Instantánea de Irán
No puede omitirse el talante teocrático y represivo del régimen iraní, enfocado en tiranizar a su propia población. Acaba de anunciarse que una corte en Isfahan sentenció a muerte al músico Toomaj Salehi, acusado del crimen de “corrupción en la Tierra”.
La República Islámica de Irán ha estado apareciendo recurrentemente en los titulares de los medios de comunicación internacionales, y no precisamente por buenas razones, sino más bien por su capacidad de generar inestabilidad tanto regional como mundial. Hace dos semanas destacó la noticia de su magno operativo bélico consistente en el lanzamiento de una andanada de más de 300 drones y misiles crucero y balísticos a Israel, como represalia por el asesinato en Damasco de un importante general miembro de la Guardia Revolucionaria de Irán. Era la primera vez que Teherán atacaba a Israel directamente desde su territorio (siempre lo ha hecho a través de sus proxys como el Hezbolá y los hutíes) por lo que el riesgo de una ampliación regional de la guerra que se libra entre el Hamás e Israel causó gran alarma internacional.
Cabe mencionar que durante el lapso que duró el ataque contra Israel, fue anunciada por parte del régimen una nueva campaña para reforzar la “ley del hijab” y meter así en cintura a las mujeres rebeldes o negligentes que descuidan la cobertura de su cabellera en los espacios públicos. La simultaneidad de ambas situaciones puede interpretarse como una advertencia de las autoridades iraníes a la sociedad en general de no incurrir en actos que implicaran disidencia alguna, justo en momentos en que se desarrollaba una ofensiva militar contra “el enemigo sionista”.
Pocos días después y desde otro extremo del planeta, el Ministerio Argentino de Asuntos Exteriores solicitó a la Interpol el arresto del ministro del interior iraní Ahmad Vahidi por su participación en el atentado terrorista que en julio de 1994 se cometió en Buenos Aires contra el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), atentado que cobró 85 víctimas mortales. Casi 30 años han pasado y apenas ahora se responsabiliza oficialmente al gobierno iraní, coludido con fuerzas del Hezbolá libanés y con ciertos estratos del establishment político argentino de entonces, de la comisión de ese crimen.
Otro hecho notable referente a Irán esta semana fue el arribo a su capital de una delegación norcoreana de alto nivel que no fue reportada por los medios oficiales iraníes. El Departamento de Estado norteamericano manifestó su preocupación de que se trate de una posible cooperación en tecnología nuclear y misilística entre esos dos Estados considerados “parias” por Occidente. La visita tuvo lugar mientras el asesor de seguridad nacional iraní, Ali Akbar Ahmadian, se hallaba en San Petersburgo para encontrarse con sus contrapartes ruso y chino.
Por otra parte, el Kremlin ha mantenido lazos estrechos con Pyongyang por décadas, sirviendo como mediador clave entre Irán y Corea del Norte en los últimos años. Ambos han sido importantes proveedores de armas a Moscú para su guerra en Ucrania. Teherán le ha suministrado cerca de seis mil drones suicidas Shahed –de los más sofisticados en el arsenal que Moscú ha usado contra Kiev– mientras Pyongyang le ha enviado millones de piezas de artillería. La agencia de espionaje de Corea del Sur reportó en enero que Hamás ha estado usando armas norcoreanas en su guerra contra Israel, en especial un tipo de granadas particularmente letales.
Por último, no puede omitirse en la instantánea ofrecida por el régimen iraní durante estas últimas semanas, su talante teocrático y represivo enfocado en tiranizar a su propia población. Acaba de anunciarse que una corte en Isfahan sentenció a muerte a Toomaj Salehi, acusado del crimen de “corrupción en la Tierra”. Este individuo es un rapero muy popular, quien fue activo en las protestas sociales de 2022 por el asesinato de Mahsa Amini a manos de la policía de la virtud. Su grave ofensa ha sido su canción titulada Campo de batalla, que llama “a sacar a los oportunistas del poder”.
En síntesis, el retrato actual del régimen de los ayatolas está compuesto en esencia de dosis mayúsculas de cruel fanatismo religioso, autoritarismo patriarcal profundamente misógino y ambiciones de hegemonía regional sin límites, cuestión preocupante no sólo para Israel, Estados Unidos y Occidente en general, sino también para varios de los países árabes del Golfo Pérsico, dispuestos, paradójicamente, a reconocer y asociarse con Israel si ello contribuye a neutralizar el ímpetu expansivo del chiismo iraní.
