La celebración chiita de la Ashura

14 siglos después de la batalla de Karbala, la confrontación entre la corriente chiita y la sunnita sigue generando violencia.

El miércoles pasado dio inicio en el entorno musulmán chiita, que comprende a 10% de los 1,800 millones de musulmanes que hay en el mundo, la conmemoración de la Ashura. En ella se recuerda que en el siglo VII D.C., justamente en el día diez del mes de Muharram del calendario lunar islámico, fue asesinado el imán Hussein, hijo de Alí y nieto de Mahoma, durante la batalla de Karbala en territorio actualmente iraquí. El término Ashura con el que se designa este ritual anual proviene de la palabra árabe “ashra”, que significa diez. Se trata en realidad de un día de duelo y lamentaciones por la muerte de Hussein, a quien se venera como figura fundadora de la versión del islam a la que se adhieren los chiitas y quien fue vencido junto con sus hombres en dicha batalla.

Se trató en su tiempo de una confrontación guerrera de carácter tribal dentro de la disputa por la sucesión tras la muerte del Profeta en el año 632, disputa en la que el bando a favor de Hussein fue derrotado por quienes quedarían de ahí en adelante como los dirigentes máximos de las campañas de expansión de la fe islámica en el mundo entonces conocido. Las triunfantes dinastías de los califas encarnarían y difundirían a partir de entonces la versión sunnita del islam, que se convirtió finalmente en la dominante. Esas dinastías expandirían su poder tanto hacia el oriente, como a lo largo del norte de África, llegando hasta la península ibérica como fuerza imperial. Mientras tanto, la otra versión del islam, la del chiismo ,conectada con la memoria de Hussein y su derrota, quedaría confinada a espacios relativamente reducidos en comparación con los extensos califatos sunnitas. 

En la Ashura, como ritual que se repite año con año en la misma fecha, reside la intención, como ocurre con muchos otros rituales religiosos, de actualizar e incluso representar aquellos hechos históricos o míticos que se pretende queden en la memoria colectiva. Así como en partes del mundo cristiano se escenifica anualmente la pasión de Jesús en la Semana Santa, o en el entorno judío se celebra cada primavera la liberación del pueblo de la esclavitud en Egipto comiendo lo que se supone comían los antepasados durante su éxodo, de igual forma en la Ashura las multitudes chiitas salen a las calles a simular la batalla recordada, a llorar y manifestar su pesar, e incluso, en varios lugares, a marchar los hombres con el torso desnudo, recitando plegarias y flagelándose las espaldas hasta sangrar, golpeándose el pecho o haciéndose incisiones con cuchillos en el rostro y los brazos.

Es así como hace un par de días que dio inicio la Ashura, se registraron ese tipo de eventos en diversos centros de población chiita. En especial en Irán, que es el país con mayor población chiita del mundo, las procesiones fueron multitudinarias, además de que según el canal estatal de la televisión iraní, seis millones de peregrinos iraníes viajaron a Karbala, Iraq, lugar donde se desarrolló la batalla en la que murió Hussein en aquel lejano siglo VII. 

En Yemen, donde los hutíes constituyen su población chiita –en guerra civil contra sus conciudadanos sunnitas desde hace una década– multitudes conmemoraron la fecha coreando consignas propalestinas, pero lamentando simultáneamente un reciente atentado terrorista contra una mezquita chiita perpetrado por el ISIS o Estado Islámico que es recalcitrantemente sunnita. 14 siglos después de la batalla de Karbala, la confrontación entre ambas corrientes sigue generando violencia.

Líbano es otro país donde reside una amplia mayoría chiita y el Hezbolá es su representante más destacado. Por ello su máximo líder, el jeque Hassán Nasrallah, presidió en Beirut las procesiones y arengó a las multitudes no sólo con referencias al pasado remoto, sino con abiertas amenazas a Israel contra el cual libra una guerra desde el 7 de octubre pasado, cuando bajo la tutela del régimen chiita iraní de los ayatolas y en consonancia con el ataque terrorista del Hamás, abrió un frente de guerra adicional que se mantiene vigente, por más que Líbano como nación, no tenga ningún reclamo territorial ni de otra índole hacia el Estado hebreo.

A la luz de lo que ocurre durante las conmemoraciones de la Ashura, puede afirmarse que este tipo de rituales no son tan sólo eventos recordatorios que pretenden mantener vivos en la memoria colectiva los hechos fundacionales que definen la identidad del grupo, sino que también pueden presentar una intencionalidad proyectada hacia el futuro, al prestarse a ser utilizados simultáneamente como instrumento para legitimar agendas políticas, ideológicas y militares contemporáneas.

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