Líbano y Siria: luz al final del túnel
El Estado libanés ha empezado a recomponerse al conseguir integrar al fin un gobierno funcional encabezado por el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam, quienes libres ya para interactuar constructivamente con Occidente, están dando pasos para reestructurar la economía y salir de la profunda crisis que tenía al país en la lona.
El torbellino de acontecimientos desatado en Oriente Medio a partir del ataque de la organización terrorista Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023, ha dejado una estela macabra de destrucción y muerte. Decenas de miles de víctimas, pánico cotidiano para poblaciones civiles indefensas y economías devastadas han sido para millones de personas el eje de sus vidas durante los últimos 20 meses, incapaces de defenderse de los demonios salidos de la tóxica caja de Pandora destapada aquella nefasta mañana de octubre.
¿Hay algo que se pueda rescatar de ese pandemónium, más allá del alivio de muchos de haber sobrevivido al menos un día más? Quizá con la perspectiva que da el tiempo, destaca la muy concreta realidad de que, debido a la alteración radical de muchos de los elementos que juegan dentro de ese escenario, tanto el pueblo libanés como el sirio pueden ahora mirar su futuro con una cierta esperanza de salir al fin del estado de crisis permanente en el que han vivido desde hace, cuando menos, una década y media.
En el caso de Líbano puede afirmarse que dentro de los males que lo han aquejado tradicionalmente –conflictos étnico-religiosos, corrupción extrema de sus élites políticas, múltiples intervenciones extranjeras y abusos de insaciables oligarcas– fue la organización terrorista libanesa Hezbolá, con presencia en el propio parlamento, quien desde fines del siglo pasado maniobró para convertir a Líbano en un agente de los intereses iraníes en la región. Al grado de que su ejército, armado por Teherán, superó con creces la capacidad militar del propio Ejército Nacional de Líbano, convirtiendo así al país en rehén de los programas de expansión del islamismo chiita de los ayatolas.
En octubre de 2023, Hezbolá abrió un frente de guerra contra Israel, paralelo al que cursaba en Gaza. El resultado de esa confrontación acabó siendo adverso para Hezbolá, el cual se vio obligado a aceptar un alto al fuego en noviembre pasado en vista de haber sucumbido a las embestidas israelíes que lo descabezaron y eliminaron gran parte de su militancia y sus arsenales. Gracias a ello, el Estado libanés ha empezado a recomponerse al conseguir integrar al fin un gobierno funcional encabezado por el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam, quienes libres ya para interactuar constructivamente con Occidente, están dando pasos para reestructurar la economía y salir de la profunda crisis que tenía al país en la lona. De hecho, Salam, en una entrevista con el Wall Street Journal, acaba de afirmar que el ejército libanés ha cumplido ya con el desarme de 80% de las posiciones de Hezbolá en el sur del país. Lo cual ha permitido que se estén gestionando créditos con el Fondo Monetario Internacional, y la negociación con Francia y los ricos países árabes del golfo Pérsico a fin de poner en pie a Líbano de nueva cuenta.
Siria también ha escapado al fin de las garras del dictador Assad, cuya alianza y dependencia de Irán lo habían convertido en parte integral del eje chiita. El nuevo gobierno, encabezado por Ahmed al Sharaa, a pesar de contar con antecedentes no precisamente positivos, ha sido recibido con beneplácito por Trump, los países árabes del Golfo y algunos países europeos, eliminando ya desde ahora muchas de las sanciones que se le habían impuesto al régimen de Assad a lo largo de la década pasada.
Los últimos movimientos del gobierno de Al Sharaa son reveladores de su intención de distanciarse de Irán y Rusia. En una entrevista dada al Financial Times en enero, justamente en el World Economic Forum de Davos al que jamás había asistido ningún enviado de Siria, su ministro de exteriores, Assad al Shaibani declaró que “tiene que haber estado de derecho y se tienen que enviar mensajes claros al respecto para estimular a los inversionistas internacionales a regresar a Siria”.
Aun cuando es incierto si podrá sostenerse el nuevo camino que están emprendiendo Líbano y Siria, libres ya del yugo de Irán y sus proxys, por lo pronto hay buenos augurios. La combinación de factores y procesos desatados a partir del 7 de octubre les ha sido favorable. Porque si bien los desafíos que enfrentan son abundantes, no cabe duda de que para la mayoría de libaneses y sirios el panorama es hoy menos sombrío.
