El miedo

El temor por la incertidumbre sobre el futuro es un factor humano nada despreciable a la hora de tomar decisiones para cualquier persona. Cuando esta consideración se eleva al nivel de lo político, se potencia en forma descomunal, al grado de provocar actitudes ...

El temor por la incertidumbre sobre el futuro es un factor humano nada despreciable a la hora de tomar decisiones para cualquier persona. Cuando esta consideración se eleva al nivel de lo político, se potencia en forma descomunal, al grado de provocar actitudes irracionales en todo aquel que es capaz de percibir los cambios en el poder como determinantes para él o sus familiares y amigos. El discurso de los candidatos en campaña o de los mandatarios en funciones tiene la fuerza suficiente como para influir en los mercados financieros, pero también en el ciudadano de a pie que sabe que uno u otro político tiene la fuerza para acabar con su seguridad, su patrimonio e incluso con la  vida misma.

Es por eso que el miedo es un arma letal cuando se acompaña de realidades complejas y amenazas de inestabilidad fácilmente perceptibles para la sociedad en su conjunto. El miedo al cambio en la elección presidencial de 2000 no fue suficiente para detener la ola de protesta social que llevó a Fox a Los Pinos. Seis años después, el lenguaje prepotente y amenazador de López Obrador y una efectiva campaña, por parte del PAN, para atizar el temor sobre su eventual llegada al poder, provocaron la pérdida de la  Presidencia para el tabasqueño por unos cuantos votos.

La búsqueda de estabilidad y seguridad se vuelven elementos irrenunciables tanto para los sectores más favorecidos de la sociedad, como para clases medias y sectores populares que temen que el cambio pueda dañar su vida, pertenencias y modo de vida, al asumir el mando del país un gobernante cuyo proyecto supone una ruptura con la continuidad establecida. Y es que junto a los millones de pobres que aún tiene México, el crecimiento de una clase media poseedora de niveles de consumo nunca vistos antes, producto de la modernización tecnológica y una baja inflación, se convierte en factor determinante para la planeación de estrategias electorales.

Así como el error marxista de pensar que los trabajadores no tenían que perder “más que sus cadenas” para arriesgarse a una revolución —lo que no sucedió por  la incorporación de la clase obrera a los beneficios del sistema capitalista en Europa occidental—, obligó a replantear la lucha de los obreros en esos países, la propuesta de un proyecto para salvar a los pobres de México a costa de los empresarios y las propias clases medias, provoca enorme temor entre aquellos que poseen riqueza, pero también entre aquellos otros que no están dispuestos a perder lo poco o mucho que han logrado obtener para ellos y sus familias.

Las experiencias populistas de Venezuela y Argentina, donde en nombre del socialismo y la justicia social se han empobrecido tanto clases medias como sectores populares, abren la puerta para la existencia de un temor fundado en relación a la posibilidad de ver esas opciones políticas como viables para nuestro país. El miedo al ascenso de López Obrador en 2006 fue un factor que afectó sensiblemente la votación en favor de la panista Vázquez Mota, quien, al ir en declive, propiciaba el ascenso del tabasqueño, por lo que muchos de sus seguidores la dejaron y votaron por el PRI ante el temor de un eventual triunfo del entonces candidato perredista.

El miedo provocado por percepciones o realidades, cuenta a la hora de votar. De la capacidad de los políticos para mantener un discurso de certeza y confianza y eliminar así el temor que sus opositores tratarán de adjudicarle, depende en mucho el éxito o fracaso de una candidatura. López Obrador lo intentó en 2012 y lo volverá a intentar en 2018. El problema es que se lo crean.

                Twitter: @ezshabot

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