Mundo musulmán: postura ante Hamás
Al ser esa organización terrorista un brazo armado de Irán, cuya agenda coincide además con la de la Hermandad Musulmana y el Hezbolá libanés, puede afirmarse que existe entre buena parte de los países árabes un interés no confesable de que Hamás sea derrotado.
Un mes después del brutal ataque de Hamás contra Israel y del consecuente desencadenamiento de la guerra entre ambos, Arabia Saudita reunió en su territorio a representantes de las 57 naciones musulmanas que hay en el mundo. Fue notoria la presencia ahí del presidente iraní, Ibrahim Raisi –la primera vez en muchos años que un primer mandatario de Irán pisa suelo saudita– así como del premier sirio Bashar al Assad. Quien no asistió fue el presidente de Emiratos Árabes, Mohamed Bin Zayed, presuntamente debido a las tensiones existentes entre éste y el príncipe saudita Bin Salman (MBS).
La reunión en esos momentos, justo ahí, enfatizó la centralidad de Arabia Saudita en el entorno musulmán global, contrarrestando de paso la postura iraní, tan fuertemente pro Hamás y antagónica hacia Israel y Estados Unidos. Fue interesante que, a pesar del enorme apoyo existente a la causa palestina a nivel popular en todos esos países, no salieron del encuentro decisiones prácticas capaces de alterar el rumbo de la guerra en curso. Sólo demandas de cese al fuego, ayuda humanitaria a la población de Gaza y exhortos al Consejo de Seguridad de la ONU de emitir alguna resolución contra Israel que fuera vinculante.
Destacó, sin duda, que Emiratos Árabes y Bahrein, que ya tienen relaciones diplomáticas con Israel, lo mismo que la monarquía saudita, que estaba en proceso de implementarlas, bloquearan una propuesta que pretendía obligar a todos los miembros del bloque musulmán a romper los lazos con Israel e impedir que los aviones de éste sobrevolaran espacios aéreos que ya le está permitido usar. Igualmente, no prosperaron las demandas de imponer un boicot petrolero a los países aliados de Israel, como sí ocurrió en 1973 tras la guerra de Yom Kipur.
Esta contención, encabezada por Arabia Saudita y apoyada por quienes ya mantienen relaciones con Israel, revela mucho más que la sola intención de obtener de ello ganancias económicas, apoyos tecnológicos enfocados a procesos de modernización y mantenimiento de una detente regional apoyada por Estados Unidos. Se trata también de poner freno a las ambiciones iraníes de extender su hegemonía en ese entorno, razón por la cual Hamás no es precisamente una agrupación con la cual simpaticen, sino todo lo contrario. Al ser esa organización terrorista un brazo armado de Irán, cuya agenda coincide además con la de la Hermandad Musulmana y el Hezbolá libanés, puede afirmarse que existe entre buena parte de los países árabes un interés no confesable de que Hamás sea derrotado. En tal caso, lo que se llegue a plantear “al día siguiente” de que la guerra termine, indudablemente será de su interés con objeto de que el proyecto que se emprenda sea adecuado a sus intereses regionales y particulares.
Lo anterior no quiere decir que aparte de Irán y la fracción hutti de Yemen no existan otros apoyos importantes a Hamás. Turquía ha sido la nación de población musulmana que con mayor contundencia ha tomado partido por dicha organización terrorista. El presidente Erdogan, quien hasta poco antes de los acontecimientos del 7 de octubre se hallaba en un proceso de acercamiento y colaboración con Israel en múltiples áreas, dio un giro de 180 grados mediante una retórica fuertemente solidaria con la narrativa de Hamás y un enfriamiento extremo de las relaciones con Israel. En respuesta, el miércoles pasado el premier israelí Netanyahu acusó a Erdogan de no sólo apoyar abiertamente a Hamás y sumarse a Irán en su política regional, sino también de haber bombardeado aldeas kurdas dentro de territorio turco esta misma semana.
Un dato adicional acerca de la postura de Turquía es que los mismos activistas turcos que habían organizado en mayo de 2010 la flotilla de nombre Mavi Marmara pretenden dar inició a un operativo similar. Entonces, como ahora, la intención declarada era la de llevar ayuda humanitaria a Gaza y romper el bloqueo israelí, pero las acciones israelíes a fin de impedir el arribo de tal flotilla a la Franja, detonaron un conflicto que envenenó por casi una década las relaciones entre Turquía e Israel, aunque sin romper totalmente los nexos entre ellos. Así pues, está por verse si Erdogan sube la apuesta y autoriza esa nueva flotilla rumbo a Gaza o, fiel a su carácter calculador y recurriendo a su tradicional capacidad de dar bandazos políticos extremos, detiene la escalada de tensiones a fin de retomar una postura menos radical respecto al conflicto Hamás-Israel.
