La ciudad

La figura de Ricardo Monreal en la delegación Cuauhtémoc se presenta como una especie de gobierno paralelo de Morena.

El potencial político de la Ciudad de México y la concentración de poder económico y mediático, la sitúan no sólo como la sede de los Poderes federales, sino también como un catalizador de conflictos que en ocasiones llega a generar una imagen fragmentada del Estado mexicano en su conjunto. Desde el Distrito Federal se han construido candidaturas presidenciales como las de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, al mismo tiempo que un partido como el de la Revolución Democrática se proyecta a nivel nacional, sin que exista otra entidad en la que posea la fuerza que en la capital del país. Ganar la Ciudad de México representa para cualquier político, una plataforma inmensa para armar una candidatura presidencial con miras al 2018.

La figura de Miguel Ángel Mancera logró capitalizar en 2012 el impulso político derivado de la administración Ebrard.  De hecho, el resultado electoral de entonces donde Mancera gana de forma apabullante refleja claramente el poder político alcanzado por Marcelo y que desperdició al no querer enfrentar a AMLO al interior del PRD. La desavenencia entre Mancera y Ebrard, el tema de la Línea 12 del Metro, y una estructura autónoma de las delegaciones políticas  muchas de ellas convertidas en verdaderas cuevas de bandidos, terminaron por dañar la popularidad del jefe de Gobierno y abrirle la puerta a la oposición en la persona de López Obrador.

Morena consiguió así arrebatarle al PRD y a Mancera una buena tajada del poder político de la capital, fijando una agenda de austeridad y transparencia económica que nunca se vio en la administración de Andrés Manuel. El llamado de Morena a construir un gobierno éticamente intachable en la capital del país, responde claramente a una estrategia destinada a reducir al mínimo la cantidad de recursos disponibles desde la jefatura de Gobierno, y que en su momento fueron fundamentales para la campaña de AMLO en el 2006. La figura de Ricardo Monreal en la delegación Cuauhtémoc se presenta como una especie de gobierno paralelo de Morena, interesado en recaudar los fondos necesarios para su próxima campaña electoral y la de su propio jefe.

A Miguel Ángel Mancera le es urgente recuperar la confianza perdida en el desgaste de tres años de gobierno. Rehacer la imagen de una ciudad viable a través de acciones que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos y que sea perceptible para ellos, se presenta como una prioridad inmediata. Movilidad urbana, transparencia en el uso del suelo, reconstrucción a fondo de una carpeta asfáltica y banquetas cuyos baches y cráteres  son hoy un peligro de muerte para peatones, y automovilistas, así como el tema de la seguridad, son hoy el desafío para un jefe de Gobierno que quiere ser Presidente de la República.

Para ello, Mancera tendrá que encontrar la manera de obligar a los jefes delegacionales, incluyendo a Monreal, a someterse al control y disciplina de un gobierno central que limite sus excesos y castigue los abusos de poder similares a los de algunos gobernadores de este país. Las delegaciones, hoy convertidas en centros de recolección de fondos para campañas políticas a través de la corrupción y el chantaje a la ciudadanía, son un verdadero obstáculo para la recuperación de la ciudad. La pluralidad presente en la Asamblea Legislativa obligará a Mancera a negociar con priistas y panistas para detener la avalancha de Morena cuyo objetivo es sacar de la jugada presidencial al jefe de Gobierno, poniéndole todos los obstáculos posible para que su gestión fracase.

Hoy la Ciudad de México es un botín político que no le permite a sus habitantes percibir positivamente a la administración Mancera. Es hora de dar el golpe de timón que le regrese a la ciudad su capacidad de generar una visión positiva de la realidad.

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