Irán y Estados Unidos acercan posiciones
Estados Unidos demanda que Teherán permita el regreso a sus instalaciones de los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica y que deje de vender a Rusia los drones y misiles balísticos que en los meses recientes ha usado Putin en su ofensiva contra Ucrania.
Las noticias más destacadas acerca de la República Islámica de Irán han dejado de ser las referentes a las protestas populares masivas sobre la opresión a sus mujeres que durante medio año sacudieron al país. Aparentemente, la dura represión del régimen ha conseguido acallarlas. Ahora, Irán da de qué hablar por su nutrida agenda de política exterior, pletórica de activismo diplomático, que apunta a una expansión de su presencia internacional. Ni más ni menos que el propio presidente Ebrahim Raisi se encuentra en estos días en nuestro continente. Estuvo ya en Venezuela y Nicaragua, y se apresta a llegar a Cuba, en un recorrido que, según se declara, tiene por objeto consolidar relaciones de cooperación económica y de seguridad con los “países izquierdistas de Latinoamérica”, enemigos del Imperio norteamericano.
Además, gracias a la mediación de China –que pretende aumentar su presencia en Oriente Medio– se acaba de reabrir la embajada iraní en Riad luego de siete años de ruptura y enemistad entre Teherán y el Reino Saudita. Pero lo que más ha llamado la atención, por su trascendencia, es sin duda la negociación en marcha en territorio del Sultanato de Omán, entre estadunidenses e iraníes. Se trata de negociaciones indirectas cuyo objetivo declarado es llegar a un miniacuerdo. No a uno tan ambicioso como el JCPOA de 2015, en el que participaron Irán y el G5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania), sino a un compromiso más modesto, de menores alcances, pero útil para disminuir las tensiones regionales, poner límites al enriquecimiento de uranio iraní, y aliviar la situación económica que asfixia a la población de Irán mediante un retiro parcial de las severas sanciones que padece.
Se dice que el proceso registra buenos avances. El ministro de Relaciones Exteriores de Omán ha enfatizado la seriedad de las partes en diversos temas, entre ellos, la liberación de tres estadunidenses apresados en cárceles iraníes bajo la acusación de espionaje. La administración de Biden ha planteado, además, varias exigencias adicionales a cambio de descongelar billones de dólares de depósitos iraníes en bancos de Corea del Sur, lo mismo que 2.76 billones más, correspondientes a un adeudo que Irak tiene con Irán por concepto de compra de gas y electricidad, con la condición de que tales recursos queden etiquetados para atender necesidades humanitarias de la población iraní.
El tema del desarrollo nuclear ha sido también abordado, con la exigencia a Irán de permitir el regreso a sus instalaciones de los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica, además de que Estados Unidos demanda que Teherán deje de vender a Rusia los drones y misiles balísticos que en los meses recientes ha usado Putin en su ofensiva contra Ucrania. En este toma y daca puesto sobre la mesa, destaca también el compromiso para Irán de dejar de atacar contratistas norteamericanos en territorio sirio e iraquí, a cambio de que Washington no obstruya el tránsito de naves petroleras iraníes.
Estos acuerdos están lejos de abarcar todo lo que se había pactado en 2015 mediante el JCPOA, pero aun así, todo indica que para ambas partes constituye un paso conveniente, destinado a reducir tensiones y crear una atmósfera propicia para que en un futuro, cuando las condiciones sean más favorables, se pueda llegar más lejos. Desde luego, flotan en el ambiente suspicacias justificadas sobre la honestidad con que se asumirán los compromisos arriba apuntados, aunque parece que hay confianza de que algo se va a lograr.
Para la administración de Biden, avanzar en la contención de las ambiciones armamentistas de Irán, aun cuando no asegure un control total de ellas, significa un logro importante en política exterior luego de tantos meses de infructuosas negociaciones en Ginebra. Biden siempre sostuvo que el mundo se había vuelto menos seguro a partir del abandono del JCPOA ordenado por Trump durante su mandato, por lo que los avances que pueden conseguirse actualmente en Omán bien podrían ser un buen principio para evitar que la amenaza de un Irán nuclearizado vuelva a cobrar impulso. Más aún cuando poco a poco Irán amplía sus relaciones con más actores internacionales como ocurre abiertamente ahora, cuando sus enviados viajan de Jeddah a La Habana, pasando por Caracas y Managua.
