Desinformación

Tiempos de división y de encono corren por el mundo. Al recrudecimiento del conflicto magisterial y la escalada de polarización que ésta trajo consigo, debemos sumar ahora las consecuencias que traiga el desánimo mundial por la decisión tomada por una mayoría de ...

Tiempos de división y de encono corren por el mundo. Al recrudecimiento del conflicto magisterial y la escalada de polarización que ésta trajo consigo, debemos sumar ahora las consecuencias que traiga el desánimo mundial por la decisión tomada por una mayoría de ciudadanos del Reino Unido para separarse de la Unión Europea.

¿Qué tienen que ver los acontecimientos de la semana pasada en Oaxaca con el hoy ya muy famoso y traído Brexit? En apariencia, nada. Pero sí hay dos puntos que los conectan: la explosión de manifestaciones que se ha vertido en las redes sociales sobre ambos temas y que buena parte de estas expresiones apelen más a sentimientos que a un conocimiento preciso de ellos. Como dice el chiste que ya se ha vuelto lugar común en las redes: los mismos expertos en geografía oaxaqueña hoy lo son de la corona británica. No es gracioso, sin embargo, por el ambiente de zozobra que permea y que no augura un porvenir más constructivo.

El fin de semana pasado ocurrió en Nochixtlán, Oaxaca, un enfrentamiento que dejó al menos ocho muertos. Fuera de este dato duro terrible, es poco lo que sabemos con certeza de lo que realmente ocurrió. En gran medida porque estos hechos han sido utilizados por las partes en conflicto como parte de su propaganda para reposicionarse políticamente.

La que ha sabido sacar mejor provecho es la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que acusó haber sido víctima de represión y por ello concitó simpatías entre quienes ignoran u olvidan que es la misma que prohijó la humillación a profesores que fueron rapados por pretender dar clases, y que ha sumido en el desastre económico a Oaxaca con sus bloqueos y movilizaciones.

La CNTE no sólo logró invertir los papeles, sino que también ya consiguió que el principal tema de su agenda, la oposición a la Reforma Educativa, ahora esté en boca de otros actores que habían permanecido ajenos al conflicto. Por motivos distintos a la evaluación, profesores en la capital del país han comenzado a organizarse en contra de esa normatividad. Docentes en Nuevo León ya organizaron su propio movimiento.

Las autoridades tienen bastante responsabilidad en este cambio de narrativa, en mucho por su incapacidad para entender las dinámicas informativas de estos tiempos. Pretender desmentir por medio de tarjetas informativas y boletines que los policías que actuaron en Oaxaca no iban armados fue un búmeran, cuando abundaron las imágenes que demostraron lo contrario. En general, las personas comunes tienden a creerle menos al gobierno que a sus detractores. Empecinarse en tratar de imponer su discurso sin considerar la mecánica de las redes sociales terminó orillando al gobierno a abrir una nueva ronda de diálogo.

Y de nuevo volvemos a la mecánica nacional. Las voces que desde sus redes sociales lamentaron la represión y proclamaron a los cuatro vientos cuánto les dolía Oaxaca y el país entero no han dicho nada de que los reprimidos hayan vuelto a una mesa de diálogo donde otra vez defenderán sus privilegios para seguir teniendo control del dinero educativo y de las plazas.

¿Y los muertos? ¿Quién pide justicia ahora por ellos? ¿Quién menciona o recuerda su nombre, como se ha hecho con los 43 de Ayotzinapa? ¿Alguien les hará justicia o volverán a ser rentables políticamente si se suspende el diálogo?

Por lo mientras, las redes sociales y la conversación cotidiana reflejan una nueva polarización y un resentimiento de muchos ciudadanos contra las autoridades que no han sabido aportar la información suficiente para que la sociedad tenga otros elementos de análisis, y que por lo mismo han dejado que la gente opine de lo que cree que pasó. Y quizá ya sea tarde para revertir la batalla por la credibilidad.

Guardadas las proporciones, algo semejante ocurrió con Reino Unido y el Brexit. Terminado el referendo, los británicos acudieron a Google para consultar qué era esa palabra por la que habían votado, e incluso para preguntar qué era la Unión Europea, signo inequívoco de que no estaban conscientes de las implicaciones de su sufragio. Y peor aún, uno de los promotores del divorcio continental admitió que no era cierta una de las promesas que más atrajo a los votantes, la de destinar a la salud pública los millones de libras que Reino Unido dejará de dar como cuota a la Unión Europea.

Sea en un pequeño pueblo del sur mexicano o en las islas británicas, la moraleja es inevitable: la desinformación envenena.

                Twitter: @Fabiguarneros

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