Hamás, aislado
Sólo con el apoyo de Irán —sumido en una severa crisis general desde hace meses— y de los hutíes. Con ese muy limitado respaldo y desgastado como está por dos años de inclemente guerra, se enfrenta ahora a una especie de ultimátum al haber aparecido el plan de 21 puntos que presentó Estados Unidos la semana pasada.
Los acontecimientos de los últimos días con relación a la guerra entre Israel y Hamás dejaron claro que esta organización terrorista, que dice defender a la causa palestina, está más acorralada que nunca, porque ahora las posturas de prácticamente todo el mundo árabe y gran parte del musulmán se han rebelado ya con claridad en su contra. Tras el encuentro sostenido, la semana pasada en Nueva York entre el presidente Trump y los más altos representantes de Egipto, Jordania, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Turquía, Pakistán e Indonesia, el comunicado de lo acordado estableció que esos ocho países, en el contexto de búsqueda de una solución que conduzca al fin de la guerra, coincidían en entregar a los rehenes israelíes y en que Hamás debía desarmarse y quedar sin posibilidad de formar parte de un eventual gobierno que rija en la Franja una vez concluida la guerra.
Aun cuando Qatar y Turquía han sido apoyo y refugio de los liderazgos de Hamás en razón de las simpatías de sus respectivos gobiernos hacia la ideología islamista de la Hermandad Musulmana que sustenta Hamás, en la actual coyuntura ambos países parecen haber priorizado una serie de consideraciones geoestratégicas y económicas particulares, con el resultado de que por ahora se han sumado a la exigencia de que Hamás deponga las armas y renuncie a seguir siendo el poder dominante en la Franja. En realidad, este consenso no es nuevo, ya que desde finales de agosto pasado, en el marco de la reunión de la Liga Árabe, se firmó un documento en el que se condenó la masacre perpetrada por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, simultáneamente a la condena a Israel por su responsabilidad en la catástrofe humanitaria y las numerosas víctimas civiles en Gaza.
La condena a Hamás arriba citada se justificó no sólo por la atrocidad del ataque, sino también, porque dado que la Liga Árabe reconoce ya la legitimidad del proyecto de “dos Estados para dos pueblos” y Hamás sigue enarbolando la consigna de borrar a Israel del mapa para establecer a Palestina “desde el río hasta el mar”, esta organización islamista radical ha pasado a ser considerada un actor disfuncional que no se ajusta ya a la actual visión mayoritaria dominante hoy por hoy en la región de Oriente Medio. Egipto, Jordania, Emiratos Árabes, Bahrein y Marruecos han normalizado relaciones con Israel y abandonado, por ende, la consigna de que debe desaparecer, mientras que es sabido del interés de Arabia Saudita y otros importantes países musulmanes como Indonesia, de hacer lo mismo sumándose a los Acuerdos de Abraham eventualmente, con la condición de que Israel esté dispuesto a encarar con seriedad la necesidad de independencia del pueblo palestino.
Hamás cuenta sólo con el apoyo de Irán —sumido en una severa crisis general desde hace meses— y de los hutíes. Con ese muy limitado respaldo y desgastado como está por dos años de inclemente guerra, se enfrenta ahora a una especie de ultimátum al haber aparecido el plan de 21 puntos que presentó Trump la semana pasada. Se trata del primer plan comprehensivo que vislumbra un escenario para el día después del fin de la guerra. Un plan apoyado por buena parte del mundo árabe y musulmán, por las principales potencias europeas y aceptado por Netanyahu. No hay espacio aquí para detallar dicho plan en su totalidad, pero puede afirmarse que, a pesar de sus indefiniciones y vaguedades en ciertos aspectos, constituye el primer proyecto integral respaldado por un consenso sólido que promete el fin de la guerra, reforzar la seguridad de Israel y la posibilidad de emprender un mejor futuro para los dos millones de habitantes de Gaza, desde hace 18 años manipulados, maltratados y hambreados precisamente por Hamás, organización-gobierno de la Franja cuyos interés nunca ha sido el bienestar de su pueblo sino el avance de su agenda islamista radical de desaparecer de la zona a todos los infieles, en especial al Estado de Israel, emblema de una presencia intolerable según sus fanáticas concepciones religiosas.
¿Qué responderá Hamás? Pronto lo sabremos. Su liderazgo debe saber que aceptar es un suicidio político-militar difícil de tragar para la mentalidad de sus líderes, aunque ello augure un mejor futuro para su pueblo. En otras palabras, su respuesta será significativa de sus prioridades y dilemas: salvarse ellos como organización o rendirse y salvar con ello a su pueblo del infierno en que ha vivido permitiéndoles salir de él.
