Líbano al fin tiene presidente
Lo que sucedió para que esta vez sí se lograra elegir a un presidente, fueron los cambios radicales detonados a partir del ataque del Hamás a Israel del 7 de octubre de 2023. El ingreso al día siguiente de las fuerzas de Hezbolá en el escenario de guerra al abrir un frente adicional para atacar a la zona norte de Israel, presuntamente en apoyo a la causa del pueblo palestino, se convirtió en una especie de Waterloo para esa agrupación chiita radical.
Uno de los muchos factores que explican el caos en el que ha estado sumido Líbano en los últimos tiempos ha sido la carencia de un poder ejecutivo en funciones desde hace dos años durante los cuales hubo doce intentos de su parlamento, todos fallidos, de elegir a la figura presidencial. Finalmente, el jueves pasado se logró que, en una votación entre los 128 integrantes del legislativo, con 99 votos a favor, el cargo quedara en manos de Joseph Aoun, cristiano maronita de 60 años de edad y comandante de las fuerzas armadas libanesas desde 2017, quien es el candidato preferido de Arabia Saudita, Francia, Egipto y Estados Unidos. Obviamente Aoun no era una opción que contara con las simpatías del partido Hezbolá y de su movimiento armado, quienes fueron básicamente las fuerzas que bloquearon, a lo largo de los dos años en que el país estuvo a la deriva, la posibilidad de que alguien tuviera el apoyo parlamentario suficiente para ocupar el puesto.
En virtud de la configuración multirreligiosa de la población de Líbano, su Constitución estableció, desde los primeros tiempos de su vida independiente, que el presidente del país debe ser siempre un cristiano maronita, el primer ministro un musulmán sunnita y el vocero de la Cámara un musulmán chiita. Pero, dada la musculatura política y militar que fue adquiriendo Hezbolá en estos últimos años, la elección presidencial se fue complicando por la imposibilidad de llegar a un acuerdo. Básicamente, la contienda se centró todo el tiempo entre el candidato cristiano de Hezbolá, Suleiman Frangieh y el propuesto por la oposición, con el agravante de que el vocero del parlamento, el chiita Nabih Berri, aliado del Hezbolá, maniobró para bloquear sesiones y mantener el disenso a fin de que no se eligiera una figura que pudiera no estar sometida a Hezbolá.
¿Qué es lo que cambió para que, tras dos años de parálisis, esta vez sí se lograra elegir a un presidente? Fundamentalmente, la carambola de cambios radicales que se detonó a partir del ataque del Hamás a Israel del 7 de octubre de 2023. El ingreso al día siguiente de las fuerzas de Hezbolá en el escenario de guerra al abrir un frente adicional para atacar a la zona norte de Israel, presuntamente en apoyo a la causa del pueblo palestino, se convirtió de alguna manera en una especie de Waterloo para esa agrupación chiita radical. Lo que se percibe hasta el momento es que se halla en una posición de debilidad, no sólo por los golpes propinados por Israel, sino también por el derrumbe de su aliado sirio, Bashar al Assad y la conciencia de que Irán tampoco se halla en condiciones de seguir cumpliendo con las funciones de padrino generoso. Ello sin contar con que dentro del propio Líbano, que ha sufrido una devastación atroz por la confrontación de tantos meses con Israel, el descontento local ha crecido. Incluso partes importantes de la propia población chiita antes afín a Hezbolá, le han dado hoy la espalda al considerar que esa milicia ha dejado de serle fuente de beneficios al haber prendido un incendio que les ha traído tantas desgracias.
Si desde hace casi una década Líbano se hallaba en calidad de Estado fallido debido a su descomposición social, la corrupción generalizada, la distorsión implicada en que Hezbolá se hubiera convertido en un Estado dentro del Estado, su quiebra financiera, la llegada de cerca de un millón de refugiados sirios que huían de su guerra civil, más la explosión de 2020 que devastó a Beirut, la aventura de Hezbolá de iniciar una guerra abierta contra Israel en octubre del 2023 fue el factor que hizo que el país tocara fondo, de tal manera que hoy aparece la oportunidad de un replanteamiento serio acerca de cómo sacarlo del hoyo en que se encuentra, Para ello la comunidad internacional es un elemento clave, ya que la reconstrucción, estabilidad institucional y reactivación económica exigen toneladas de dinero que podrían provenir tanto de los países árabes ricos, como de Occidente. Para que ello suceda se necesita un gobierno libanés aceptablemente confiable y el que se haya podido elegir presidente hace un par de días es un buen principio.
