Turquía, Rusia y Occidente: simbiosis
Las esperanzas siguen puestas en la mediación turca, ya que ambos líderes mantienen una relación de interdependencia con equilibrios muy frágiles en los que abundan los malabarismos para sostenerla.
Uno de los más graves problemas derivados de la invasión rusa a Ucrania fue el bloqueo ruso a las exportaciones de granos ucranianos a través del Mar Negro. Ucrania es uno de los mayores productores de cereales del mundo –representa 15% del mercado global de maíz, 13% del de cebada y 10% del de trigo– por lo que un buen número de países, muchos de ellos pobres y sumamente dependientes de tal abasto, sufrieron las consecuencias durante semanas. Hasta que, en julio de 2022, Turquía, vecino cercano de la zona de guerra, logró mediar para convencer a Putin de permitir la salida de los cereales, con lo que el peligro de una agudización de las crisis alimentarias desatadas en diversas regiones, se conjuró. Erdogan se anotó entonces un triunfo diplomático de consideración que acrecentó la estatura de su liderazgo.
En noviembre, marzo y mayo pasados, el citado acuerdo se renegoció, pero desde hace poco más de dos semanas Moscú reimpuso el bloqueo y manifestó no estar dispuesto a ceder si no se le cumplen ciertas demandas. ¿Qué está exigiendo Putin? El retiro de las sanciones a sus compañías de fertilizantes, la reconexión de la banca agrícola rusa al sistema internacional de pagos SWIFT, y la reanudación del abasto de partes de maquinaria necesarias para su agricultura, que Rusia no está en capacidad de producir. Hasta el momento, no ha habido acuerdo, a pesar de las pláticas celebradas entre el ministro de relaciones exteriores turco Hakan Fidan, el ruso Sergei Lavrov, y el secretario general de la ONU, António Guterres.
El miércoles pasado, Erdogan y Putin tuvieron una conversación telefónica para tratar esos temas, pero no se reportaron avances. Sin embargo, las esperanzas siguen puestas en la mediación turca, ya que ambos líderes mantienen una relación de interdependencia con equilibrios muy frágiles, en los que abundan los malabarismos para sostenerla. El pragmatismo es la norma que rige tal relación, por lo que hay posibilidad de un regateo continuo entre ellos.
Al respecto, es interesante constatar cómo se van dando los acomodos entre ambos. Una cara de la moneda es cómo Erdogan ha tomado recientemente, después de su última reelección, decisiones adversas a Moscú, a saber, la aceptación turca del ingreso de Suecia a la OTAN por tanto tiempo rechazada, lo mismo que comentarios a favor de la posibilidad de un eventual ingreso de Ucrania a la Alianza Atlántica. Lo cual revela la necesidad de Ankara de sostener también en buenos términos su relación con Occidente, socio e interlocutor suyo en una diversidad de áreas clave para la economía turca, cuya crisis sigue siendo de una severidad más que preocupante. Su inflación anual, medida en julio, fue de 50%.
La otra cara de la moneda estriba en la necesidad que tiene Moscú de contar con un mediador que le sea útil para negociar con Occidente en vista de su situación de aislamiento y de sanciones a partir de la invasión a Ucrania. El ejemplo de lo que actualmente ocurre en el tema de la negociación para conjurar el bloqueo de la exportación de cereales ucranianos arriba descrito, revela la importancia que para Putin tiene la figura de Erdogan como intermediario. A su vez, el mandatario turco necesita conservar una buena relación con Moscú para salvaguardar su seguridad geoestratégica y tener un elemento de apoyo en caso de diferencias importantes con el bloque occidental, del cual forma parte, aunque no del todo.
En el reporte que se difundió de la reciente conversación telefónica entre Putin y Erdogan destacó el comentario de que éste agradeció a su interlocutor el envío de aeronaves rusas para extinguir los fuertes incendios que estallaron en la costa sur de Turquía, y el apoyo para la atención de los numerosos turistas rusos que acostumbran vacacionar justamente ahí.
La compleja red de intereses ruso-turco-occidentales arriba descrita, bien podría definirse como una interesante simbiosis de la que todos pretenden sacar provecho, pero en la que se alternan constantemente ganadores y perdedores. El cálculo del costo-beneficio implicado en cada situación es en esta dinámica, una constante, cuyos resultados son, por lo general, impredecibles. Un ejemplo más de cómo la incertidumbre campea a sus anchas en el escenario global actual. Así que, volviendo al caso del bloqueo ruso a las exportaciones de cereales, difícil saber cuándo se resolverá y cuánto daño se habrá infligido mientras tanto a quienes dependen alimentaria y económicamente de ellas.
