Basave y el PRD

La designación de Agustín Basave al frente del Partido de la Revolución Democrática fue producto de un acuerdo cupular destinado a evitar la escisión interna, y la fractura entre las distintas tribus que conforman ese instituto político. El mal resultado de las ...

La designación de Agustín Basave al frente del Partido de la Revolución Democrática fue producto de un acuerdo cupular destinado a evitar la escisión interna, y la fractura entre las distintas tribus que conforman ese instituto político. El mal  resultado de las elecciones de junio pasado y el hecho de que Nueva Izquierda y sus aliados de entonces se hayan hecho del control total del partido después de comicios internos reconocidos como válidos por todos sus integrantes, tenía al PRD al borde de una crisis que llevaría a muchos de sus integrantes a alinearse con López Obrador en Morena.

La renuncia de Carlos Navarrete a la dirección del partido y el nombramiento de un “externo” para conciliar posiciones entre las distintas corrientes, partía del principio según el cual el nuevo presidente estaba autorizado para llevar a cabo alianzas con la izquierda y la derecha, en un intento por no quedar marginado del proceso electoral de este año. Ante la negativa de López Obrador de tender puentes de comunicación con el PRD, incluso, con la figura de Basave quien fue un fiel impulsor de su candidatura presidencial en las dos ocasiones en las que contendió, el flamante presidente perredista optó por buscar a los panistas e ir con ellos en casi todas las candidaturas para gobernador.

El asunto se complicó, principalmente, en tres frentes: Veracruz, Puebla y Tlaxcala, donde los opositores a las alianzas veían imposible obtener un beneficio político o electoral al aliarse con el PAN. En Veracruz por dos razones principales: primero la importancia de esa entidad por el número de electores que quedarían a merced de un gobernador panista operando para su candidato presidencial en el 2018, y segundo por la figura de Miguel Ángel Yunes, considerado inelegible para los círculos dirigentes perredistas, aunque no necesariamente para el perredismo veracruzano.

En el caso de Puebla podría aplicarse el mismo principio. Antonio Gali actual alcalde de la capital poblana, se perfila como la opción de Moreno Valle para la gubernatura, y como su operador ante una eventual candidatura presidencial panista del actual mandatario. Por eso la alianza en Puebla se complica aún más que la de Veracruz, en la medida en que el acuerdo con el PAN implica un impulso formidable para un posible adversario en la carrera hacia Los Pinos. En Tlaxcala el tema está ligado a dos senadoras, una por el PAN —Adriana Dávila— y otra por el PRD —Lorena Cuéllar— ambas sosteniendo ser punteras en las encuestas y negándose a declinar por un acuerdo cupular de sus respectivos partidos.

Para Acción Nacional, la alianza con el PRD implica un apoyo en aquellos estados donde requeriría de los votos de la izquierda para rebasar al PRI sin que esto genere mayores tensiones al interior de su partido. En el caso del sol azteca, la decisión implica, además, una lucha entre aliancistas y aquellos otros que insisten en que ir con el PAN destruye aún más la identidad de izquierda opositora perdida en el Pacto por México y más aún tras la salida de su filas de AMLO y la conformación de Morena.

Basave apuesta por las alianzas como forma de legitimar su designación como presidente del partido. Un triunfo de las candidaturas aliancistas abriría la puerta para acuerdos de mayor envergadura en el futuro cercano. Una derrota en aquellos estados donde el PRD designe candidatos sería un fracaso para el presidente del partido, pero también para la línea de izquierda moderada reacia a cualquier acuerdo con López Obrador en el 2018. Alianzas con candidatos triunfadores,  y sin generar rupturas internas representarían el relanzamiento del PRD como partido de izquierda ganador. En el caso contrario sería el fin para esta opción política.

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