Irán:¿escalada bélica en puerta?
Israel creyó que podía alterar el balance de poder regional lanzando unos cuantos misiles, sin entender al pueblo iraní”. Incluso, se ha anunciado que el ataque inevitablemente sobrevendrá en el periodo que media entre la elección en EU y la toma de posesión del próximo gobierno norteamericano en enero.
La República Islámica de Irán ha estado oficialmente en guerra contra Israel desde el primer día de 1979, cuando se instaló el régimen de los ayatolas. Desde hace 45 años el objetivo de destruir al “Estado sionista” ha sido una de sus prioridades más anunciadas, no obstante no existir entre ambas naciones ninguna disputa concreta, más que la conectada con la convicción de parte del poderoso clero chiita iraní de que es inaceptable la presencia de un Estado no musulmán en esas tierras tan centrales en la historia de la civilización fundada por el profeta Mahoma.
Sin embargo, hasta apenas hace unos meses nunca se habían registrado ataques militares directos entre Irán e Israel. Los intentos del país persa de golpear al Estado judío fueron llevados a cabo siempre utilizando a las fuerzas proxys dependientes de Teherán, más cercanas geográficamente a su objetivo, a saber, Hezbolá, Hamás y organizaciones chiitas con sede en Siria e Irak. Por su parte, Israel contraatacó a lo largo de los años mediante ciberataques, asesinatos selectivos de científicos iraníes dedicados al desarrollo del arsenal nuclear iraní, y el uso de recursos políticos y diplomáticos conducentes a sancionar y aislar al régimen de Teherán. Es posible afirmar que a lo largo de tantos años de hostilidad mutua, nunca fue disparado un misil directamente desde Irán hacia Israel, como, igualmente, jamás hubo algún bombardeo aéreo sobre territorio iraní ordenado por Israel.
Esa situación cambió este año, cuando en el contexto de la guerra iniciada el 7 de octubre de 2023 con los brutales ataques de Hamás contra población israelí, se desató una escalada bélica mucho más amplia que incorporó a Hezbolá, Líbano, los hutíes de Yemen, las milicias chiitas de Siria e Irak y el propio Irán, a la arena de la guerra. Este último disparó una lluvia de misiles y drones desde su territorio hacia Israel el 14 de abril y el 1 de octubre pasados, mientras que Israel reaccionó a ambos ataques mediante operativos aéreos. Los cientos de proyectiles lanzados desde Irán en ambas fechas fueron mayormente interceptados y neutralizados por las defensas aéreas de Israel y las desplegadas en su apoyo por sus aliados, mientras que, en cambio, en la represalia israelí del 26 de octubre pasado el bombardeo sobre instalaciones militares en suelo iraní, llevado a cabo por cerca de 100 aviones de guerra, sí constituyó un duro golpe que desarticuló parte importante de los arsenales y mecanismos de defensa aérea del país persa.
Es así que, entre las muchas incógnitas que encierra el curso de esta guerra, está la de si Irán va a responder de nueva cuenta, alimentando con ello la espiral de violencia ya desatada. Las declaraciones al respecto de voceros del régimen iraní han sido contradictorias, porque si bien en ocasiones han menospreciado los daños infligidos por el último ataque israelí implicando con ello que una contundente respuesta es innecesaria, se escuchan también afirmaciones en sentido contrario. Por ejemplo, Mohammad Golpayegani, jefe de Estado del ayatola Khamenei, declaró hace una semana que la respuesta iraní será “feroz y demoledora”. De un tono parecido fue la declaración del máximo líder de los Guardianes de la Revolución, general Hossein Salami, quien señaló que el ataque en puerta “sobrepasará todas las expectativas… Israel creyó que podía alterar el balance de poder regional lanzando unos cuantos misiles, sin entender al pueblo iraní”. Incluso, se ha anunciado que el ataque inevitablemente sobrevendrá en el periodo que media entre la elección en EU y la toma de posesión del próximo gobierno norteamericano en enero.
Es evidente el dilema al que se enfrenta el liderazgo iraní. Por una parte, no responder sería interpretado interna y externamente como una inaceptable debilidad, pero un nuevo ataque contra Israel podría alimentar una escalada ante la cual el país persa se muestra, hoy por hoy, bastante vulnerable. Inmersos los dos rivales en este pin-pon bélico, las instalaciones petroleras y nucleares de Irán podrían ser los próximos blancos atacados, con las gravísimas consecuencias que derivarían de ello. La región sigue siendo, así, un polvorín que está aún muy lejos de contenerse. Son tantos los frentes de guerra involucrados y tantas las consecuencias derivadas de la interacción de la multiplicidad de actores que juegan en este escenario, que el futuro se presenta ahí cargado de la más profunda incertidumbre.
