieto (difundido el pasado viernes) no tuvo nada que ver con el pronunciado el viernes 19 de octubre, cuando los miles de migrantes hondureños decidieron reventar los controles de seguridad y entrar a México por el paso fronterizo Ciudad Hidalgo, Chiapas.
En ese primer mensaje, transmitido en cadena nacional, Peña Nieto fue desafiante: “…Toda persona que deseara ingresar a territorio nacional podría hacerlo siempre y cuando contara con documentos de viaje y una visa concedida por México…
“México no permite ni permitirá el ingreso a su territorio de manera irregular y mucho menos de forma violenta. El ingreso violento al país no sólo atenta contra nuestra soberanía, también pone en riesgo a los propios migrantes, especialmente a niños, niñas, mujeres y adultos mayores...”.
¿Ingresar con documentos de viaje, con visas? Si venían huyendo de su país, de la pobreza y la violencia (en la columna del domingo pasado le mostré las cifras de la inseguridad y economía hondureña). No había tiempo, ni condiciones ni dinero para tramitar papeles. Esa frase parecía una burla o peor aún, un gesto de dureza para quedar bien con el gobierno de Estados Unidos, ese que todavía amaga con no firmar el nuevo acuerdo comercial trilateral, T-MEC.
Y la reacción de Trump, de felicitar al gobierno de México por haber enviado a la Policía Federal y detenido el ingreso de los hondureños, daba motivos para pensar que el gobierno de México cedía a las presiones de EU.
Pero ocho días después, apenas, el pasado viernes, vía redes sociales, Peña Nieto dio un nuevo mensaje. Ahí anunció el programa Estás en tu casa, que ofrece atención médica, identificación y empleo temporal para los migrantes, además de acceso a las escuelas para sus hijos. Claro, con reglas claras y requisitos como que permanezcan en Chiapas y Oaxaca, y hayan solicitado o estén haciendo el trámite para el ingreso o refugio ante el Instituto Nacional de Migración.
Y eso es mostrar el lado humanitario de México, porque nuestra patria le ha abierto las puertas a españoles, chilenos, judíos, argentinos, salvadoreños, cubanos, venezolanos, haitianos y a todo pueblo que ha tenido que huir de su país por la guerra, por la violencia o la pobreza.
Muchos se quedaron y encontraron aquí —en nuestro territorio y entre nuestra gente— una familia. Se establecieron y prosperaron. Otros sólo estuvieron de paso, como sucede ahora con la caravana migrante que viene de Honduras y a la que se han sumado guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses. Su objetivo es Estados Unidos, porque México tampoco es garantía de bienestar y prosperidad; es la verdad y hay que reconocerla.
También es cierto que las condiciones han cambiado. Donald Trump no ha dejado entrar a nadie a Estados Unidos, por eso Tijuana ha tenido que albergar desde hace dos años a cerca de tres mil haitianos. Ahora sumaremos a los migrantes centroamericanos que permanecerán en Chiapas y Oaxaca. Por eso era importante que México se sacudiera el miedo a Trump y tomara el toro por los cuernos, porque los migrantes están aquí, ahora y se necesita un plan que evite una crisis mayor en nuestro territorio.
El desmarque es importante, pero más urgente ahora es contener el hambre y la desesperanza de los que huyeron de su país y al mismo tiempo dotar con recursos y programas sociales a Chiapas y Oaxaca, para evitar conflictos, bro-
tes de inseguridad y agresiones entre visitantes y anfitriones.
Y un programa bien diseñado y con recursos puede ayudar, como en Tijuana, donde hay aproximadamente dos mil 890 haitianos que ya tienen un permiso humanitario para permanecer en el país y una clave RFC que les permite trabajar y, si así lo desean, estudiar. De hecho, la Universidad Autónoma de Baja California ya tiene en sus aulas a 17 jóvenes de Haití que fueron aceptados luego de aprobar sus exámenes de admisión.
Twitter: @Fabiguarneros
