Hamás: el rol de Qatar

Qatar se halla en posibilidad de jugar un papel central en la mediación entre las partes.

El último campeonato mundial de futbol trajo al vocabulario de millones de personas el nombre de Qatar, país árabe sede de dicha justa deportiva, que hasta antes de conseguir su nominación por la FIFA, era bastante desconocido, cuando menos en Occidente. Se sabía, quizá, que su gobierno encabezado por la dinastía Al-Thani, había creado en 1996 una poderosa cadena noticiosa denominada Al Jazeera, cuyo alcance en el mundo árabe y también internacionalmente podía compararse con lo que, por ejemplo, es CNN en el entorno de la comunicación global. Poseedor de una inmensa riqueza petrolera y de gas natural, se ha dado el lujo de entablar relaciones con una diversidad de actores políticos, desde Estados Unidos y naciones de la Unión Europea, hasta el régimen talibán y militantes de Al Qaeda, pudiendo así jugar múltiples cartas simultáneamente.

Pues bien, desde el 7 de octubre pasado, cuando la organización terrorista Hamás que gobierna en Gaza realizó su salvaje ataque contra la población israelí, Qatar se ha vuelto de nuevo tópico de mención constante en el mundo. Los motivos son muchos. Uno muy importante es que ahí residen varios de los líderes del ala política de Hamás, quienes dirigen a larga distancia a su brazo armado que opera en la Franja de Gaza. Entre ellos destacan personajes como Ismail Haniye, Khaled Meshal y Mousa Abu Marzouk, quienes viven rodeados de lujos y derroche, que desde luego constituyen un fuerte contraste con las condiciones que privan en la Franja de Gaza para sus 2.3 millones de depauperados habitantes.

Las declaraciones de algunos de esos líderes que operan desde el exterior han llamado la atención en estos días porque con total desfachatez expresan la naturaleza de sus objetivos, lo mismo que sus prioridades. Por ejemplo, el mismo Abu Marzouk arriba mencionado, acaba de ser entrevistado por la cadena rusa RT, señalando que la red de túneles construida en Gaza era para la salvaguarda de sus militantes ante los posibles ataques israelíes, agregando que la protección de sus civiles es, en todo caso, responsabilidad de Israel y de la ONU. O sea, la sobrevivencia de sus ciudadanos es, por lo visto, un asunto que no les concierne.

Igualmente, el canal noticioso Middle East Media Research Institute (MEMRI), transmitió hace un par de días una entrevista a otro oficial de Hamás fuera de Gaza, de nombre Razi Hamed, quien argumentó que Israel debe ser extirpado de la tierra musulmana. Textualmente dijo: “Debemos terminar con Israel. Debemos darle una lección, el ataque del 7 de octubre es el primero, habrá un segundo, un tercero y un cuarto”. De hecho, inmediatamente después de la carnicería en el sur de Israel, la primera declaración oficial de guerra por parte del líder del brazo armado de Hamás, Mohamed Deif, fue realizada en una transmisión de Al Jazeera, lo cual revela la cercanísima relación entre Qatar y la organización terrorista palestina.

Pero, además, Qatar ha sido el financiador de Hamás por años, transfiriéndole carretadas de dinero que incluso los gobiernos israelíes encabezados por Netanyahu dejaban pasar bajo la creencia de que esos recursos apaciguaban al Hamás para mantenerlo quieto. A tales recursos se agregaban varias fuentes de ingreso más: transferencias desde Irán, donaciones recabadas vía internet bajo la etiqueta de “aportaciones para fines caritativos”, cobro de impuestos por todo lo que entraba o salía de la Franja, y el manejo de varias cuentas de criptomonedas.

Se calcula que un billón y medio de dólares llegaron a manos de Hamás en la última década. Gracias a esos jugosos ingresos, Hamás pudo construir un inmenso arsenal de cohetes y la red de túneles que funciona como una abultada telaraña subterránea donde se ubican arsenales, cuarteles, centros operativos, refugios y todo lo necesario para armar sus ofensivas. A la población civil de Gaza, que en estos momentos sufre de manera inenarrable las consecuencias de la guerra, no les llegaban más que las migajas de todo ese caudal de dinero destinado a la empresa de acabar con Israel y los infieles judíos.

En este contexto, Qatar, gracias a sus múltiples tentáculos que se conectan con tantos actores, se halla en posibilidad de jugar un papel central en el tema de la mediación entre las partes a fin de conseguir la liberación de los rehenes que Hamás capturó el 7 de octubre durante su salvaje ataque al sur de Israel. Son 240 hombres, mujeres, niños y ancianos de los que hasta el momento sólo cinco han sido rescatados, cuatro de ellos aparentemente con la intermediación de Qatar.

Este pequeño, pero riquísimo país se mueve sin duda entre los extremos: pudo ser sede del magno festejo del futbol mundial en 2022, a pesar de los miles de trabajadores que murieron en la construcción de los estadios y demás instalaciones, y ahora es un actor necesario para mediar en muchos de los graves asuntos de la guerra en curso, a pesar de haber alimentado por tanto tiempo al huevo de la serpiente.

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