Los riesgos
La política es, sin duda, una actividad extrema. Los riesgos a tomar son enormes si es que se quiere tener la fuerza suficiente para escalar hasta la cima y conseguir el objetivo anhelado. La lista de políticos fracasados o en desgracia es mucho mayor que la de aquellos ...
La política es, sin duda, una actividad extrema. Los riesgos a tomar son enormes si es que se quiere tener la fuerza suficiente para escalar hasta la cima y conseguir el objetivo anhelado. La lista de políticos fracasados o en desgracia es mucho mayor que la de aquellos que tuvieron éxitos en sus propósitos. Uno de los obstáculos presentes para aquel que logra obtener un espacio en la toma de decisiones, es la tentación de enriquecerse en el puesto. Desde los más bajos niveles del poder hasta la cúspide del mismo, hemos visto desfilar a un sinnúmero de políticos enriquecidos de manera ilegal, como parte de los beneficios de un sistema donde la impunidad es la mejor garantía para hacer negocios al amparo del poder.
Pero para aquellos que el tema político no pasa necesariamente por la acumulación de capital en forma indiscriminada, los riesgos para el ascenso se ubican en su capacidad para entender los mensajes ocultos del juego político y actuar en consecuencia. Este es el trabajo que tienen hoy todos los que aspiran a una candidatura presidencial al tratar de medir los tiempos para entender los mensajes y tomar las decisiones acertadas.
Así, mientras el tema de la seguridad es vital para personajes como Osorio Chong o los gobernadores como Graco Ramírez, Moreno Valle o el jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, en la medida en que los resultados de sus respectivas gestiones se evaluarán en un alto porcentaje con base en este indicador, figuras como Aurelio Nuño y Luis Videgaray se alejan de este tema en un intento por resaltar otras áreas menos conflictivas desde las cuales seguir impulsando sus eventuales candidaturas. En este sentido, políticos como López Obrador o Margarita Zavala, si bien no cuentan con la exposición mediática de los funcionarios antes citados, poseen la ventaja de poder incursionar en cualquier área sin correr el riesgo de ser cuestionados directamente por una acción u omisión determinada.
Es por ello que estos dos aspirantes pueden correr riesgos mayores al no situarse en el centro de la atención pública, pero simultáneamente carecen del impacto positivo que una decisión acertada pueda tener en la opinión de los posibles votantes. De esta forma, Aurelio Nuño estará centrando todas sus baterías en la instrumentación de la Reforma Educativa, desde donde ha logrado posicionarse como una opción viable para 2018. En el caso de Osorio Chong, la recaptura de El Chapo lo vuelve a situar en la primera fila de la contienda dentro del PRI. Lo que hace seis meses parecía su tumba política, es hoy su plataforma para el relanzamiento.
Para los gobernadores la situación es más compleja. Rafael Moreno Valle tiene la ventaja de poder presentar resultados positivos en su gestión de gobierno, tanto en la seguridad como en el ámbito económico, pero su proyección nacional se encuentra acotada por su propia posición local, que no le permite ser conocido más allá del centro del país. Por su parte, Graco Ramírez, quien había apostado su capital político a revertir el clima de inseguridad heredado de la administración anterior en Morelos, se hunde en medio de la guerra entre Los Rojos y Guerreros Unidos y a partir de haber perdido la capital del estado a manos de un partido-negocio como lo es el Socialdemócrata de la familia Yáñez, y un exfutbolista ignorante llamado Cuauhtémoc Blanco.
Llegó la hora de tomar riesgos, de hacer apuestas que reviertan la carga negativa por la inseguridad, el aislamiento o el temor por enfrentar a los contendientes. Suponer que se obtiene la candidatura presidencial nadando de muertito es craso error. Audacia y decisión es el nombre del juego. A tomar riesgos.
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