Líbano, momento clave

A pesar de la devastación que sufren varias zonas del país, es favorable que Hezbolá haya sido noqueado en los primeros rounds de esta guerra. Israel deberá retirarse de territorio libanés al restaurarse el imperio de la 1701, y la comunidad internacional tendrá que trabajar para propiciar el renacimiento de un gobierno soberano libre de las garras de Irán-Hezbolá.

Para tener una idea de cuál ha sido la situación de Líbano desde hace años, se puede hacer la analogía con, por ejemplo, el estado de Sinaloa en nuestro país. Porque así como éste es rehén de los grupos del crimen organizado y vive en medio de la violencia y el caos, el País de los Cedros lleva más de dos décadas secuestrado por la organización terrorista chiita Hezbolá, armada, entrenada y abastecida económicamente por el régimen iraní de los ayatolas en calidad de tentáculo útil para alcanzar su objetivo declarado de destruir al Estado de Israel.

Con un ejército formidable que supera con creces al ejército nacional libanés, Hezbolá ha sido actor fundamental en el creciente deterioro de esa nación e incluso ha sido calificado como el presunto responsable de la magna explosión que en agosto de 2020 devastó a Beirut. Con un ala política con fuerte presencia en el Parlamento, ha bloqueado a lo largo de dos años el nombramiento del presidente del país, por lo cual impera una disfuncionalidad gubernamental acompañada de altos grados de corrupción, quiebra de su sistema bancario y financiero, imparable inflación y una ampliación de la pobreza que deja muy atrás en la memoria aquellos buenos tiempos cuando Líbano era descrito como “la Suiza de Oriente Medio”.

Hezbolá desató una guerra abierta contra Israel el 8 de octubre de 2023 bajo el argumento de apoyar a Hamás tras el brutal ataque de éste contra el Estado hebreo el día anterior. Estaba listo para emprender el lanzamiento de misiles hacia su vecino del sur tras varios años de violar la resolución 1701 del Consejo de Seguridad, que le había impuesto no desplegar fuerza militar en el tramo de entre 20 y 30 kilómetros que separa a Líbano de Israel. Las tropas de UNIFIL, como vigilantes de que esa resolución se cumpliera, fueron evidentemente inútiles al respecto, ya sea por amedrentamiento o complicidad. El incendio fue así inevitable, con el resultado de que la guerra de desgaste que se extendió entre Hezbolá e Israel por casi un año, hoy es ya una guerra total en la que la organización chiita ha recibido golpes demoledores en el curso de las últimas semanas. No sólo múltiples arsenales y plataformas de lanzamiento de misiles y drones han sido destruidas por los ataques israelíes, sino que también su liderazgo, con el jeque Hasán Nasrallah a la cabeza, ha sido arrasado mediante los operativos israelíes, al igual que su red de comunicaciones y la estructura que sostenía a su sistema financiero, alimentado de los recursos enviados por Irán. Por otra parte, infantería israelí ingresó al sur de Líbano hace tres semanas con el propósito de destruir la infraestructura bélica de su enemigo ubicada en esa zona que, de acuerdo con la citada resolución 1701, debía estar libre de la presencia de milicianos y equipo de Hezbolá.

Ahora bien, ante este panorama ha surgido la discusión en medios internacionales acerca de si Líbano está en un momento plástico que podría permitirle liberarse de la tiranía de Hezbolá y recuperar su gobierno la soberanía total sobre su territorio. Para ello, las estrellas tendrían que alinearse favorablemente y es un buen principio, a pesar de la devastación que sufren varias zonas del país, el que Hezbolá haya sido noqueado en los primeros rounds de esta guerra. Evidentemente, Israel deberá retirarse de territorio libanés al restaurarse el imperio de la 1701, y la comunidad internacional tendrá que trabajar para propiciar el renacimiento de un gobierno soberano libre de las garras de Irán-Hezbolá.

Con esos propósitos se llevó a cabo hace tres días en París, convocada por el presidente francés Macron, una reunión que congregó a representantes de 70 países y diversas ONG, a fin de impulsar un cese al fuego en el sur de Líbano, recaudar millones de euros en beneficio de la población desplazada, y equipar al ejército libanés, a fin de que eventualmente pueda ser éste el que controle la franja sur del país, que debe quedar desmilitarizada, tal como lo establece la resolución 1701. Si esos propósitos lograran cumplirse, Líbano estaría en posibilidad de avanzar hacia su recuperación para dejar de ser el Estado fallido que es hoy por obra de los designios de Irán y su proxy, Hezbolá.

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