Régimen iraní a pique
Las sanciones impuestas por Occidente a lo largo de años a fin de desalentar el empeño iraní por hacerse de un arsenal nuclear –sanciones que han pasado por etapas de rigor diferenciado, pero que se han reimpuesto con mayor severidad durante la actual administración de Trump– han extremado las dificultades económicas del país.
Trece días de protestas multitudinarias en cientos de ciudades de Irán sugieren un muy probable derrumbe del aparato de Estado en manos del gobierno teocrático. Filtraciones revelan que están en marcha planes para una huida a Moscú del ayatola Ali Khamenei y sus cercanos. Hasta el momento se habla de cerca de 50 muertos por la represión y quizá dos mil personas encarceladas. La ira popular se ha desbordado porque, como han declarado algunos de los entrevistados, “no tenemos ya nada más que perder”.
En esta ocasión, a diferencia de las pasadas oleadas de protesta, la inconformidad no arranca de demandas respecto a las libertades y derechos de las mujeres, como sucedió hace tres años cuando la joven Mahsa Amini murió a manos de la policía de la moral. Ahora se trata de la furia de un pueblo entero hundido en carencias nunca antes experimentadas a lo largo de los 47 años de vida del régimen. Ni agua ni energía eléctrica ni seguridad en su moneda, que se ha depreciado más de 100% en el curso de un año. La escasez y alto costo de la gasolina es indignante, sobre todo al poseer Irán recursos petroleros en abundancia. Esta vez los comerciantes del bazar, que constituyen el corazón de la economía iraní, han salido a las calles impulsados por la desesperación de verse en un callejón salida. Resulta claro que la élite teocrática ha perdido toda legitimidad ante quienes en otros tiempos aún la apoyaban.
Hay informes de que se ha desatado una desbandada entre los miembros del Cuerpo de Guardias Revolucionarios, estamento privilegiado que ha fungido como una especie de cártel militarizado en cuyas manos se ha concentrado la riqueza nacional de manera extrema. La corrupción con la que han operado sus integrantes a lo largo de décadas ha sido, sin duda, una de las causales del desbarajuste actual en cuanto al abasto de los productos de primera necesidad y el acceso a los servicios fundamentales que cualquier ciudadanía demanda para satisfacer mínimamente sus necesidades básicas.
Pero a esa lamentable realidad se han agregado otros factores que han llevado al país a la grave crisis que ahora vive. Las sanciones impuestas por Occidente a lo largo de años a fin de desalentar el empeño iraní por hacerse de un arsenal nuclear –sanciones que han pasado por etapas de rigor diferenciado, pero que se han reimpuesto con mayor severidad durante la actual administración de Trump– han extremado las dificultades económicas del país. Y la otra cuestión que ha absorbido trillones de dólares de sus presupuestos ha sido justamente la inversión nacional en el aparato de guerra contra sus presuntos enemigos, en especial Israel, con el que ni siquiera comparte una frontera. Sin duda, la guerra de 12 días de junio pasado entre Israel e Irán, en la cual éste resultó perdedor, fue la gota que derramó el vaso de la tolerancia de la ciudadanía iraní.
El establecimiento de plantas depuradoras de uranio para fines de desarrollo nuclear y el financiamiento desde hace décadas a los aparatos militares de sus aliados en Oriente Medio –Hezbolá, Hamás, las milicias chiitas en Irak y los hutíes en Yemen– han sido como una coladera por la que se han fugado gigantescas fortunas que debían de haberse canalizado a cubrir las necesidades de los iraníes. Pero ya se sabe que una irracionalidad grotesca es inherente a cualquier fanatismo, como bien lo ilustran las decisiones basadas en la ideología mesiánica de los ayatolas.
La caída de Maduro constituye también otro más de los golpes que se acumulan para Khamenei y socios, ya que Venezuela le significaba una especie de cabeza de puente en Latinoamérica para obtener beneficios económicos, exportar su misión revolucionaria y ramificar sus redes de narcotráfico. Si en algún momento de su historia el régimen teocrático estuvo cerca de derrumbarse es éste, aunque por otra parte hay que reconocer que la oposición, aunque vigorosa, está hoy acéfala y muy fragmentada. Se ha hablado de un sector que apoya el regreso del hijo del sha Reza Pahlevi a fin de tomar las riendas, pero tal propuesta carece totalmente de consenso. ¿Qué seguirá? ¿Cómo construir un nuevo orden tras la caída del régimen? Preguntas sin respuestas por ahora. Lo que sí es evidente es la valentía que está demostrando el pueblo iraní al enfrentar a sus crueles verdugos.
