Los bandazos de Turquía
Erdogan se ha alineado firmemente con Irán y con Hamás, usando duros calificativos para condenar a Israel, lo mismo que advirtiendo que no tolerará ninguna acción israelí contra altas figuras de la organización terrorista palestina que residen y operan en suelo turco.
El presidente turco Erdogan, en el poder desde hace 21 años, está acostumbrado a jugar en varias canchas y a cambiar sus posturas políticas según soplan los vientos. Pero siempre existe un eje central que en última instancia determina hacia dónde inclina sus posiciones en cada momento específico, y tal eje es su política interna. Sus decisiones están siempre orientadas por los beneficios a obtener en el ámbito doméstico, ya que su prioridad es mantener indisputado y siempre hegemónico su poder y el de su partido, el de la Justicia y el Desarrollo (AKP). El hecho de que Turquía, al ser miembro de la OTAN desde hace tres cuartos de siglo, está fuertemente relacionado con Occidente, y de que, al mismo tiempo, Erdogan es un activo impulsor de una agenda islamista y no democrática en la vida de su país, lo obliga a dar maromas y bandazos políticos constantes, por lo que su política es poco previsible.
Un ejemplo de ello ha sido la relación de la Turquía de Erdogan con Israel, marcada por altibajos políticos bruscos y constantes. Ha habido periodos en los que todo parecía apuntar hacia una ruptura total, como sucedió con el incidente del Mavi Marmara en 2010, cuando las tensiones llegaron a su clímax, en medio de agrios reclamos e incluso insultos. Sin embargo, lo notable en las múltiples confrontaciones entre ellos es que nunca han llegado a romperse totalmente las relaciones, conservándose sobre todo las que conciernen a la economía. Por más frío que en ciertos momentos haya sido el clima entre Ankara y Jerusalén, los intercambios económicos se han mantenido poco o nada afectados.
De hecho, hay varios sectores en los que las transacciones han sido de montos extraordinarios: destacan el hierro, el acero, los productos plásticos, aceites, minerales, componentes mecánicos y químico-orgánicos. De acuerdo con los datos de 2022, el valor total del comercio entre ambas partes fue de un promedio de 800 millones de dólares mensuales. Y haciendo un análisis de los montos intercambiados desde que el AKP está en el poder hasta hoy, resulta que, a pesar de las crisis políticas intermitentes entre Turquía e Israel, la cifra inicial se ha elevado 475 veces. El turismo es el otro sector que ha mostrado un gran auge. Durante los primeros 10 meses de 2022, 780 mil 700 turistas israelíes visitaron Turquía, aun cuando el turismo turco hacia Israel fue bastante más modesto debido al costo más alto de vacacionar ahí. Muestra también del dinamismo de los intercambios ha sido la abundante presencia de vuelos de Turkish Airlines que casi a diario despegan y aterrizan en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv.
Actualmente se desarrolla un episodio más de ese sube y baja en los nexos entre ellos. Apenas a principios de año el presidente israelí Herzog realizó una visita oficial a Turquía, donde fue recibido con honores, y en septiembre pasado se registró un cálido encuentro entre Netanyahu y Erdogan en Nueva York, en el marco de la reunión anual de la Asamblea General de la ONU. Parecía que la relación florecía de nuevo tras años de alejamiento. Sin embargo, a partir del brutal ataque a Israel por parte de Hamás el 7 de octubre y el consecuente estallido de la guerra aún en curso, Erdogan se ha alineado firmemente con Irán y con Hamás, usando duros calificativos para condenar a Israel, lo mismo que advirtiendo que no tolerará ninguna acción israelí contra altas figuras de la organización terrorista palestina que residen y operan en suelo turco.
Al asumir esa postura tan radicalmente inclinada hacia Hamás, Erdogan no sólo vuelve a las diatribas incendiarias contra Israel, sino que también se distancia una vez más de Estados Unidos y de varios de sus socios europeos dentro de la OTAN. Está dispuesto a pagar los costos de tal alejamiento con objeto de elevar su popularidad en la calle turca, emocionalmente identificada con la causa palestina. Las enardecidas manifestaciones populares en apoyo a Hamás en las plazas públicas del país, han empujado al mandatario turco a alinearse con ese sentimiento, porque a fin de cuentas lo importante para él es asegurar la perpetuación de su poder personal que ha ido creciendo a medida que destruye las instituciones que podrían haberle hecho contrapeso y cancela sin contemplación alguna buena parte de las prácticas y libertades características de las democracias funcionales.
