Los presidenciables
Al entrar en la segunda mitad del sexenio peñista, la especulación sobre la sucesión para el 2018 empieza a delinear el perfil de los próximos candidatos dentro de los partidos. Hay que recordar que la campaña de Peña Nieto comenzó desde la gubernatura del Estado de ...
Al entrar en la segunda mitad del sexenio peñista, la especulación sobre la sucesión para el 2018 empieza a delinear el perfil de los próximos candidatos dentro de los partidos. Hay que recordar que la campaña de Peña Nieto comenzó desde la gubernatura del Estado de México, y para la mitad de la administración de Calderón, ya estaba posicionado como la opción priista más aventajada frente a otros aspirantes. Por su parte López Obrador fue siempre la opción perredista frente a un Ebrard que no tuvo las agallas para enfrentar al tabasqueño, y los panistas con Cordero como la opción de Calderón finalmente derrotado por Vázquez Mota.
En este momento, como hace seis años, las candidaturas dependen tanto de factores externos como de otros al interior de los partidos. Buenos resultados en los comicios para elegir gobernadores le abren la puerta a los partidos para operar en el 2018. Por el contrario aquéllos que fracasen en obtener triunfos en entidades importantes, tendrán que iniciar su lucha por la presidencia con una desventaja significativa. Por ello estados como Puebla y Veracruz se presentan como claves para la elección presidencial, tanto por el número de votantes que concentran, como por la presencia de un potencial candidato panista —Moreno Valle— cuyas aspiraciones dependen directamente del resultado en su entidad.
Aunque en estos estados los gobernadores electos sólo ejercerán el mando por un periodo limitado de dos años, serán ellos los encargados de operar la elección presidencial del 18. Para el PAN donde Margarita Zavala disputa la candidatura al poblano Moreno Valle, una derrota en la entidad camotera abriría el camino a Zavala, pero dañaría la imagen y fuerza de los blanquiazules en un territorio con fuerte presencia panista. Para los priistas, el tema de mantener las gubernaturas en su poder y añadir otras más representaría una ventaja adicional para el 2018, además de un ascenso en las posiciones de Manlio Fabio Beltrones como presidente del partido y Osorio Chong en la operación política. Los otros dos alfiles del priismo, Videgaray y Nuño, esperan un buen resultado de los candidatos priistas, aunque sin un carro completo que favoreciera en demasía a sus otros dos competidores. Pero es en la izquierda donde el tema se complica por la división interna y por la falta de una fuerte candidatura perredista capaz de competir con el liderazgo de López Obrador. La debilidad del PRD y Morena en los estados donde habrá elecciones, obliga a estos últimos a ir con el PAN para montarse en una eventual victoria de la coalición, mientras que el partido de AMLO tendrá que repuntar con base en su único activo que tiene, que es la figura del tabasqueño.
Y es aquí donde las candidaturas independientes asociadas a uno u otro partido tratarán de impulsar este doble juego de presentarse como alejadas de las instituciones políticas, al mismo tiempo que necesitan de ellas para llegar al poder. Es éste el caso de Mancera, quien pretende convertirse en el candidato perredista a la Presidencia, con la posibilidad de correrse hacia el centro con la bandera de la independencia partidaria.
Es claro que si PRI, PAN, PRD y Morena presentan cada uno de ellos un candidato a la primera magistratura del país, el vencedor lo hará con un porcentaje muy alejado de la mayoría absoluta, a menos que una reforma política imponga la segunda vuelta. La fragmentación del voto reduciría la fuerza de los candidatos y aumentaría el poder de los aparatos partidarios donde el llamado voto duro sería determinante para el resultado. Hoy los presidenciables arrancan en escenarios inciertos, donde partidos y candidatos carecen de reglas claras para saber cómo se gana la contienda. Ensayo y error parece ser la receta.
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