Le Pen y Meloni: coincidencias

Le Pen y Meloni representan para amplios segmentos de sus ciudadanías que simpatizan con posturas islamofóbicas, las dirigentes ideales, ya que son vistas como encarnaciones de fuerzas políticas con la convicción de cerrar la puerta para evitar la llegada de nuevos migrantes.

Llama poderosamente la atención el viraje tan pronunciado que sociedades europeas como la francesa y la italiana han tenido hacia la ultraderecha en estos últimos tiempos. Giorgia Meloni fue electa en 2022 como presidenta de Italia a pesar de sus simpatías explícitas hacia el régimen fascista de Mussolini, mientras que Marine Le Pen, quien encabeza el partido Agrupación Nacional, heredero del Frente Nacional de su padre. Jean Marie Le Pen, es hoy la dirigente máxima de la fuerza política que ha conseguido en las elecciones legislativas de Francia de la semana pasada la mayoría abrumadora de los escaños. En este caso, hay que recordar que el Frente Nacional de su padre se caracterizó por ser una agrupación abiertamente pro-nazi y antisemita, con posturas negacionistas del Holocausto judío perpetrado durante la segunda guerra mundial.

La explicación más inmediata del éxito de esas dos corrientes radica sin duda en el tema de la migración, aunque también ha operado la condena a determinadas políticas económicas de quienes han estado previamente en el poder, así como ciertas cuestiones sujetas frecuentemente a polémica como el aborto y los derechos de las minorías. Siendo el rechazo a las oleadas de migrantes y refugiados provenientes de entornos musulmanes el eje principal de sus agendas respectivas, la retórica con tintes claramente racistas usada para conquistar votantes se ha centrado en la idea de “purificar” a sus sociedades, lo mismo que en expresiones muy críticas y descalificadoras de muchas de las conductas que a menudo acompañan a la práctica religiosa islámica.

Tanto Le Pen como Meloni representan para amplios segmentos de sus ciudadanías que simpatizan con posturas islamofóbicas, las dirigentes ideales, ya que son vistas como encarnaciones de fuerzas políticas poseedoras de la convicción y la voluntad no sólo de cerrar herméticamente la puerta para evitar la llegada de nuevos migrantes, sino también de legislar para imponer límites a los derechos que como minoría tienen los musulmanes que ya residen en sus países. Esa ha sido la clave que explica sus éxitos electorales recientes.

En la medida en que buena parte de los flujos migratorios que han arribado tanto a Italia como a Francia a lo largo de las últimas dos décadas se derivan de los compromisos que la Unión Europea obliga a cumplir a sus miembros, ambas formaciones políticas, la de Meloni y la de Le Pen, presentan posturas euro-escépticas. Abogan por una ruptura con la Unión Europea emulando a Gran Bretaña la cual optó en su momento por el Brexit para desvincularse de las obligaciones inherentes a la pertenencia a ese organismo.

Ahora bien, una de las muchas preguntas pertinentes en esta situación, es si estas formaciones políticas de ultraderecha tan abiertamente anti-islámicas, no pecan de antisemitismo. Y la respuesta es que sí albergan ese mismo sentimiento, aunque por lo pronto de manera menos ostensible, más disimulada. Porque si bien en estos momentos concentran su embestida hacia la población musulmana a la que consideran atentatoria contra la identidad europea-blanca-cristiana de sus naciones y culturas, existe respecto a los judíos en esas capas poblacionales un viejo y fuerte prejuicio de esa misma naturaleza, prejuicio histórica y culturalmente arraigado por siglos de repudio a los judíos, por más que a lo largo de la historia algunos de sus más destacados personajes ilustres lo hayan sido.

Una de las pruebas de que el ánimo judeófobo persiste con firmeza se registró hace unos días, cuando se difundieron videos de reuniones de las juventudes que militan en el partido Hermanos de Italia de Giorgia Meloni. Ahí proliferaron los saludos nazis de Sieg Heil, himnos a Mussolini y proclamas denigratorias hacia los judíos. Y en cuanto al caso de la relación con la guerra ruso-ucraniana, destaca la postura de Marine Le Pen, opuesta a la línea de Macron. Ella aboga por disminuir fuertemente el apoyo a Kiev, en coincidencia con diversos líderes políticos populistas y autoritarios de la actualidad, mucho más identificados con Putin que con las posturas de los liderazgos liberales y democráticos que caracterizaron en el pasado el perfil básico de los miembros de la Unión Europea. Sin duda, las fuerzas antiliberales y antidemócraticas están avanzando a pasos agigantados en Europa, aunque también más allá de los confines de ese continente.

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