Turquía, Suecia y la OTAN

Parece asomar en el horizonte la posibilidad de que Suecia consiga pronto su ingreso a la OTAN. El martes pasado el ministro del Exterior turco, Hakan Fidan, señaló que habría posibilidad de aprobarlo, siempre y cuando Suecia “hiciera su tarea” para abordar las preocupaciones de Turquía e impedir provocaciones.

Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, el temor a las ambiciones de Putin se apoderó de sus vecinos Finlandia y Suecia. Ambas naciones habían sostenido hasta entonces un estatuto de neutralidad, puesto que nunca ingresaron a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Pero ante el nuevo panorama de voracidad rusa, ser miembros de la citada organización se convirtió en una especie de salvaguarda necesaria. El problema que de inmediato surgió fue que, para concretar su ingreso, tenían que contar con la aprobación de la totalidad de los integrantes de la OTAN, tal como lo establece la normatividad que la rige. Y Turquía, como miembro suyo desde su creación en 1949, sostuvo una postura negativa, que si bien cambió en abril pasado en el caso de Finlandia –desde entonces miembro ya de la OTAN– no lo ha hecho aún en el de Suecia.

Las objeciones turcas han tenido que ver principalmente con el asilo y trato de Suecia a presuntos militantes turcos del proscrito partido kurdo PKK, a los cuales el gobierno de Erdogan califica como terroristas que amenazan su seguridad nacional, y por tanto merecerían ser objeto de extradición y juicio. Otro de los reclamos es que ya en dos ocasiones se han registrado quemas del Corán en Suecia –una de ellas realizada por un individuo frente a la embajada de Turquía– con la consiguiente indignación de régimen turco, de claro perfil islamista. Y también Turquía exigió, desde un principio, que ambas naciones nórdicas levantaran el embargo de la venta de armas impuesto desde tiempo atrás a Ankara.

Sin embargo, parece asomar en el horizonte la posibilidad de que Suecia consiga pronto su ingreso a la OTAN. El martes pasado el ministro del Exterior turco, Hakan Fidan, señaló que habría posibilidad de aprobarlo, siempre y cuando Suecia “hiciera su tarea” para abordar las preocupaciones de Turquía e impedir provocaciones. Además, está previsto que el lunes próximo se reúnan en Vilna el presidente Erdogan y el primer ministro sueco Ulf Kristersson, pocos días antes de la reunión cumbre de la OTAN que se celebrará el 11 y 12 de julio en su sede central en Bruselas.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se mostró optimista al respecto, lo mismo que el ministro de Relaciones Exteriores sueco, Tobias Billström, quien afirmó que su país había cumplido con sus obligaciones hacia Turquía.

No cabe duda que, más allá de obtener ganancias en el tema de los militantes kurdos del PKK, ya neutralizados, hay algo más que Erdogan ha extraído gracias a mantenerse firme en su obcecación de no acceder al ingreso de Suecia a la OTAN. Se trata de la aprobación del gobierno de Biden de la venta a Ankara de los jets de combate F-16, luego de que el Congreso se resistió a ello durante mucho tiempo. En cierta forma se trató de un quid pro quo. Al parecer, Turquía se ha convencido de los beneficios de inclinarse más hacia el bando ucraniano, por lo que habrá que ver qué resultados se obtienen del encuentro que se dio ayer entre Erdogan y Zelenski, en el que el ucraniano trataría el tema del ingreso de su país a la OTAN y el del suministro de armas.

Cabe agregar que Hungría, también miembro de la OTAN, ha sido el otro país que se ha resistido al ingreso de Suecia. Al ser el gobierno húngaro, encabezado por el dictador Viktor Orban, un simpatizante de Putin más que de Zelenski, se ha permitido seguir la ruta turca en este tema, por lo cual es de esperarse que si Erdogan cede en próximas fechas en cuanto al ingreso de Suecia, Hungría también lo hará, tal como lo ha declarado recientemente el ministro de Exteriores húngaro, Peter Szijjarto.

Por otra parte, el presidente Putin ha radicalizado cada vez más sus declaraciones acerca de la OTAN, amenazándola con que podría ser arrastrada a la guerra si continúa abasteciendo de armas a Ucrania. Sin embargo, es claro que sus amenazas han perdido impacto en la medida en que su figura y su gobierno han sufrido el embate de un intento de golpe de Estado por parte de las milicias Wagner. A pesar de que el golpe no prosperó, quedó al descubierto la fragilidad del autócrata de Moscú, cuyo desgaste ha sido patente a lo largo del casi año y medio que lleva su aventura bélica en Ucrania, una aventura en la que las cosas evidentemente no le han salido como supuso al principio.

Temas: