Población cristiana en declive
La peor tragedia para los cristianos de Oriente Medio inició en 2013 cuando el Estado Islámico intentó reconstruir un califato basado en las enseñanzas de la doctrina fundamentalista salafí.
Uno de los cambios demográficos más relevantes en la región de Oriente Medio se ha registrado en el último medio siglo con la desaparición paulatina de su población cristiana. De haber sido esa zona la cuna del cristianismo desde donde se extendió hacia todo el orbe, aparece hoy vaciada casi completamente de presencia cristiana en sus diversas modalidades, debido sobre todo a los arrolladores embates de regímenes de identidad musulmana, cuya ideología dominante no ha sido precisamente tolerante con la diversidad religiosa ni con la posibilidad de ejercicio de la libertad de credo.
Actualmente más de 93% de quienes habitan el Oriente Medio se identifican como musulmanes. La población cristiana que a lo largo de siglos fue abundante en la región, fue decreciendo poco a poco a lo largo del siglo XX, siendo el genocidio de los armenios a manos de los turcos que se inició poco antes de la Primera Guerra Mundial, el arranque de un proceso que continuaría y se intensificaría con la consolidación de la independencia de varios Estados árabes de la región tras la Segunda Guerra Mundial. La preeminencia de la fe islámica en la identidad de quienes asumieron el mandato gubernamental en esas nuevas naciones reconocidas por la comunidad internacional, relegó a sus habitantes cristianos a un estatus de inferioridad ciudadana que no fue siempre oficializado, pero que funcionó en la vida cotidiana a través de prácticas discriminatorias y estallidos de violencia sectaria, que tuvieron el efecto de detonar un éxodo cristiano generalmente hacia Occidente.
En Egipto, los altibajos en la vida de los cerca de 10 millones de cristianos coptos han sido constantes. Si bien se trata de la comunidad cristiana más numerosa en el entorno árabe, no la ha tenido fácil. Hostigados y forzados muchos de ellos a emigrar cuando el presidente Nasser, durante las décadas de los cincuenta y sesenta ejerció un ultranacionalismo árabe que los maltrató y obligó a muchos de ellos a abandonar el país, experimentaron posteriormente épocas de tranquilidad relativa durante los gobiernos de Sadat y Mubarak, no obstante la discriminación social que los hacía víctimas de un sinnúmero de desventajas en la vida diaria. El estallido de la primavera árabe en 2011, causante del derrocamiento del presidente Hosni Mubarak, dio lugar a que un año después la Hermandad Musulmana, de corte fundamentalista islámico, lograra llegar al poder mediante un proceso electoral. Fue entonces cuando la amplia comunidad cristiana copta experimentó un aumento sustancial de la violencia en su contra que incluyó actos terroristas e incendios de iglesias.
Pero quizá la peor tragedia para los cristianos en esa región inició en 2013 cuando apareció el Estado Islámico o ISIS en Iraq y Siria, organización terrorista y en extremo brutal que intentó reconstruir en esas tierras un califato basado en las enseñanzas de la doctrina fundamentalista salafí. ISIS consiguió hacerse muy rápido de amplios territorios en Siria e Irak cuya dimensión llegó a ser equivalente a la de Gran Bretaña. Se caracterizó por ejercer un cruel proceso de limpieza étnica contra los cristianos de cualquier denominación, lo mismo que contra los musulmanes chiitas y cualquier otro segmento de población no adherido al tipo de práctica islámica que ellos sostenían como la única legítima. Es obvio que, en tales condiciones, los cristianos que pudieron escapar de sus garras y huir hacia zonas seguras así lo hicieron, abandonando los lugares en los que su presencia había sido milenaria.
Líbano es otro de los países cuya población cristiana es cada vez más reducida. De haber sido dentro del mosaico poblacional del Estado libanés naciente tras la Segunda Guerra Mundial la minoría más numerosa y, por ende, con mayor poder político y económico —la Constitución libanesa de 1946 estableció que el presidente siempre debería ser un cristiano— en la actualidad ya es sólo una minoría bastante debilitada debido a que a lo largo del último medio siglo cientos de miles de ellos han optado por el exilio como consecuencia de las guerras intestinas frecuentes, los intervencionismos foráneos y el crecimiento incontenible de la población chiita en la que se gestó la organización terrorista Hezbolá. Ésta tiene hoy control casi total sobre el país, motivo por el que cada vez más y más cristianos libaneses optan por el exilio ante la condiciones tan lamentables y riesgosas que ahí imperan.
Mención final merece el caso de Gaza. Esta franja de territorio, que en el siglo IV DC era enteramente cristiana, hoy cuenta tan sólo con un millar de miembros de esa fe. En la línea del tiempo, el jihadismo del Hamás ha sido el último ejecutor de una larga cadena de violencias responsables de la extinción de lo que en el pasado remoto fuera su población más emblemática.
