Las mujeres y la guerra

Después de dos años y medio de vivir en situación de guerra, los israelíes saben muy bien que ésta exacerba los conflictos al interior de la unidad familiar. Y es que, en general, una prolongada disrupción de la rutina tiende a disparar violencias, lo cual se ha constatado mediante estudios al respecto en diversos países a raíz de la pandemia

El Día Internacional de la Mujer se conmemoró hace unos días, así que es, sin duda, oportuno recordar entre las figuras que han contribuido a la causa feminista, a la Premio Nobel rusa de literatura 2015, Svetlana Alexievich, quien justamente fue galardonada por haber hecho oír de manera tan conmovedora y estrujante las voces de las mujeres viviendo bajo fuego, voces siempre ignoradas o silenciadas,  como si la experiencia de vivir en medio de las guerras y luchando por la sobrevivencia, hubiera sido siempre un asunto exclusivo de hombres, de generales y soldados combatientes, protagonistas centrales, ellos sí, de dramas que incumbían sólo a los varones.

Hoy, en el mundo, estamos ante una realidad pletórica de graves conflictos armados, y sin embargo, a pesar del antecedente de Alexievich, de nueva cuenta las voces femeninas parecen estar en la oscuridad sin que haya suficiente conciencia de sus experiencias, de sus padecimientos y de la manera como son afectadas sus vidas. Ya sea en el frente de batalla o en su rol de hijas, madres, hermanas y esposas, el sufrimiento, las tensiones y los innumerables actos de heroísmo que las envuelven asoman tan sólo en los márgenes de las narraciones y de la cobertura mediática.  

En los países de mayoría musulmana la situación al respecto es mucho más extrema debido al papel secundario y sometido que la tradición ha asignado a las mujeres dentro del contexto de la vida pública. Cuan poco sabemos de las penurias de las mujeres gazatíes y de las iraníes, de las angustias que agobian a quienes son las mayormente responsables de alimentar y salvaguardar la vida de su prole. Pero podemos suponer que tanto mujeres iraníes, palestinas, israelíes, rusas y ucranianas, a pesar de formar parte de bandos enfrentados entre sí, comparten sin embargo los mismos desafíos, la misma zozobra ante la incertidumbre de lo que les deparará el destino al día siguiente.

Al haber en Israel un flujo más libre de información por experimentar sus mujeres un ambiente más abierto, hay mayor posibilidad de conocer acerca de su situación en estos difíciles tiempos. Lo que se reporta desde ahí revela no sólo sus vivencias, sino las que seguramente son muy similares en el bando de sus enemigos. Se habla de refugios saturados, noches de insomnio, angustia ante la incertidumbre acerca de la suerte que corren sus seres queridos en el frente, traumas, escuelas cerradas, economía en crisis y también de un aumento en la violencia intrafamiliar.

Sobre este último tema llama la atención un mensaje reproducido a través de diversos medios de comunicación israelíes: “Mientras que tenemos que experimentar sirenas, misiles, intercepciones… ocurre que la guerra afuera intensifica guerras dentro de las casas… pero no debemos permitir que la violencia doméstica se instale sin resistirla”. Se trata de un mensaje destinado a difundir la existencia de un número telefónico de emergencia a cargo del Ministerio del Bienestar para denunciar esa clase de violencia.

Después de dos años y medio de vivir en situación de guerra, los israelíes saben muy bien que ésta exacerba los conflictos al interior de la unidad familiar. Y es que, en general, una prolongada disrupción de la rutina tiende a disparar violencias, lo cual se ha constatado mediante estudios al respecto en diversos países a raíz de la pandemia, cuando las cifras al respecto aumentaron exponencialmente.

Apenas hace unas semanas, el Comité para el Mejoramiento del Estatus de la Mujer del Parlamento Israelí planteó la necesidad de incrementar su presupuesto en virtud del significativo aumento de casos de shock postraumático derivado de la guerra. Porque se necesita más atención médica especializada, más albergues, más trabajo social para atender a los cada vez más numerosos casos de víctimas de la guerra: personas mutiladas, familias rotas, huérfanos y pérdida de patrimonios, lo mismo que población evacuada y por tanto obligada a adaptar sus vidas a otros espacios. Sin duda, una más de las tragedias derivadas de las guerras es la de sus secuelas, porque la guerra puede terminar, pero sus heridas y cicatrices ahí quedarán, quizás indeleblemente, como prueba dolorosa del daño inmenso que los hombres pueden infligir a sus semejantes.

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