Independencia de Líbano: día triste para su pueblo
Todos los sectores de la población libanesa que no forman parte de Hezbolá ni comparten sus intereses, están mostrando su indignación por el desastre que la aventura de la organización chiita ha impuesto al país.
El día de ayer, 22 de noviembre, se cumplieron 81 años de la independencia de Líbano. Por tanto, se trataría de una fecha digna de celebrarse si no fuera por el hecho de que ese país ha dejado de ser realmente independiente y soberano al haber caído en las garras de una organización terrorista islámica radical como lo es Hezbolá, la cual desde hace tres décadas ha impuesto su hegemonía de acuerdo con los designios de la República Islámica de Irán y no en función del beneficio de la población libanesa. Irán ha promovido, abastecido y alimentado ideológicamente a esa fuerza paramilitar que funciona como brazo armado de los intereses iraníes de exportar su revolución y, sobre todo, de destruir al Estado de Israel, sin importar que realmente no exista ningún diferendo territorial ni de ninguna otra especie entre Líbano y el Estado judío.
Como es sabido, desde el 8 de octubre de 2023 –cuando Hezbolá se unió a Hamás en el ataque a Israel–, Líbano, ya de por sí en calidad de Estado fallido, se sumergió en un conflicto que no necesitaba. El lanzamiento de misiles, cohetes y drones de la milicia chiita contra su vecino del sur desató las represalias israelíes, que con el paso de los meses escalaron hasta convertirse en una contienda en la que fuerzas terrestres israelíes entraron a territorio libanés, mientras que los lanzamientos de proyectiles desde las plataformas de Hezbolá se multiplicaron de manera dramática alcanzando blancos a lo largo y ancho de Israel.
El resultado de todo ello ha consistido en una devastación generalizada por la que cientos de miles de civiles a ambos lados de la frontera han tenido que desplazarse para salvar sus vidas, además de la liquidación de la élite política y militar de Hezbolá por medio de operativos israelíes que consiguieron destruir arsenales, dislocar las vías de comunicación y los circuitos financieros que conectaban a Teherán con el liderazgo de Hezbolá.
¿Qué precio en vidas ha pagado el pueblo libanés por esta aventura de Hezbolá bajo órdenes de Teherán? Según el Ministerio de Salud Libanés, el saldo hasta ahora es de 3 mil 500 muertos y 15 mil heridos. En cuanto a los recursos económicos, en una entrevista con Bloomberg del 25 de octubre pasado, el ministro de economía libanés calculaba el costo de los daños en 20 billones de dólares, mientras que el primer ministro Najib Mikati, en la Conferencia Islámica en Riad, señaló que el costo de la guerra había alcanzado los 8.5 billones de dólares. Recuperar las 40 mil viviendas destruidas y las 193 mil severamente dañadas será un enorme desafío, sobre todo considerando que el PIB será de menos 6.6% en 2024, de acuerdo con los cálculos del Banco Mundial.
En este trágico contexto, todos los sectores de la población libanesa que no forman parte de Hezbolá ni comparten sus intereses, están mostrando su indignación por el desastre que la aventura de la organización chiita ha impuesto al país. Entre la población cristiana, uno de sus líderes, Samir Geagea, quien encabeza el Partido de las Fuerzas Libanesas, ha descrito a Hezbolá como una organización terrorista similar al ISIS o Estado Islámico, con posibilidad de desencadenar en el país una nueva guerra civil. En entrevista con Político del 30 de octubre, declaró que es el momento oportuno para escapar de las garras de Irán ahora que la población chiita está cobrando conciencia de que Hezbolá conduce al país a una catástrofe gigantesca.
Por su parte, en una entrevista del 11 de noviembre, el patriarca maronita Bechara al-Rahi culpó a Hezbolá por la grave crisis y exigió su desarme y la transferencia de sus armas al Ejército Nacional Libanés. Similar reacción ha mostrado Walid Jumblatt, líder de la comunidad drusa, quien hasta hace poco había rehusado pronunciarse. Ahora no ha tenido empacho en condenar a Hezbolá por haberse unido a Hamás en esta terrible guerra. Una novedad ha sido también la aparición de influencers chiitas en las redes sociales, quienes han arremetido contra la organización acusándola de sacrificar a sus correligionarios al haber propiciado su desplazamiento debido a la destrucción de sus viviendas ubicadas en las cercanías de la frontera con Israel. El mosaico étnico y religioso que caracterizó a Líbano desde su emergencia como Estado independiente ha sido fuente de muchos de sus problemas a lo largo del tiempo. Es indudable, sin embargo, que de todas las desgracias que le ha tocado vivir, lo que la dupla Irán-Hezbolá ha hecho con Líbano rebasa por mucho todo lo anteriormente padecido.
