Régimen iraní: sus dilemas
El régimen de los ayatolas oscila actualmente entre abrir ciertos espacios a fin de atemperar los ánimos y mantenerse en pie, o reprimir con mano de hierro como lo ha hecho siempre, arriesgándose a que la indignación popular se desborde quizás incontrolablemente
Las condiciones de vida de la población iraní empeoran a pasos agigantados. Las sanciones económicas internacionales recientemente reactivadas han desembocado en una devaluación continua de su moneda, el rial, que actualmente se cotiza en 1.2 millones de riales por dólar, cuando en septiembre era de 1.17 millones por cada unidad de la moneda norteamericana. La inflación medida en noviembre en comparación con la de un año antes se calcula en 66% según el Centro de Estadísticas de Irán, mientras que para los residentes más pobres del país la inflación en el costo de los productos alimenticios ha sido de 42%. Ello enmedio de la más grave escasez de agua que el país haya sufrido jamás, lo mismo que de cortes en el suministro de la electricidad. Para completar el cuadro, está también el desencanto en términos del orgullo nacional, derivado de la guerra de 12 días de junio pasado contra Israel, en la cual Teherán sufrió golpes demoledores.
En esas condiciones generales tan graves, el régimen se enfrenta a un malestar creciente de la población que podría desencadenar un movimiento subversivo cuyos alcances pondrían en riesgo el mantenimiento del sistema teocrático que ha reinado en el país desde 1979 cuando se instauró la República Islámica de Irán. ¿Cómo se está enfrentando ese desafío? Mientras que los sectores duros del conservadurismo oficial se muestran renuentes a hacer concesiones que sirvan como válvula de escape, a fin de aligerar el descontento, existen otras capas del oficialismo con mayor disposición a la flexibilidad a cambio de evitar un nuevo estallido social, como el que se presentó hace tres años con el tema de la muerte de Mahsa Amini en manos de las autoridades por haber tenido mal puesto el hijab que obligatoriamente debe cubrir la cabellera de las mujeres, según las normas de la ley islámica.
La tensión al respecto puede ser detectada sobre todo con lo que pasa en la vida diaria de la población juvenil, la más inclinada a transgredir las estrictas normas religiosas impuestas por el régimen. Es en este segmento demográfico donde han aparecido con más frecuencia intentos por disfrutar de algunas de las prácticas comunes entre las juventudes de países occidentales, en especial reuniones sociales que congreguen a personas de ambos sexos, disfrute de música moderna y de espectáculos atractivos, pero no aceptables dentro de los parámetros de la ley islámica. Es notable cómo últimamente las autoridades parecen hacerse un poco de la vista gorda tolerando esas prácticas, quizá bajo la convicción de que más vale no arriesgarse a que el descontento estalle de manera incontrolada.
Fue así como, a fines de octubre, en varios centros urbanos importantes aparecieron celebraciones callejeras del Halloween, que aunque sufrieron algunos intentos de ser sancionadas, finalmente recibieron de las autoridades sólo una reprimenda mediante la que se advertía que había que mantenerse apegados a las tradiciones y celebraciones islámicas y no pervertir la cultura nacional con prácticas ajenas que podían emparentarse con un paganismo repudiable.
Otra novedad de los últimos meses es que también entre la juventud se ha registrado una tendencia cada vez más pública a enorgullecerse y citar como un bagaje cultural muy valioso con el cual identificarse, a su pasado preislámico de identidad persa. En efecto, al haber sido el Imperio Persa de tiempos de Ciro el Grande un periodo especialmente brillante en términos históricos, el personaje de Ciro y los logros de su imperio se han vuelto objeto de culto para buena parte de la juventud. A fines de octubre, cuando se recuerda la fecha en que el mencionado emperador hizo su entrada triunfal a Babilonia, una nutrida multitud logró realizar, a pesar de las objeciones y obstáculos de parte de las autoridades que pretendían impedirlo, una peregrinación al lugar donde se encuentra la tumba de Ciro.
En síntesis, puede afirmarse que bajo la presión de una realidad económica y geopolítica adversa y de una población cada día más desencantada y crítica, el régimen de los ayatolas oscila actualmente entre abrir ciertos espacios a fin de atemperar los ánimos y mantenerse en pie, o reprimir con mano de hierro como lo ha hecho siempre, arriesgándose a que la indignación popular se desborde, quizás, incontrolablemente.
