La UNRWA y sus cómplices
El secretario general de la ONU mantiene una postura ambigua, reacia a admitir lo evidenciado.
Una de las realidades más trágicas y estremecedoras de la guerra que se libra entre Hamás e Israel es el sufrimiento de la población civil palestina, atrapada entre el fuego cruzado de los contendientes, el hambre, el miedo, el hacinamiento y las inclemencias del clima. La puntilla para esta condición de fragilidad extrema ha sido la imposibilidad de contar con un organismo internacional capaz de cumplir con la misión de proteger, mediar y distribuir la ayuda humanitaria que desde diversas procedencias llega a Gaza. Teóricamente la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio) debía de ser el organismo apropiado para esas funciones y, sin embargo, la realidad registrada desde el brutal ataque de Hamás a Israel del 7 de octubre pasado, ha revelado que no es confiable para ello.
Y es que, como organización que desde 1949 se fundó para apoyar a los refugiados árabes palestinos fruto de la guerra que el mundo árabe inició para frustrar el establecimiento de Israel, sus labores pronto se vieron contaminadas por intereses políticos y burocráticos de toda índole y desde diversas fuentes. Fue así como dicha organización funcionó, no para trabajar en pro de que eventualmente los refugiados dejaran de serlo en las subsiguientes generaciones, sino para mantener ese statu quo eternamente.
En la Franja de Gaza y en Cisjordania, la UNRWA cuenta con 30 mil empleados permanentes desde hace 75 años. Maestros, médicos, técnicos y trabajadores sociales han sido parte de su equipo, la inmensa mayoría de ellos individuos árabes oriundos de la zona. Los recursos financieros que han sostenido a UNRWA han sido aportados siempre por la comunidad internacional, con cuotas específicas de cada donante. La mayor aportación ha provenido siempre de Estados Unidos.
¿Qué fue lo que se reveló tras el ataque del 7 de octubre? Algo que se sospechaba desde hace tiempo, pero que no había sido posible comprobar fehacientemente. Que la UNRWA en buena medida ha estado coludida con la organización terrorista Hamás desde hace años. Muchos de sus maestros, médicos y empleados forman parte activa de ella, ya sea de forma directa en calidad de militantes, o fungiendo como elementos de apoyo a la ideología y al proyecto de Hamás, cuyo objetivo declarado es la destrucción del Estado de Israel y poner fin a la presencia judía en la zona para así establecer en todo el territorio que se extiende “desde el río hasta el mar” una especie de califato islámico similar al que en su momento intentó fundar ISIS al ocupar grandes porciones de Irak y Siria.
Las pruebas salieron a la luz unos días después del 7 de octubre. En videos tomados y difundidos por los mismos terroristas para transmitir al mundo las atrocidades de esa jornada, se pudo reconocer a más de una decena de trabajadores de UNRWA. Además, en las escuelas y hospitales bajo su responsabilidad en Gaza, fueron localizados arsenales, laboratorios para la fabricación de explosivos, plataformas de lanzamiento de misiles y redes de túneles subterráneos que albergaban cuarteles de los militantes de Hamás. Por otra parte, el material escolar usado por los maestros miembros de UNRWA se ha caracterizado por contener dosis importantes de odio antijudío y la intención de indoctrinar a la infancia y a la juventud con las ideas del “martirio heroico” en nombre del islam, que se concretaría plenamente matando judíos.
Lo que agrava más este problema es, sin duda, el rechazo en el seno de la ONU a aceptar todas estas pruebas. Philippe Lazzarini, director general de UNRWA, niega que las acusaciones sean ciertas, el secretario general de la ONU, António Guterres, mantiene una postura ambigua, reacia a admitir lo evidenciado. Esta semana se presentó en el Parlamento Europeo, en Bruselas, el director ejecutivo de la organización UN Watch, Hillel Neuer, para presentar sus hallazgos y conclusiones derivadas de las pruebas acerca de la complicidad y colusión de la UNRWA con Hamás. Llevaba, por ejemplo, el chat encontrado en la plataforma Telegram, donde 3 mil maestros de la UNRWA celebraban, el mismo 7 de octubre, lo que Hamás estaba haciendo en su incursión.
Lo que ocurrió en Bruselas es incomprensible e indignante. La UNRWA se negó a enviar un representante a la sesión, mientras que diversos miembros del Parlamento Europeo, como el Grupo de la Izquierda los Verdes/EFA, y socialistas intentaron impedir que hablara Neuer. Al no conseguirlo, ordenaron retirar las cámaras para evitar que las palabras de Neuer se difundieran. Por lo visto cuando la realidad no es como los censores quisieran que fuera, ocultar esa realidad es la consigna. Una pena la complicidad de tantos en este intrincado y vergonzoso asunto.
