Sudán, sorpresa para Trump

Es incierto si el gobierno de Trump hará algo al respecto ya que la mayor parte de las armas usadas por las Fuerzas Rápidas de Apoyo le son suministradas por Emiratos Árabes, nación con la cual EU mantiene una relación especialmente estrecha al ser uno de sus importantes aliados.

El presidente Trump recibió en Washington el martes pasado al príncipe Saudita Mohamed bin Salman (MBS), en una visita muy esperada en la que se definiría si EU estaría dispuesto a venderle al Reino árabe los súper avanzados  aviones de combate F-35, y si a cambio Riad aceptaría normalizar relaciones con Israel y cumplir con el compromiso de realizar inversiones multimillonarias en EU. Luego del recibimiento al mandatario árabe con alfombra roja, se anunció que efectivamente los aviones serán entregados a Riad a cambio de las citadas promesas de inversión, aunque nada se concretó sobre el tema de la normalización con Israel, asunto que MBS ha condicionado a que la nación judía encare con seriedad un proceso negociador destinado a resolver la cuestión palestina.  

Fuera de los reflectores, pero divulgado sobre todo por prensa árabe, hubo mención por parte de MBS en el encuentro, del caso particular de la cruenta guerra que cursa en Sudán, donde se registra una crisis humanitaria de dimensiones alarmantes. Lo reportado indicó que a pesar de la gravedad de la situación en Sudán, era la primera vez desde que Trump tomó la presidencia en enero pasado, que éste se enteraba de los horrores que han venido ocurriendo en ese país africano. Si bien el enviado de Trump a África, Massad Boulos declaró recientemente a la Agencia France Press que la guerra sudanesa era la más cruenta y mortífera del mundo actual -13 millones de desplazados, 150 mil muertos y acciones brutales de violaciones, mutilaciones y torturas-, la administración norteamericana no mostró intenciones de invertir capital político en ella en virtud de que sus prioridades han estado centradas en las crisis de Gaza-Israel y Rusia-Ucrania.

Al parecer, apenas ahora Trump ha cobrado conciencia de la tragedia sudanesa. Sus palabras lo expresaron así: “Yo pensé que sólo se trataba de algo loco y fuera de control. Pero justo ahora veo lo importante que es para ti (MBS), y para muchos de nuestros amigos aquí reunidos. Vamos a empezar a trabajar en Sudán”. Poco después escribió en Truth Social que “en Sudán están ocurriendo tremendas atrocidades…trabajaremos con Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Egipto y otros aliados nuestros en Oriente Medio para poner fin a esas atrocidades”.

Habrá que ver si el interés manifestado por Trump ese día se mantiene y lo conduce a intervenir de alguna forma ya que han sido cometidas masacres y toda clase de atrocidades por los dos bandos en guerra: las Fuerzas Militares del gobierno contra las Fuerzas Rápidas de Apoyo. Hace pocas semanas los rebeldes se apoderaron de uno de los reductos gubernamentales más importantes, la ciudad de El Fasher, donde en los últimos días previos a la toma de esa localidad se perpetró una brutal carnicería por parte de la Fuerzas Rápidas de Apoyo.

Es incierto si el gobierno de Trump hará algo al respecto ya que la mayor parte de las armas usadas por las Fuerzas Rápidas de Apoyo son suministradas por Emiratos Árabes, nación con la cual EU mantiene una relación especialmente estrecha al ser uno de sus importantes aliados que, además, alberga la base aérea estadunidense de Al Dhafra, punto central en el mercado energético global. Otra razón para prever una posible continuación de la pasividad de la administración estadunidense similar a la de ahora, es que lo que acontece en Sudán no ha sido un escándalo mundial, a pesar de la magnitud espantosa de esa tragedia humana.

Uno de los diversos factores explicativos de esa indiferencia es que casi no hay cobertura de los medios de comunicación internacionales acerca de lo que ahí sucede. ¿Por qué? Tal vez porque es un asunto que no vende, no interesa. Quienes manejan los medios saben que en el mundo occidental un conflicto que enfrenta a africanos musulmanes entre sí no causa una inquietud ni una indignación lo suficientemente fuertes como para movilizar opinión pública en defensa de uno u otro bando. No hay el más mínimo conocimiento previo de quién es quién en ese escenario, y por lo tanto están ausentes las emociones y presiones políticas que podrían conducir a movilizar esfuerzos a fin de detener la atroz violencia que sigue desangrando a ese país.  

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