Trump teje alianzas

El sueño de Trump respecto a Oriente Medio ha sido, desde su primer mandato, el conseguir que Arabia acepte incorporarse a los Acuerdos de Abraham. Un logro como ése sería indudablemente el punto de inflexión crucial para desencadenar un dominó de naciones árabes y musulmanas dispuestas a seguir a Riad en el reconocimiento a Israel

El lunes se realizó un encuentro en la Casa Blanca entre el presidente Trump y el mandatario sirio Ahmed al-Sharaa. Fue un notable acontecimiento ya que se trataba de la primera vez ,desde que se fundó el Estado sirio en 1945, que un presidente de ese país visitaba Washington. Ya desde el encuentro de ambos hace meses en Arabia Saudita, se había hecho patente la empatía entre ellos, pues en ese momento Trump anunció que las sanciones que pesaban sobre Damasco desde hace más de una década debían desaparecer en la medida en que Al-Sharaa le parecía un hombre confiable y además “apuesto”. Al parecer, el pasado de militante en Al Qaeda del nuevo presidente sirio no constituyó un obstáculo para la evaluación positiva que Trump hizo de él.

En esta última ocasión, si bien Al-Sharaa comunicó que no estaba dispuesto a incorporarse a los Acuerdos de Abraham por persistir serias diferencias con Israel, se manifestó, sin embargo, abierto a que los dos mil efectivos militares de EU desplegados en Siria se mantengan ahí, siempre y cuando actúen en coordinación con el gobierno sirio. En ese contexto, los frecuentes contactos entre Trump y el gobierno turco de Erdogan también han servido para establecer los límites aceptables de presencia militar turca en territorio sirio. Porque hay que recordar que la minoría kurda residente en Siria ha sido tradicionalmente apoyada por EU, mientras que a ojos de Ankara los kurdos sirios constituyen una amenaza al ser presuntamente cómplices de la subversión kurda en tierras turcas.

La próxima semana llegará a Washington, también en visita oficial, el príncipe Saudita Mohamed Bin Salman (MBS). El sueño de Trump respecto a Oriente Medio ha sido, desde su primer mandato, el conseguir que Arabia acepte incorporarse a los Acuerdos de Abraham. Un logro como ése sería indudablemente el punto de inflexión crucial para desencadenar un dominó de naciones árabes y musulmanas dispuestas a seguir a Riad en el reconocimiento a Israel y la normalización de relaciones con el Estado judío. Oriente Medio se reconfiguraría y estabilizaría así al amparo del paraguas estadunidense, neutralizando las ambiciones de Irán de fungir como potencia hegemónica en la zona. Indudablemente se trataría de un logro tan importante a nivel global, que haría a Trump merecedor del Nobel de la Paz al que tanto aspira, además de constituir un legado que tal vez pudiera atenuar el gran peso de la parte oscura de su gestión en tantos temas locales y globales de gran relevancia.

El ingreso de Arabia Saudita a los Acuerdos de Abraham es, sin embargo, algo que está siendo complicado conseguir por más que Trump lo promueva. El príncipe MBS ha dejado en claro, una y otra vez, que eso ocurrirá sólo cuando Israel emprenda con seriedad el camino político y diplomático destinado a resolver la cuestión palestina. Pero el gobierno israelí actual, de línea dura de ultraderecha, y la atmósfera de desconfianza derivada de la guerra que desató Hamás el 7 de octubre de 2023, no son precisamente elementos que favorezcan una voluntad negociadora de parte de Jerusalén en cuanto a la cuestión palestina, aunque Trump tiene a su favor que de alguna manera se ha vuelto el director de la orquesta en lo que actualmente ocurre en ese escenario y, como tal, posee herramientas para presionar, chantajear y sobornar a los distintos actores regionales a fin de cuadrar las cosas como mejor convenga al cumplimiento de sus objetivos.

Mientras tanto, para continuar avanzando en otros frentes del mismo entorno musulmán, Trump anunció hace una semana que Kazajistán, república exsoviética de población islámica que de hecho sostiene relaciones diplomáticas con Israel desde 1992, ha ingresado a la esfera de los Acuerdos de Abraham. Para los citados Acuerdos esto no significa realmente una incorporación que modifique sustancialmente el statu quo, aunque, por otro lado, para EU resulta conveniente que esa república de Asia Central se aleje de la órbita rusa y china.

Habrá que ver qué resultará del próximo encuentro entre Trump y su invitado MBS. Su relación es básicamente transaccional y es difícil predecir qué se concederá a cambio de qué en esa interacción. Desde luego, hay un buen número de actores internacionales muy pendientes de lo que ahí ocurra, porque sus implicaciones, evidentemente, trascienden los límites de una mera relación bilateral.

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