Reconstruir Gaza
Las funciones de la llamada Fuerza de Estabilización concluirían luego de los dos años aprobados para su mandato, con la expectativa de que para entonces la Franja haya quedado desmilitarizada y entidades como Hamás y la Jihad Islámica hayan entregado sus armas.
El presidente Trump está apostando todas sus fichas en política exterior a la estabilización de Oriente Medio bajo el paraguas estadunidense y lejos de la influencia de la ideología islamista radical, propia tanto de los acólitos de la Hermandad Musulmana como del chiismo iraní. El avance que tuvo en su primera gestión presidencial al promover los Acuerdos de Abraham fue el arranque de un proyecto que de manera tenaz está impulsando. Es así que una vez conseguido el cese al fuego en la guerra Hamás-Israel, ha armado un equipo político y diplomático para implementar la estrategia indispensable al logro de ese objetivo fundamental.
La administración estadunidense ha enviado al Consejo de Seguridad de la ONU el borrador de una resolución llamando a aprobar un mandato por dos años para el establecimiento de una administración de transición en la Franja de Gaza y la creación de una fuerza internacional responsable de la seguridad y del desarme del Hamás. El texto fue hecho llegar a los diez miembros temporales del Consejo, lo mismo que a los gobiernos de Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Egipto, Qatar y Turquía. El documento describe al gobierno de transición propuesto como Cuerpo de Paz, el cual coordinaría el financiamiento y organización de la reconstrucción de Gaza, y operaría durante el tiempo que le tomaría a la Autoridad Nacional Palestina, vigente en partes de Cisjordania, reformarse de la manera en que lo establece el “plan comprehensivo” diseñado por Washington.
El mencionado Cuerpo de Paz tendría la autoridad para operar en lo referente a la supervisión y apoyo a un comité palestino de carácter tecnocrático y apolítico, el cual sería responsable de la administración civil de la Franja. El financiamiento de todo esto se haría a través de donaciones internacionales, por lo que hace un llamado al Banco Mundial y a otras instituciones financieras a proveer los recursos necesarios.
Ahora bien, en cuanto al aspecto militar, el citado documento autoriza la creación de una Fuerza Internacional de Estabilización que tendrá facultades para “tomar todas las medidas necesarias a fin de llevar a cabo su misión de acuerdo con las leyes internacionales, incluyendo las referentes a temas humanitarios”. Las bases de esto último se plantearon desde el acuerdo del cese al fuego del 10 de octubre pasado, que preveían que tropas de Estados árabes y musulmanes serían desplegadas para garantizar la seguridad a medida que las fuerzas militares israelíes se fueran retirando.
Las funciones de la llamada Fuerza de Estabilización concluirían luego de los dos años aprobados para su mandato, con la expectativa de que para entonces la Franja haya quedado desmilitarizada y entidades como Hamás y la Jihad Islámica hayan entregado sus armas o se les hayan confiscado.
Se puede prever que todo este proyecto va a enfrentar objeciones y desacuerdos de los diversos actores involucrados. No hay duda de que varias de estas iniciativas no serán bien recibidas ni por Israel ni por los remanentes de Hamás. Así como Israel no ve con buenos ojos que dentro de este plan haya participación de la Autoridad Palestina, Hamás igualmente rechaza la idea de desarmarse y, por tanto, dejar de existir como la fuerza dominante en la Franja. También es incierto qué tanto apoyo se conseguirá de los países árabes y musulmanes a los que alude el documento como potenciales integrantes de las fueras militares de estabilización. Por ejemplo, Arabia Saudita y Emiratos temen que sus efectivos pasen a quedar enfrentados con las huestes de Hamás y sean víctimas de una guerra que no es la suya.
Es así que está lejos aún de resolverse esta complejísima situación, pero, aun así, se trata de un necesario primer paso a fin de generar un nuevo horizonte para Gaza y su gente de cara al futuro. Será importante también ver la habilidad y las maniobras del equipo político y diplomático de la administración de Trump para conseguir lo que se ha propuesto. Los antecedentes que hay de las estrategias y tácticas del mandatario norteamericano indican que la herramienta del “palo y la zanahoria” es una de sus preferidas, por lo que habrá que ver en las próximas semanas si logra imponer su visión. Otra cuestión que resalta en este contexto es el indudable protagonismo del gobierno estadunidense en la región. No hay duda de que es Trump quien determina mucho de los que ahí sucede.
