Brain rot
La Oxford University Press seleccionó la palabra brain rotpodredumbre cerebral, en español como la palabra del 2024. El diccionario define este concepto como el deterioro del estado mental o intelectual de una persona, especialmente como resultado del consumo excesivo ...
La Oxford University Press seleccionó la palabra brain rot —podredumbre cerebral, en español— como la palabra del 2024. El diccionario define este concepto como el deterioro del estado mental o intelectual de una persona, especialmente como resultado del consumo excesivo de contenido en línea.
Esto sería una ocurrencia más, si las consecuencias se quedaran ahí, en línea, en el post o en el video de las redes sociales: TikTok, Instagram, X o Facebook, pero la podredumbre cerebral refleja una crisis social más aterradora en la realidad actual: agresión, violencia y discursos de odio.
La ONU entiende el brain rot como un impacto negativo en el cerebro por el consumo excesivo de contenido de baja calidad y poco valor que se encuentra en las redes sociales e internet. ¡Y es cierto! Nuestras sociedades pasaron de adoptar el lenguaje de redes a imitar las conductas: retos virales —la mayoría peligrosos o mortales—, dietas y consejos de belleza de influencers de ¡14 o 15 años! y comportamientos agresivos, de acoso o linchamiento.
En las redes, como en la vida, no todo es negativo ni todo positivo, pero las conductas más virales, las que llegan a los medios de comunicación tradicionales —periódico, radio y TV—, son las escandalosas, las que mueven emociones, las que dividen opiniones, las que están relacionadas con golpizas, asesinatos o amenazas.
Quizá usted y yo, querido lector, podemos sentarnos a reflexionar sobre los contenidos que vemos en redes o los que subimos; pero los niños, niñas, adolescentes y jóvenes menores de 20, definitivamente no. Ellos ya viven en la inmediatez de ese ecosistema digital. Ya han cambiado de plataforma al mismo ritmo vertiginoso con el que surgen. Seguro usted y yo seguimos en Facebook. Ellos ya no están ahí. Lo que ellos ven es a los “creadores de contenido” que golpearon a una señora y hoy está en la cárcel; a una joven de 17 años que apuñaló a la novia de su expareja; a las “ladies” y los “lores” —aunque estos términos ya están pasados de moda— ebrios o que insultan y agreden por la calle.
¿Qué nos está pasando? ¿Qué estamos consumiendo? ¿Por qué permitimos que nuestros hijos e hijas accedan a esos contenidos sin reflexión, sin acompañamiento? Y mire que la ciberdelincuencia, ciberacoso, cyberbullying y demás delitos de este ecosistema son punto y aparte.
Melissa Fleming, secretaria general adjunta de Comunicación Global de las Naciones Unidas, considera que es urgente contar con una dieta informativa más saludable, periodismo preciso, publicaciones con ética e historias que nos eduquen e inspiren, en estos tiempos del infinito scrolling —deslizar el dedo por la pantalla de un dispositivo para acceder al contenido siguiente y seguir así hasta detenerse en alguno que interese—, en los que predominan los contenidos de baja calidad y la desinformación.
“No es de extrañar que tanta gente ya no sepa qué creer. En la ONU llevamos mucho tiempo advirtiendo que este ecosistema de información es tóxico y está causando graves daños a nuestro mundo”, dijo en su ponencia magistral El poder de la publicación: Restaurar la integridad de la información, que dictó en el 34° Congreso Internacional de Editores, organizado por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem).
Y, por eso, la ONU elaboró y dio a conocer en junio pasado, los Principios Globales de las Naciones Unidas para la Integridad de la Información, documento que invita a todos los actores a ser responsables de lo que publican; a que los creadores de contenidos, la industria editorial y medios de comunicación ofrezcan contenidos fiables y oportunos; que las redes sociales realcen los hechos sobre las mentiras; y donde la información sea más precisa y confiable para tomar decisiones significativas sobre nuestras vidas y nuestro futuro. Y no sólo quienes consumen están obligados a reflexionar —no te comerías un huevo podrido, ¿o si?—; también los influencers y creadores de contenido deben ser muy rigurosos y responsables de lo que transmiten, porque muchos de ellos han perdido el decoro en línea.
¿Qué hacemos? ¿Seguiremos consumiendo sin filtro todo lo que se sube a redes? La amenaza es que hay contenido dañino y sin responsabilidad circulando en las redes sociales, que es amplificado porque los algoritmos están diseñados para promover contenido que causa indignación, lo que desata temores e invita a conductas delictivas.
