Las desapariciones forzadas, aquí y allá

La ONU estima que en Irak han desaparecido, de 1968 a la fecha, entre 250 mil y un millón de personas, sin que el fenómeno haya llegado a su fin.

La conmemoración del Día Internacional de Víctimas de las Desapariciones Forzadas esta semana dio oportunidad a que una vez más se manifestara en nuestras calles y plazas el clamor por la falta de atención y de impartición de justicia por parte de nuestras autoridades. De nuevo se hizo hincapié en el horror implícito en esa realidad que tiene sumido a nuestro país en un macabro escenario de fosas clandestinas a pasto, un reguero de restos humanos, cadáveres almacenados y una ciudadanía afectada y dolida hasta la médula que busca afanosamente conocer el destino que corrieron sus familiares.

Lamentablemente, las cifras de los desaparecidos están siendo objeto de un mezquino debate en virtud de la postura del actual gobierno, cuya evidente pretensión es minimizar la magnitud de la tragedia. Sin embargo, diversas organizaciones nacionales e internacionales abocadas a este tema calculan en más de 100 mil la cantidad de ausentes no localizados, con el agravante de que el fenómeno se ha intensificado desproporcionadamente en lo que va del sexenio en curso.

Amnistía Internacional, además de brindar su visión acerca de este fenómeno en México, emitió también esta semana información acerca de otros cuatro casos graves en los que la magnitud de desapariciones forzadas es más que alarmante, llamando a los gobiernos correspondientes a hacerse cargo de sus responsabilidades, tanto en cuanto a la prevención, como a la búsqueda y la atención a los familiares de las víctimas.

La identidad de esos cuatro países indica que el fenómeno de las desapariciones ha tenido que ver con cruentas guerras armadas en sus territorios. Se trata de Líbano, Siria, Irak y Yemen. Todos ellos han sufrido gobiernos dictatoriales, lo mismo que conflictos bélicos de larga duración en los que han actuado ejércitos profesionales, milicias diversas y fuerzas mercenarias, sin faltar la abierta intervención extranjera. No sólo las potencias han metido mano, sino que también lo han hecho los vecinos regionales interesados en sacar raja del caos en que se sumieron esos cuatro países en el curso de sus respectivos conflictos.

Pues bien, la ONU estima que en Irak han desaparecido, de 1968 a la fecha, entre 250 mil y un millón de personas, sin que el fenómeno haya llegado a su fin, ya que, según Amnistía Internacional, milicias afiliadas al actual gobierno lo siguen practicando. Ahí, igual como ocurre hoy en México, son las familias de los desaparecidos las que han tenido que emprender su búsqueda en vista de la inacción de las autoridades que en ocasiones resultan ser cómplices o autoras directas de esas criminales prácticas.

En Siria, decenas de miles han desaparecido, no sólo por efecto de la atroz guerra civil de 12 años de duración, sino también por la crueldad de la dictadura de los Assad, padre e hijo, conocidos por la aprehensión de miles de disidentes a lo largo de los años, sin brindar información alguna a los familiares acerca de su paradero. El horror sufrido por el pueblo sirio bajo el Estado policíaco dominado por los Assad, desde la década de los setenta, bien puede equipararse con el de los totalitarismos más cruentos del siglo XX. Ante el panorama actual, que sigue siendo tan grave como en el pasado, la Asamblea General de la ONU creó en junio un cuerpo independiente para investigar el destino de los desaparecidos sirios a lo largo de la guerra.

En el caso de Yemen, diversas agrupaciones de defensa de derechos humanos han documentado 1,547 casos de desaparecidos desde 2015, un año después del estallido de su guerra civil en la que intervinieron Arabia Saudita e Irán, apoyando cada cual a uno de los dos bandos en pugna. Evidentemente, existe ahí un importante subregistro por la imposibilidad en ese complejo entorno, de dar un seguimiento adecuado al problema. Por su parte, Líbano sufrió su más grave crisis de desaparecidos entre 1975 y 1990, periodo en el cual se desarrolló su guerra civil en la cual intervinieron múltiples fuerzas extranjeras. Amnistía maneja oficialmente la cifra de 17 mil 415 desaparecidos, a los cuales se han agregado varios miles más en el curso de las siguientes décadas.

Comparativamente, México no ha vivido desde el fin de la Revolución, ninguna guerra civil ni contra fuerzas extranjeras y, sin embargo, el cuadro que ofrece la inmensa tragedia de las decenas de miles de desaparecidos en estos años, revela hasta qué punto la combinación de crimen organizado en imparable expansión, con gobiernos ineptos, omisos o cómplices, ha convertido al país en una enorme fosa común donde yacen los restos de miles y miles de compatriotas inocentes, llorados y buscados empeñosa y heroicamente por sus familias, ante la indiferencia lamentable de las autoridades.

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