Morena vs. PRD

El tema de las extorsiones en delegaciones como la Cuauhtémoc y otras era algo recurrente entre vendedores ambulantes y comerciantes establecidos.

La división de la izquierda mexicana en, al menos, dos grandes facciones, responde a la incapacidad de seguir articulando un proyecto unitario sin un caudillo común que resuelva de una u otra forma las diferencias. Mientras Cuauhtémoc Cárdenas primero, y después Andrés Manuel López Obrador poseían la última palabra en todo lo referente a las decisiones trascendentales del partido, nadie cuestionaba las resoluciones y al viejo estilo del presidencialismo absoluto priista, se sometían al líder máximo para volver a tener en el futuro posibilidades de recibir el beneplácito del tlatoani. La ruptura con López Obrador en el 2013 significó para el Partido de la Revolución Democrática el fin de la era de los liderazgos carismáticos e intocables.

El surgimiento de Morena fue prácticamente la reedición de un partido construido en torno al jefe máximo que llegó a los absurdos de nombrar candidatos a puestos de elección popular por la vía de rifas, en una clara muestra del nivel de irracionalidad con la que se conduce el caudillo morenista. Pero para el PRD, el resultado de la ruptura no fue el de la reconstrucción de una izquierda moderna ajena al pasado autoritario y estatista. La rebatiña por el poder entre las tribus no alineadas al nuevo liderazgo no carismático, hizo imposible que un proceso de elección basado en los votos de los militantes, se sostuviera una vez aceptado el fracaso en la elección de junio pasado.

El más afectado por esta situación fue el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, quien de un momento a otro no sólo pierde la mayoría en la Asamblea Legislativa, sino tiene que enfrentar la embestida de Morena principalmente en las figuras de los dos jefes delegacionales cuya función primordial es garantizar que Mancera llegue lo más dañado al 2018, ellos son Ricardo Monreal y Claudia Sheinbaum. Por supuesto que el activismo político de estos personajes hace caso omiso del pasado histórico de abusos y corrupción existentes en la Ciudad de México desde hace muchos años.

Durante la administración de López Obrador en la capital, el tema de las extorsiones en delegaciones como la Cuauhtémoc y otras era algo recurrente entre vendedores ambulantes y comerciantes establecidos. Gran parte del financiamiento de las campañas políticas de la ciudad e, incluso, de la presidencial, se hicieron con esos recursos que hoy Monreal descubre con sorpresa e indignación. Y eso sin mencionar el tema del segundo piso del Periférico donde la información sobre su financiamiento sigue oculta y cuya responsabilidad recae en Claudia Sheinbaum.

Uno pensaría que la lucha política entre el Partido de la Revolución Democrática y Morena por demostrar quién gobierna mejor en la ciudad, sería en beneficio de una ciudadanía hastiada de un transporte ineficiente, baches por doquier, tráfico y embotellamiento, además de bloqueos y manifestaciones constantes, pero esto no parece ser así. La guerra entre las dos facciones de la izquierda se enfoca más en destruir al enemigo, que en resolver las carencias de una compleja y dañada ciudad. Para Miguel Ángel Mancera el reto se centra en demostrar su habilidad política para manejar la ciudad en medio de la embestida morenista, al mismo tiempo que construye una candidatura presidencial de mano de un Partido de la Revolución Democrática que todavía no define claramente su nuevo perfil ideológico y sus posibles alianzas.

La confrontación entre las dos facciones de la izquierda en la Ciudad de México, augura una verdadera feria de golpes bajos que, de hecho, han comenzado ya. Ricardo Monreal jugando a ser candidato a jefe de Gobierno e impulsando a Andrés Manuel López Obrador para la grande, mientras Mancera trata de recomponer la imagen de liderazgo que ha venido perdiendo en sus primeros tres años de gobierno. Así está la izquierda mexicana en este momento.

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