Ganar con Manlio

El Manlio que fue el interlocutor del gobierno con la oposición de manera efectiva, tendrá que transformarse en el orquestador de alianzas políticas.

La llegada de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia del PRI pasa por dos factores fundamentales. El primero, producto de la habilidad del sonorense para procesar la agenda legislativa de Peña en la Cámara de Diputados y, el segundo, el resultado obtenido en Sonora, donde su candidata, Claudia Pavlovich, consiguió arrebatarle al PAN la gubernatura del estado. Fue también Manlio el que cedió en sus aspiraciones presidenciales en 2011, cuando le fue claro que Peña Nieto era la carta fuerte del PRI para regresar a Los Pinos. Tanto Peña como Beltrones partieron de la experiencia anterior, donde un Roberto Madrazo empecinado con el poder fue capaz de destrozar al PRI en 2006.

Es esta la misma lógica que llevó al Presidente de la República a aceptar la candidatura de Eruviel Ávila al gobierno del Estado de México, por encima de sus preferencias particulares. Se trata de ejemplos claros de pragmatismo político, en donde las amistades y gustos se tienen que sacrificar en aras de mantenerse en el poder y gobernar, según su proyecto de nación. A la mitad del sexenio y habiendo cumplido con la aprobación de las reformas estructurales que cambiarán la fisonomía del país en los próximos años, el papel del PRI y su nuevo dirigente será el de preparar el camino para las elecciones de gobernadores el próximo año, y la propia sucesión presidencial de 2018.

El Manlio que fue el interlocutor del gobierno con la oposición de manera efectiva, tendrá que transformarse en el orquestador de alianzas políticas de todo tipo, con el objetivo de enfrentar a la muy probable alianza entre panistas y perredistas para las elecciones del próximo año. Ganar Puebla para intentar descarrilar la candidatura presidencial de Moreno Valle estará en su agenda, así como recuperar espacios en el sur del país y así evitar el relanzamiento de López Obrador en su objetivo de competir por la silla grande en un par de años.

El temor por la llegada de Manlio al PRI por parte del círculo cercano a Peña radicaba en la posibilidad de que, de una u otra forma, el sonorense aprovechara su posición de dirigente para impulsar su propia candidatura presidencial. La alternativa a eso era dejar a Manlio fuera del aparato partidario, lo que abría la posibilidad de una candidatura independiente o insertarlo en el gabinete, desde donde su control parecía imposible. La decisión tomada satisface, por el momento, a las dos partes. Beltrones ocupa una visible posición de poder para los próximos años, y el Ejecutivo federal confía en la capacidad de un excelente operador político para los procesos electorales que se avecinan.

El riesgo de que un buen resultado en los comicios de 2016 acelere las aspiraciones presidenciales de Manlio fue considerado por Peña como el menor de los problemas dadas las actuales circunstancias. En todo caso, y si el primer mandatario sigue manteniendo el pragmatismo que lo llevó a ganar la silla presidencial, lo que hará es simplemente dejar correr a los distintos aspirantes a ganar la candidatura tricolor, para, finalmente, endosar su apoyo a quien considere la carta más competitiva para 2018.

Apoyar a amigos y aliados está en la agenda de Peña, pero no el garantizarles posiciones en caso de cometer errores o excesos incapaces de ser justificados ante la ciudadanía. Ésta ha sido la constante en esta administración, donde el círculo cercano al Presidente sabe muy bien que un personaje externo al grupo tiene posibilidades reales de ser la apuesta del Presidente para la elección presidencial. Se trata de ganar y no de adecuar la realidad a los gustos o intereses de otros. Al menos así ha funcionado hasta ahora.

                Twitter: @ezshabot

Temas: